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River ganó de carambola y un Racing vacío se fue silbado por su gente

El delantero venezolano mojó por segundo partido consecutivo para darle la victoria al Millonario.

River otra vez está arriba de todo, ahora en la punta de la Zona A de la Copa de la Liga. Derrotó 1-0 a un rival durísimo como Talleres con un gol de carambola de Salomón Rondón, alargó su racha de triunfos al hilo en el Monumental a 19 partidos y le ganó al equipo cordobés en su casa después de 21 años, en los que apenas jugaron cuatro partidos.

La alegría por el triunfo en el Superclásico le duró casi toda la semana a la gente de River, a excepción del jueves a la noche, cuando Boca consiguió la clasificación a la final de la Libertadores. La exigencia por ganar arrancó desde el primer minuto ante Talleres. Flota en el ambiente del Monumental una necesidad de ratificar a cada instante que es el mejor equipo del fútbol argentino. Como campeón vigente, tiene la obligación de conquistar ahora la Copa de la Liga, el único torneo que le queda del año tras la eliminación de la Libertadores y la Copa Argentina.

Esta sensación, además, en el contexto de enfrentar a un rival que se transformó en el karma en los últimos enfrentamientos: cuatro derrotas seguidas y sin triunfos de local desde febrero de 2002. Por lo tanto, con el riesgo latente de perder la racha de 18 victorias consecutivas como local, ahora 19, récord en el profesionalismo en Primera División y una de las más largas de la historia. Un doble desafío para el paladar negro del hincha millonario.

El partido no defraudó. En general, un River-Talleres no defrauda. En especial el primer tiempo, de ida y vuelta, a buen ritmo, con reparto de dominio y llegadas en ambos arcos. Se fue vencedor el local porque la suerte estuvo a su favor. Se equivocó Guido Herrera en el rechazo y la pelota le dio en la cadera a Rondón y, mansita, traspasó la línea de gol. De rebote, como en la Bombonera el domingo anterior. También estuvo cerca del 2-0 pero el venezolano, que se escapó solo hacia el arco de Herrera, perdió en el mano a mano. Además, un remate de Ramón Sosa, siempre peligroso, dio en el poste derecho de Armani. A los dos les faltó puntería para terminar con más goles.

River tiene actuaciones que no defraudan, como las de Manuel Lanzini, Ignacio Fernández, Nicolás de la Cruz, Franco Armani, la figura de su equipo y del partido, porque los otros bajaron el rendimiento en la parte final como todo el equipo. Hay otras performances que generan fastidio más allá de la idolatría, como cuando Enzo Pérez perdió una pelota en la salida que generó un contraataque peligrosa (igual al capitán lo ovacionó el estadio cuando fue reemplazado) o los altibajos de Paulo Díaz.

Talleres exigió siempre al campeón en la presión, en la marca posicional, en la intensidad y en la velocidad de sus hombres, en especial de Garro. Pero otra vez River dio una muestra de sus fortalezas, superando esos obstáculos con circulación de pelota y mucha movilidad. Y de debilidades, como casi todo el segundo tiempo, replegado, perdiendo hasta las divididas, jugando y fallando de contraataque. El 2-0 nunca llegaba y la posibilidad de un empate siempre estuvo latente.

Otro punto que resultó extraño es que Demichelis decidió no llevar al banco a Kranevitter ni a Zuculini, las alternativas para una variante por Enzo Pérez. El capitán salió y en su lugar entró Funes Mori. Aunque ya estaba Aliendro, los cambios del técnico fueron controvertidos.

Si algo le faltaba al encuentro para redondear un duelo difícil de olvidar fue el alto voltaje de los últimos cinco minutos, desde la infracción de Aliendro que generó discusiones y acusaciones entre los jugadores, y después el choque de Armani con Barticciotto, que alteró otra vez los ánimos. Con la tensión hasta el último minuto, esta victoria de River vale mucho más que los tres puntos.

Oscar Barnade/Clarín-Deportes

UN RACING SIN FÚTBOL NI ACTITUD CAYÓ CON PLATENSE

Silbidos para los jugadores, insultos para los dirigentes, la cabeza de Rubén Capria que se pide desde los cuatro costados y el grito de guerra que se hace escuchar por Diego Milito. Ya no está Fernando Gago, pero lejos de descomprimir la situación, el equipo decepcionó. Una vez más. Se esperaba una reacción después de la derrota en el clásico y la renuncia del entrenador. La derrota ante Platense, que pegó dos golpes de nocaut, dejó a Racing en la lona. Más allá del manotazo del final, el gol de Baltasar Rodríguez, volvió a fallar.

No tuvo fútbol ni carácter y se encontró con un rival inteligente, que defendió la ventaja y dejó expuestas sus falencias. Hoy está afuera de los torneos internacionales de 2024 y ve seriamente amenazadas sus posibilidades de clasificarse a los cuartos de final de la Copa de la Liga.

Sebastián Grazzini no quiso tocar demasiado. Sabe que está haciendo una pasantía. Ni siquiera los cambios que realizó en el segundo tiempo fueron disruptivos, apenas nominales. Pareció Gago, pero vestido con jogging. Y si el problema es recurrente, la responsabilidad es de los jugadores, que fueron el blanco de los reproches. Un nuevo técnico puede provocar un cimbronazo interno. Da la sensación de que el presidente no tiene mucho tiempo para contratar un estratega de jerarquía. Mucho menos el manager cuestionado.

Sí, nada se modificó en Racing, que apenas tuvo ráfagas propias de los espasmos individuales y un funcionamiento colectivo deficitario, sobre todo en el retroceso y la pelota parada. Generó situaciones aisladas, fundamentalmente en la inspiración de Roger Martínez, que utiliza bien su corpulencia y se genera espacios. Y hubo buenas respuestas de Ramiro Macagno en el primer tiempo. Sin embargo, ese 4-3-3 que pergeñó el entrenador interino no funcionó porque no tuvo explosión en los laterales y el traslado se hizo muy lento.

Platense llegó hasta Avellaneda con la misión de mantener el orden a través del 4-1-4-1 en el que se destacó Franco Díaz, un volante con mucha dinámica, y Juan Infante, que empezó a escalar y lastimar por la izquierda. Desde su sector llegaron centros peligrosos para Gabriel Arias. Y en uno de esos envíos aéreos cabeceó Ignacio Vázquez y la pelota rebotó en el brazo extendido de Aníbal Moreno. Fue un penal polémico.

Nicolás Castro tuvo menos dudas que los referís. Con un zurdazo, marcó el gol de Platense y desarticuló a todo Racing, que sintió como un mazazo quedar en desventaja. A partir de ese instante, todo fue confusión. Apareció poquito Juan Fernando Quintero, más allá de alguna pelota parada o ese pase de tres dedos que no alcanzó a empujar Moreno en el segundo palo porque apareció Raúl Lozano para cruzar con la punta de su pie derecho.

En el desenlace de esa etapa inicial, Gastón Suso casi hace el gol de su vida cuando paró la pelota con el pecho y enganchó para sacudir abajo. Lo que siguió fue un telón lento, cargado de silbidos, bronca de los hinchas y preocupación de los jugadores.

Grazzini reemplazó a Martirena y Ojeda con Tobías Rubio y Gabriel Hauche. Y pareció tomar el control del partido. Y en tres minutos pasó de acariciar el empate a perderlo 2 a 0. Gómez se disfrazó de Lionel Messi en un slalom hacia adentro que no terminó en golazo porque su remate se perdió apenas desviado. En la jugada siguiente, Moreno sacudió de media distancia y tapó Macagno abajo. De ese córner, un mal pase de Rubio derivó en el segundo de Platense. Recuperó Nicolás Castro, cambió de frente, Ciro Rius metió un centro bárbaro y Ronaldo Martínez, detrás de Juan Nardoni, cabeceó al gol.

Aturdido, Racing intentó hacer pie con algunas pinceladas de Juanfer, más activo. Hauche definió mal tras una asistencia del colombiano y el propio Quintero remató un tiro libre que besó un ángulo. Pareció penal de Raúl Lozano, que cerró sus brazos ante un desborde de Gómez. El descuento de Baltasar, con suspenso por una mala apreciación del asistente Ernesto Callegari, fue una luz de esperanza. Que se apagó enseguida. Porque la Academia hace tiempo que dejó de brillar. Y de ganar, claro.

Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes

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Unión 1 – Sarmiento 0

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