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Miguel Angel Silvestre (Velvet y Sky Rojo) pasó por Baires y habló de todo

El español pasó por Buenos Aires a presentar la segunda temporada de 30 Monedas.

La cita es tentadora: un mano a mano con el actor español Miguel Ángel Silvestre, en un cinco estrellas de Buenos Aires, a agenda abierta. Dicen que serán quince minutos, pero uno imagina que, con el calor de la charla, en la intimidad de un cuarto de hotel, las agujas podrían estirarse.

Cuando la puerta se abre, hay más de veinte personas, dos sillas enfrentadas y muy separadas, más aroma de rodaje que de nota para un diario. Y algo de tensión en el ambiente. Pero él pone pelota contra el piso y se despega para barajar y dar de nuevo.

“¿Me podéis poner aquí la mesita, por favor? Vamos, vamos. Todo más sencillito, vamos”, pide antes de arrancar para tener dónde apoyar el grabador de Clarín. Alguien le dijo que eso estropearía la escena. Quedó como él mismo quiso. Muy buen entrevistado, sabe que es difícil generar una conversación interesante con tanto testigo encima. “Tranquila, ya hemos despegado”, regala como para abstraerse del entorno e intentar construir una charla cálida.

-En 2017, cuando uno te nombraba, muchos decían “ah, sí, el galán de Velvet”.

-Pero vosotros en la Argentina ya podéis decir que “es ese actor español que ha tenido tanta suerte, tanta, como para que lo llame Campanella” (en la serie Los enviados). Ese fue uno de mis sueños. Ahora puedes decir “y también es el actor de Juan José Campanella” y a mí con eso me elogias, ¿sabes?.

-En ese viaje citabas a Luppi como el primer argentino con el que habías compartido un set (en la película La distancia).

-Federico, claro, que descanse en paz. Y mira ahora con todos los argentinos con los que he trabajado.

-Con Lali Espósito a la cabeza.

-Lali, divina. Ayer justo le he mandado un mensajito, a ver si la veo un ratito.

-¿Y qué decía el mensaje?

-Decía: “Lali, Argentina no es lo mismo si no me das un beso”.

-¿Qué te contestó?

-“Y, dale, nos vemos mañana”. La verdad es que la quiero mucho.

Ellos se conocieron hace tres años, cuando grababan Sky rojo, la serie española que en 2021 estrenó Netflix. Y desde entonces se hicieron amigos y más de una vez tuvieron que desmentir rumores de noviazgo, especialmente después del beso en la boca que se dieron en un concierto de ella.

-Juntos, además, asoman como una dupla de referencia para varias generaciones.

-Sobre todo Lali. Ella representa el empoderamiento muy bien conducido de las mujeres. Es una mujer muy sensible, con una personalidad hermosa, que pisa fuerte, con confianza y que ocupa realmente todos los poros de su piel. Y ese es el estado también del ser humano, donde ocupas con orgullo y seguridad todos los poros, que es donde puedes dejar las cosas más bonitas. Y esa es Lali, yo lo noto. Mi sobrina, June, que tiene 10 años y es hija de un argentino, ha sido inspirada por Lali. Pero también lo veo en mi hermana y en mi madre.

-¿En tu madre?

-Pues sí, cuando va a España y da una entrevista, mi madre me llama y me dice “Qué mujer, Miguel Ángel, qué inteligente, cómo me gusta escucharla”. Les ha pasado a varias en España y también sucede eso aquí en la Argentina. Cuando las mujeres la escuchan, cogen fuerza y se empoderan.

-Insisto que, igual, cuando se los ve juntos, se potencian.

-Yo la colocaría como capitana, la pondría adelante y le diría “aquí me tienes, qué hago”. Muchas veces la llamo y le digo “qué opinas de esto”. Tiene una opinión muy coherente sobre grandes cosas de la vida. Hay muchos temas que desconozco, o sobre los que no he pensado, y ella tiene tantas inquietudes y tanto compromiso con su voz que siempre profundiza mucho. Me da puntos de vistas que a veces me llevan a decir “ah, qué bueno, ni siquiera lo había pensado así”.

-¿En qué quedó el tenis para vos?

-En un sueño de pequeño. Sirvió como vector para pasar la adolescencia, que no es una época fácil. Tenía una motivación y realmente un sueño que perseguir y eso hace que te levantes por las mañanas de una manera especial. No probé ni una gota de alcohol hasta los 19 años, por ejemplo.

Silvestre ahonda en el asunto: “Muchas veces hablo del tema con sobrinos de 13 años y dicen ‘es que mis amigos han probado esto, han probado lo otro’ y yo les digo que lo tienen que probar si quieren, pero por otro lado pienso cómo los puedo motivar para que tengan una ilusión que esté por encima de algunas tentaciones que solemos tener de adolescentes. Ellos juegan al fútbol, me han dicho que si me encuentro a Messi por la calle… Por favor, pero qué inocentes”.

-¿Y qué querían que hicieras?

-Decirle que se pinte los labios y que bese una camiseta para llevársela a ellos. Ojalá algún día lo pueda conocer. No soy muy futbolero, pero me gusta observar a los deportistas, porque creo que tienen un don, que tiene más que ver con la psicología que con la técnica. Yo vi algo épico de él.

Se inclina en la silla y se entusiasma con el relato: “Lo vi en un partido de final de liga con el Barça. Si marcaba dos goles se convertía en el máximo goleador de la temporada de la liga española. También era un partido en el que el club se jugaba ganar la liga. Marcó un gol, iban 1 a 0 y no le vi en ningún momento la necesidad de marcar dos. Le vi jugar en equipo. Pues terminó marcando tres. Y de repente pensé “qué modesto, qué brillante con el balón”. Es superior en todo.

-José Sacristán ha dicho que en épocas de Velvet, cuando ya empezabas a asomar como figura, no jugabas de galán protagónico, eras uno más.

-Es que él es una estrella y también era uno más allí. Y yo era uno más. Es que así concibo el trabajo.

-Cuesta creer que no te la creas.

-Somos las heridas que tenemos y de dónde venimos, la infancia que hemos vivido. Siempre he sido una persona que ha levantado la mano para pedir jugar. Quiero jugar, no siento que la vida me lo haya regalado. De pequeño no me dejaban jugar y en mi naturaleza está pedir por favor jugar. Entonces me dices esto de Velvet y te digo cómo no, si yo estoy deseando jugar, ser parte.

-¿Te reconocés en ese nene?

-Me reconozco en los miedos, aunque con el tiempo los voy conquistando. Cambié mucho; ahora camino con menos miedos y es un cambio que le deseo a todo el mundo.

-¿Volverías a la infancia?

-Volvería a la esperanza de los 13 años cuando quería ser tenista, o a la de los 24 cuando terminé Fisioterapia y quería ser actor. La búsqueda de completar y consumar un sueño es un estado hermoso, porque todavía no aparece el miedo; aparece cuando empiezas a tocar el sueño, porque temes no volver a tener esa miel… El camino que va hacia el sueño es el mejor estado del ser humano.

-Y, ahora, ¿hay algún sueño dando vueltas?

-Ahora voy descubriendo que las cosas que me hacen ilusión ya no se las pido tanto a la vida.

-¿Pero sí te las pedís a vos? ¿Alguna motivación especial en la diaria?

-Mi día a día es muy sencillo, hago ejercicio, aprendo a cocinar, que es algo que me da mucho placer. Intento, cuando no estoy trabajando, estar en la naturaleza.

-¿Qué no falta nunca en la cocina de tu casa?

-Soy valenciano, así que el arroz.

-¿Y cuál es tu especialidad?

-La he aprendido de mi abuela Elvira, de mi madre, de mi tía. Somos todos muy de la paella.

Ya terminada la primera entrevista de una larga lista, se lo escucha decirle a su entorno: “No entiendo por qué tanta prisa, estoy aquí, vamos, tranquilos”. Un caballero que sabe hacer de una nota un punto de encuentro.

Silvina Lamazares/Clarín-Espectáculos

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