Dos Veces Bueno, el ciclo de teatro breve en homenaje a Ariel Barchilón en La Máscara

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Ariel Barchilón entendía el teatro como un lugar de encuentro. Dramaturgo, director y docente, durante años formó a escritores y escritoras en sus talleres particulares, en el CELCIT, la UNA y el espacio de Mauricio Kartun. También creó Dos veces bueno, un festival de teatro breve que les permitía a sus alumnos llevar sus textos al escenario y atravesar todo el proceso: escribir, leer, corregir, ensayar y, finalmente, encontrarse con el público. A un año de su muerte, ese proyecto volvió bajo el nombre de Festival de Teatro Breve “Dos veces bueno. Ariel Barchilón”.

El ciclo comenzó en julio y continúa durante agosto en el Teatro La Máscara (Piedras 736, CABA), con 44 obras breves, entre textos de Barchilón y de dramaturgos y dramaturgas que fueron sus alumnos. La iniciativa fue organizada por su compañera, Leticia Otazúa, y su hija, Alegría Barchilón, y recupera una tradición que para quienes participaron de ella va mucho más allá de un ejercicio teatral.

“Ariel entendía al teatro como una trinchera amorosa y colectiva, de trabajo conjunto; creía firmemente en la capacidad de conmover sentidos, mentes y corazones”, cuenta Otazúa a Página/12. Esa idea atraviesa también esta nueva edición: el ciclo reúne a quienes pasaron por sus talleres, compartieron sus lecturas y aprendieron de sus devoluciones.

El resultado es también una forma colectiva de atravesar la ausencia. “El festival es un abrazo colectivo y eso nos ayuda a atravesar el duelo personal de otra manera, con pena, sí, claro, pero con la alegría de ver cuánto sembró y dio”, dice Otazúa.

-Muchas veces se habla del legado de un artista a partir de sus libros o sus obras. En este caso, parece haber también un legado construido en los talleres y en la formación. ¿Cómo convivían esas dos facetas en él: la de escritor y la de maestro?

-Su método para enseñar, su dedicación a los textos de sus alumnos y alumnas, su generosidad han dejado una huella imborrable en la enseñanza de la dramaturgia en Argentina. Y tal como recordó Daniel Zaballa (quien dirige una obra propia en el festival) en las palabras que dedicó como apertura en una de las funciones, Ariel escribía a la par de sus alumnos, literalmente. Probaba antes los ejercicios y volvía a realizarlos en las clases. Se levantaba muy temprano para escribir, escribía en su casa de Tigre los fines de semana. En cada festival que organizó, estrenaba dos obras breves de su autoría. Es decir, era el primero en poner en práctica todo aquello que pregonaba y transmitía. Y daba a leer sus textos, a amigos y alumnos, para escuchar las devoluciones que quisieran hacerle.

-Compartiste con Ariel no solo la vida, sino también el mundo del teatro. ¿Qué era lo que más disfrutaba cuando enseñaba?

-Tuve la fortuna de ser la compañera de vida de los últimos años de Ariel, lo acompañé en los ensayos de las últimas obras que dirigió y en el festival que coordinó en 2022, asistí a sus talleres y viví el detrás de escena de sus trabajos. Fui testigo del esfuerzo enorme que hizo para enviar un mail a sus alumnos comunicando que no iba a comenzar con las clases, ya que la enfermedad y el tratamiento con quimioterapia le habían quitado muchas fuerzas. Decía: “mi trabajo es mi identidad”, y esas palabras suyas lo definen. Él era sus talleres, leía con atención, buscaba el modo de estimular, preparaba clases pensando en alguna problemática que alguien había planteado, buscaba los mejores textos, en los ejercicios escribía frases que extraía de diferentes libros. Se reía mucho en los encuentros. Fue un apasionado de la dramaturgia y era realmente feliz enseñando.

-En un contexto donde sostener espacios independientes y de formación no es sencillo, ¿qué significa hacer un ciclo como este?

-En estos tiempos tan duros desde la economía, donde tantos y tantas hacemos malabares para cubrir los gastos cotidianos y, al mismo tiempo, intentamos sostener los espacios de encuentro social y cultural; en estos tiempos donde la crueldad quiere naturalizarse, ciclos como el “Festival Dos veces bueno Ariel Barchilón”, desde el Teatro La Máscara, nos permite recordar que el arte sigue siendo la expresión humana más profunda y transformadora. El teatro es una reunión de cuerpos y voluntades. En palabras de Ariel, “ahí vamos y eso somos: risa, resistencia y creatividad”.

La programación está dividida en ocho programas: los sábados hay funciones a las 18 y a las 21, mientras que los domingos se presentan a las 17 y a las 20. Las entradas se consiguen por Alternativa Teatral.

Josefina Frega/Página 12-Espectáculos

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