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River-Boca pudo ser para cualquiera, pero terminó en un justo empate

Colidio intenta superar la marca de Lema. Vibrante igualdad en el Monumental.

El Superclásico en el Monumental fue empate. Pero siempre hay vencedores y vencidos aunque los puntos se hayan repartido.

El local empezó arriba y pudo dar el golpe de nocaut, pero se pinchó. La visita tuvo todo para llevarse los tres puntos, pero pagó demasiado caro los errores. Y mucho tendrá que explicar el entrenador, Diego Martínez, que decidió sacar a Medina, el mejor jugador de la cancha, el que le había dado fútbol y el gol del empate, cuando estaba listo para dar vuelta el partido. Al final, el empate fue justo.

El partido se jugó al ritmo del viento. Fue cambiante, rápido e impredecible. Sopló a favor de River durante el primer cuarto de hora. La apuesta del entrenador de jugar con Rodrigo Villagra como único volante central y después sumar jugadores de ataque (Barco, Echeverri, Solari y Nacho Fernández) para abastecer a Facundo Colidio encendió el partido. Pero les faltó un poquito en los metros finales para quebrar a su rival y sacar la ventaja. La temprana amarilla a Figal condicionó a una defensa que necesitaba recurrir a las faltas para frenar a un River decidido a dejar su huella en el partido.

A los 22 minutos, Colidio hizo estremecer al Monumental con un sombrero sobre Advíncula y una definición de cachetada que dejó inmóvil a Romero. Hubiese sido un golazo, pero le faltó tiza y la pelota dio en el palo.

Pero enseguida el viento mermó y también la potencia de River. Empezó a soplar -manso, es ciertopara el otro lado. Mucho tuvieron que ver Equi Fernández y Medina para poner la pelota debajo de la suela y darle confianza al equipo. Boca intentaba hilvanar pases para llegar hasta Armani (el día que lo consiga será un golazo), pero le costó.

Casi siempre lento y previsible en el primer tiempo, el equipo visitante llegó poco en la primera mitad (un par de desbordes por izquierda que no encontraron receptores en el área, un zurdazo de Jabes Saralegui que se fue desviado). Sin embargo, había una intención clara de defenderse con (el buen trato de) la pelota.

Le falta arriba a Boca y el Gigoló lo sabe: deberá replantear de qué juega Edinson Cavani, el refuerzo estrella que no hace goles ni patea al arco. Que tiene calidad no se puede negar (igual que sus números y su trayectoria), pero no llega nunca a estar en posición de gol. Sus mejores virtudes son la solidaridad para bajar y recuperar la pelota, y su precisión para descargar y armar el ataque. Además, se lo nota muy fastidioso con sus compañeros y está constantemente reprochando y gesticulando.

Lo mejor del partido ocurrió en el segundo tiempo. Boca salió con otro semblante: a plantarse en el campo rival y a imponer su juego depurado de control y pase. Pero una desatención en el fondo le costó caro. Iban 3 minutos cuando Enzo Díaz tiró un pelotazo a la espalda de Lema y Figal para que Pablo Solari se filtrara. Definió y el arquero tapó el tiro, pero el rebote le volvió a quedar a Solari que reaccionó rápido y remató con el revés el pie derecho. El VAR puso suspenso por posible offside de Solari. Nada. River pasaba al frente 1-0 casi sin despeinarse.

Tres minutos después, Zenón la tiró larga por la izquierda y Herrera lo bajó. Yael Falcón le mostró la amarilla y esa jugada -intrascendentehizo mover algunas piezas que terminaron de resolver el partido. Porque antes de los 15, Demichelis mandó a la cancha a Sant’Anna para cubrir el lateral derecho y también a Aliendro por el Diablito Echeverri. River ahora no tenía apostaba vértigo por para un esquema atacar y su algo DT más conservador para cuidar la ventaja, cuando estaba para dar el nocaut. Enseguida, el que movió el banco fue Martínez: Langoni entró por Cavani y el estadio estalló: silbidos e insultos para el uruguayo. Pero también sacó a Saralegui para que entrara Blondel.

Primer cambio raro del DT de Boca porque el joven volante había jugado un buen partido en un suelo bravo.

Fueron un par de minutos los que tardó en acomodarse Boca después de los cambios. El viento volvió a cambiar de dirección. Y logró el empate con la que había sido su arma más peligrosa en el primer tiempo: la subida de Blanco por la izquierda. El ex Elche recibió de Zenón sobre su andarivel y encaró a Sant’Anna, que quedó mano a mano. Blanco se la tiró larga, lo pasó y cuando se metió en el área se convirtió en un intocable. Envió el centro atrás, Merentiel se pasó de largo y por el corazón del área llegó Medina para definir sin rematar, sino que le dio un pase al arco y la pelota llegó a la red. Fue un golazo. Salió lo que se había ensayado y lo que el técnico había pergeñado.

Ahora el que estaba contra las cuerdas era River. Pero, con todo a favor de Boca, el que casi se pone arriba otra vez fue River. Un cabezazo de Miguel Borja generó la mejor atajada de Romero en el partido, que también desvió el remate de Sant’Anna, que había capturado el rebote. También Demichelis tendrá que explicar por qué incluyó a Borja en el partido. El colombiano mostró dificultad para trasladarse. Se notó que no estaba para jugar. Agustín Ruberto -la otra variante- no parecía ser opción para un duelo picante.

Peor reaccionó la gente de River cuando el cartel luminoso indicó la salida de Villagra (se bancó solo el medio) para que ingresara Fonseca. Y el otro que entró fue Franco Mastantuono en lugar de Nacho Fernández. El pibe de 16 años demostró que no le pesa la responsabilidad: pidió la pelota de entrada y casi gana el partido con un derechazo que se fue por encima del travesaño.

Pero todos los manuales de estilo se prendieron fuego a los 33 minutos, cuando Diego Martínez decidió sacar a Medina para que ingresara Nicolás Valentini y formar una línea de cinco defensores.

Medina hizo un gesto y se encogió de hombros cuando vio el número 36 en la chapa. Medina, el mejor jugador del partido, el que condujo a Boca al empate (incluso marcó el gol) se sentaba en el banco cuando todavía quedaban más de 15 minutos por delante. Un pecado. Boca tenía todo para ganar.

Y así y todo casi lo consigue. Colidio intentó un cambio de frente y dejó a Zenón con la pelota y con el campo libre por delante. El zurdo recorrió algunos metros y ajustó la puntería: le puso un centro preciso a Merentiel, pero el uruguayo no llegó a conectar y la pelota se perdió por el fondo. Con ella se fue la última chance concreta de Boca de quedarse con los tres puntos. Para el final entraron Benedetto y Fabra, pero la visita ya no atacó. Y fue River, con más voluntad -y obligación- que fútbol el que intentó inclinar la balanza en su favor sobre el cierre. Lo tuvo Colidio tras un centro desde la derecha, pero definió mal y desviado. Y después es tiro de Mastantuono No hubo tiempo para más y el empate le calzó al Superclásico. Los entrenadores darían sus razones luego, pero a las palabras también se las llevará el viento.

Juan Lagares/Clarín-Deportes

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