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Lucía Adúriz y Mariano Saborido protagonizan Las Adoro en Galpón de Guevara

Lucía Adúriz y Mariano Saborido protagonizan Las Adoro en Galpón de Guevara

Los primeros brotes de Las Adoro crecieron en tres cabezas –la del director y dramaturgo Juanse Rausch, y las de los actores Lucía Adúriz Bravo y Mariano Saborido– durante varias reuniones que los protagonistas llamaron “el tecito”. Ese origen tiene mucho sentido tratándose de una obra protagonizada por Herminia (Adúriz) y Josecito (Saborido), dos hermanos de 80 años que actuaron toda la vida y ahora son convocados a la audición para una película clase B. Preparando ese casting ensayan, performan, se sumergen en sus memorias, canturrean arriba de una tarimita ubicada en un vestidor y dedican cada gesto a su público, hasta que reciben un llamado de su pueblo natal.

Adúriz cuenta que todo surgió del “deseo de pensar un material entre los tres” porque tenían “muchas ganas de trabajar juntos”. Hay una admiración mutua y eso es muy lindo de ver. Para armar el universo Adoro recurrieron a varias referencias: la película Sunset Boulevard, que les encanta (“una actriz que está fuera de época y ya no encuentra dónde poner su arte porque el tiempo y la tecnología la expulsan”) o el vínculo entre Jorge y Aída Luz. “Vimos una entrevista televisiva preciosa que les hizo Guillermo Andino: entran juntitos, se pisan al hablar, son idénticos y tienen unas ternuras que nos quedaron en la retina. Fue una impresión profunda. Sobre eso fuimos tejiendo y Juanse escribió el texto”, comenta Adúriz.

–¿Cuáles son los desafíos a la hora de habitar la vejez? En este acercamiento no hay burla ni compasión sino una profunda ternura.

Mariano Saborido: –No sé si requiere tanto seso antes de hacerlo. Para mí se trata de componer a partir de esa inspiración. Al ver esa entrevista de Jorge y Aída ves cómo entran, cómo caminan, cómo se visten, cómo se tratan entre ellos. ¿Qué es la vejez? Una imagen, un movimiento, un gesto, un labiecito que tiembla mientras dice una puteada. Son cosas que los tres tenemos fijadas por el simple hecho de haber observado mucho a los viejos, sobre todo a los que nos rodean. La composición surge de esa observación.

Lucía Adúriz: –Sí, hay que confiar en que esa observación está hecha con cariño al detalle, como si fuésemos de adentro para afuera. Ciro Zorzoli siempre decía “de adentro para afuera y de afuera para adentro: no importa cómo, lo importante es que se junten”. Acá hubo algo de adentro hacia afuera para buscar gestos mínimos, respiraciones, derivas. ¿Qué ocurre con el paso del tiempo en un cuerpo que antes podía una cosa y ahora no? Había que confiar en las ganas de hacer un homenaje a esos estares que nos producen ternura, conmoción y belleza.

En un momento de la entrevista citada, Jorge le dice a su hermana: “No hablemos a dúo porque no se entiende”. Eso aparece tal cual en la obra. Hay otra cita a un corto de Chaplin (The idle class, 1921) en donde parece que él está llorando de espaldas y cuando se da vuelta está agitando una coctelera. “Me había parecido el mejor chiste de la historia y lo quería hacer”, cuenta Lucía. Rausch los conoce mucho y por eso la partitura humorística juega con ciertos giros del lenguaje y modos de decir propios del dúo. Las escenas son cómicas porque ellos mismos se divierten y algo de esa dinámica llega a la platea. Saborido asegura que son un poco así. “No sé si estamos tan lejos de Herminia y José”, bromea.

Además de las risas, en Las Adoro hay momentos de emoción intensa. Cuando hablan del monólogo final, por ejemplo, los dos se conmueven y Saborido señala su piel de gallina, pero conviene no spoilear demasiado. “Nos emocionamos mucho. Todavía no hacemos la obra ‘de taquito’ y ojalá nunca nos olvidemos de eso. Ella me dice ‘nuestras miradas se volvieron parecidas’ y hay algo muy flashero de encontrarnos en escena. Esta es la primera vez que actuamos juntos. Yo sentí un flechazo desde la primera vez que vi actuar a Lu: es como haber visto a Gasalla o a Urdapilleta en vivo. Me imagino que debe haber sido algo así. Nosotros queremos jugar a eso y, muy humildemente, inscribirnos en ese linaje”.

Al ver a este dueto en escena se repone algo de aquella tradición que varias generaciones vieron a través de videos pixelados en YouTube. Asistir a Las Adoro es también reencontrarse con ese linaje estallado. En algún momento de la obra, Josecito se ríe de la idea de “actuar chiquito” en el cine y dice: “Hay caras que no soportan lo chiquito”. Saborido aclara que “eso es un chiste” porque a ellos les gusta componer. “Actuar siempre es componer, desde el lugar que sea –afirma–. A nosotros nos gusta componer así y hay otros que lo hacen desde otro lugar, pero nos sentimos parte de una comunidad de gente que compone de diversas maneras pero igual emociona. Nos gusta buscar una fantasía, una voz, un modo de decir. Tal vez sea más antiguo porque nuestros referentes son gente como Jorge y Aída».

Adúriz, por su parte, explica que hay un intento de recuperar aquellas formas de actuar y agrega: “La verdad está en todas partes, la cuestión es cómo se compone ese lenguaje. La broma de ‘actuar chiquito’ nos divierte pero también hay algo de manifiesto, de bandera: lo pequeño o la ilusión de realismo a veces esconde cuestiones que se vuelven peligrosas”. La obra problematiza el lugar que la industria le otorga a la tercera edad (hoy no hay muchos proyectos que incluyan personajes de más de 70 y el mercado laboral exige detener el paso del tiempo en el rostro con cremas y cirugías) pero también es una carta de amor a la actuación, algo muy cercano para los intérpretes. Adúriz subraya la idea de “performar el homenaje a quienes sentimos cerca y admiramos, esa gente que le dedicó la vida entera al oficio con un amor profundo, más allá del resultado en términos de reconocimiento”. La actriz asegura que “el teatro permite vivir en una forma de dignidad humana total y eso conmueve”.

–La obra se titula Las adoro porque hay un papel de mujer que los hermanos planean repartirse. ¿Cómo ingresa lo identitario con el personaje de José?

M.S.: –En este momento (precioso en muchos sentidos y en otros no tanto) se aceptan mucho más las identidades disidentes que no son heteronormativas entonces tendemos a pensar que José es una actriz trans, pero nosotros lo pensamos como Jorge Luz, que era un actor transformista, travesti en el sentido antiguo de la palabra. Tiene mucho más que ver con la transformación y lo femenino como perfo. Por eso está bueno inscribirla en otro tiempo: un actor transformista como lo fue Jorge Luz, Gasalla o Urdapilleta.

El oficio de la actuación fue siempre inestable, pero hoy ser actriz/actor implica numerosos desafíos. “La idea misma de oficio está en jaque hace tiempo –comenta Adúriz–. Es muy difícil vivir de la actuación en Buenos Aires. Hay rachas: tenemos un montón de colegas que por momentos viven de la actuación y después sí o sí tienen que buscar otros ingresos. Sin embargo, hay algo fascinante en esta ciudad: es difícil tener el mango para poder ir al teatro, pero hay más oferta que nunca y público para todo. Hoy no hay audiovisual así que todos los actores trabajan en teatro, pero los precios de las entradas son altísimos. Yo misma no podría acceder a ver obras en las que trabajo».

Por otra parte, los actores advierten sobre la importancia de “cuidar al teatro de la idea de rentabilidad y proteger los espacios de experimentación”. Saborido señala la aparición de “productoras independientes de teatro que son rentables más allá de la idea de rentabilidad” como un fenómeno positivo y concluye: “Hay obras a las que les va muy bien, el público quiere que le cuenten ciertas historias, quiere ver a determinados actores y están dispuestos a pagar una entrada para verlos aunque no sean parte del circuito comercial u oficial. Eso me parece precioso porque significa patear el tablero en muchos sentidos”.

*Las Adoro puede verse los lunes a las 20.30 en Galpón de Guevara (Guevara 326). A partir del 20 de julio habrá doble función (a las 19 y a las 21.30). Entradas por Alternativa Teatral.

Laura Gómez/Página 12-Espectáculos

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