
Los viernes por la noche, Gogó Maldino se convierte en Mónica, la protagonista del unipersonal Mona, una ópera serrana, la nueva creación de Paula Grinszpan y Lucía Maciel. Esta dupla es la responsable de obras como Las Reinas y Paraguay, exitosas obras del off que nacieron en el Cultural Morán del barrio de Agronomía y pasaron a la avenida Corrientes, donde siguieron seduciendo al público con un cruce de humor absurdo, música en vivo y drama.
La nueva propuesta también combina estos elementos y en ella se luce la intérprete cordobesa de 34 años, ojos grandes, cuerpo pequeño y muy dúctil, una expresividad muy intensa y una voz prodigiosa. Gogó (su verdadero nombre es Agostina) da vida a una empleada de un call center maltratada por su jefe, precarizada y alienada al punto que su identidad se desdibuja y se convierte en los personajes que habitan su mundo. Lo hace con todo su físico, su voz, su rostro, su gestualidad, transformando y deformándose para encarnar las distintas criaturas. Pasa de una a otra con total fluidez y, además, canta lírico como una experta transportando a la audiencia a un universo extraño, con aires de ópera y altas dosis de comicidad, delirio y dolor. Todo en una escenografía sintética (una estructura de metal que adquiere distintas posiciones) en la que se desarrolla un arco dramático que se une, inesperadamente, con el universo kitsch del cantante cordobés La Mona Jiménez.
La pieza llena las funciones del Morán, circula de boca en boca y el público deja la sala conmovido por la historia que acaba de ver y por su talentosa intérprete. Por este trabajo la convocaron para actuar en la ópera experimental Las ruinas, de Juan Onofri Barbato – se estrena en octubre en el Centro de Experimentación del Teatro Colón- y en la miniserie El Ruso con el “Chino” Darín y dirección de Sebastián Borensztein, que lanzará Netflix en 2027. También va a estrenar la nueva obra teatral de Ignacio Bartolone y está por comenzar el rodaje de una película con Cristina Banegas y Nicolás Goldschmidt, dirigida por Nacho Sesma.
“Estoy feliz, me siento una privilegiada de poder vivir de la actuación. Antes hice de todo, después di clases de teatro para niños hasta animarme a poner toda la energía en la actuación. Soy muy ambiciosa con mi profesión. Quiero todo: actuar en salas grandes como el Cervantes y el San Martín, sacar la voz y que se escuche hasta el fondo. Quiero trabajar con actores y directores que admiro. Quiero sorprenderme”, confiesa Maldino a Página/12. Pero no lo hace desde un lugar pedante, sino desde otro vinculado a la pasión de una actividad que inició de niña, como un juego. “Mi mamá, Patricia Ana González, es cantante lírica y me crié entre camarines y escenarios. Cuando ella daba clases de canto en casa, yo escuchaba todo. Me acuerdo cuando montó en el Teatro Real de Córdoba Las bodas de Fígaro y yo hice de figurante. Fue un flash: la gente, las luces, la escenografía. Quería más de todo ese mundo así que a los pocos meses, cuando nos mudamos a Buenos Aires, arranqué teatro en la escuela de Hugo Midón. Tenía 13 años, desde entonces no paré”, sostiene.
Siguió formándose como actriz en la UNA, en Timbre 4 y en Bravard, el estudio de Matías Feldman y Santiago Gobernori donde descubrió una teatralidad más experimental y lanzada.
El origen de Mona, una ópera serrana se remonta a las clases que tomó con Paula Grinszpan. Esta artista habilitó que Gogó cantara y expandiera un talento innato ya que nunca tomó una clase de canto. “Cantar es algo muy corporal y me sale natural cantar con la voz colocada”, dice.
“Le llevé a Paula un monólogo breve que escribí sobre La Mona Jiménez y le dije que quería hacer algo con eso. Es muy loco lo que pasa en Córdoba con La Mona. Mueve montañas, es muy masivo, muy querido”, señala. Comenzaron a juntarse las tres, Gogó y las autoras y directoras Paula y Lucía, con el universo de La Mona y con la habilidad de la intérprete para cantar ópera como disparadores para improvisar. “Fue un proceso de ida y vuelta, de pelotear. Ellas me tiraban consignas, yo probaba y generaba material. Ellas me guiaban constantemente desde afuera. En esa búsqueda fui encarando los personajes que interactúan con esta chica que trata de vender la “tarjeta naranja”… El jefe, la compañera de trabajo. Siempre desde el cuerpo, desde algo mínimo como un dedo, un pie o la mirada, que son detalles que guiaron el resto de la composición de los personajes. Tengo un abordaje muy intuitivo de la actuación, no me enrosco pensando. Encuentro mucha verdad en el cuerpo. Grabamos los ensayos y ellas fueron armaron la dramaturgia a medida que avanzábamos”, comenta sobre el proceso de creación.
En el torbellino mental que padece la protagonista, vulnerada por el maltrato y el ritmo deshumanizado de su tarea, aparece un personaje (también encarnado por ella) que tracciona la acción: una suerte de chamana que la acerca a la que tal vez sea su verdadera identidad. En el medio, la actriz no da respiro: transmite mucha energía con una performance grandilocuente y desbordada sin perder precisión; también sutil y delicada en ciertos pasajes. Habla a público, canta lírico, dice recitativos, entona estrofas de cuarteto que su cuelan deformadas, interpreta una hermosa aria sobre el final con la letra modificada. Poco importa si ese personaje místico es real o producto de su imaginación: “Mónica tiene una crisis tremenda. No sabe quién es, no sabe qué quiere hacer. A partir de ese momento se abre la posibilidad de un cambio y se aferra con total convicción porque es lo único que la sostiene. Puede sonar ridículo pero, para mí, la vida es medio así. Hay que valerse de esos bastoncitos que aparecen para dar pasos”, opina, sin querer adelantar los detalles del encuentro.
Es la primera vez que Maldino hace un unipersonal. Antes trabajó en obras como El hipervínculo y La traducción de Matías Feldman, Janequeo de Juan Isola y Osvaldo Lamborghini, obras completas. Primera parte, de Bartolone. “Las directoras tomaron muchos aspectos míos en este trabajo: lo cordobés, el canto, la expresividad fuerte. Lo siento como algo muy identitario y estoy tan agradecida. Además lo que está pasando con el público es fuerte”, señala. En este sentido, se detiene en dos momentos: el comienzo de la obra, “cuando se prende la luz y es un segundo, como si sintiera un embudo de energía que viene desde ese montón de gente que me está mirando” y el final, que la deja en un estado “rarísimo”. “Termino con un nivel de adrenalina muy alto, siento que puedo hacer la obra de nuevo”, concluye.
*Mona, una ópera serrana, escrita y dirigida por Paula Grinszpan y Lucía Maciel y protagonizada por Gogó Maldino, se presenta los viernes a las 20.30 horas en Cultural Morán (Pedro Morán 2147).
Carolina Prieto/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón