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Agustín «Rada» Aristarán en Charlie y La Fábrica de Chocolate en el Gran Rex

Agustín «Rada» Aristarán en Charlie y La Fábrica de Chocolate en el Gran Rex

En un mundo hostil, en el que la violencia en todas sus manifestaciones y estatus sociales está a la orden del día, encontrar refugios bien puede ser un privilegio saludable. Si “hay que inyectarse cada día de fantasía para no morir de realidad”, como alguna vez escribió Ray Bradbury, bienvenido sea el teatro para poner en pausa al mundo y dejarse llevar por universos que despierten sentimientos distintos a los que la actualidad arroja sin filtros. “Creo que el teatro es lo que va a salvarnos”, afirma Agustín “Rada” Aristarán, que de fantasías algo sabe, en tanto mago, músico, actor y protagonista de los musicales más convocantes de los ultimos años en la Argentina, como AladinMatilda Escuela de rock. Un camino que ahora lo encuentra al frente de un nuevo tanque: Charlie y la fábrica de chocolate, el musical en el que interpretará nada más y nada menos que al excéntrico e indescifrable Willy Wonka.

Esa suerte de fábula moral escrita por Roal Dahl en la que triunfa la bondad y los malvados son castigados vuelve a escena de la mano del musical, el género que desde hace años la producción escénica comercial argentina viene trabajando con fruición, calidad y convocando a públicos masivos. Muy atrás quedó aquella primera película de 1971 basada en la novela de 1964 y protagonizada por Gene Wilder, con una trama humana que transita sobre el viejo axioma del sueño de niño pobre convertido en realidad. La parafernalia visual alrededor de Wonka llegaría de la mano de Tim Burton, con su oscura versión de 2005, con Johnny Deep como protagonista. Ni que hablar de la más reciente, naïf y colorida Wonka (2023), el musical con Timothée Chalamet, bajo la dirección de Paul King. La de Charlie… es una historia que, por la continuidad de sus distintas versiones, atraviesa a varias generaciones.

En formato de musical teatral, Charlie… llegó al Gran Rex de la mano de los mismos productores de La SirenitaMatilda Escuela de Rock: Ozono, MP y Los Rottemberg. La versión argentina es totalmente distinta a la que se estrenó sin demasiada repercusión en Broadway en 2018. La puesta mantiene encendida la llama de la imaginación y fantasía de una obra que habilita todo tipo de lecturas sobre el capitalismo, la codicia, la gula, la megalomanía y la búsqueda de la felicidad. Aristarán encabeza la puesta de la obra interpretada por Mery Del Cerro, Sebastián Almada y cuatro elencos de actores infantiles que rotan en las distintas funciones.

“Si bien yo quería ser mago, el teatro musical siempre estuvo presente en mi vida”, le cuenta Aristarán a Página/12. “En Bahía Blanca no había dónde estudiar magia, por lo que tuve que aprender magia por correo o tomar alguna clase cuando venía a Buenos Aires. Entonces, estudié teatro, música y danza, y el teatro musical siempre me llamó mucho la atención. De hecho, cuando decidí venir a instalarme a Buenos Aires, una de las primeras cosas que hice fue anotarme en la escuela de teatro musical de Julio Bocca… pero no empecé nunca”.

-¿Por qué?

-Porque empecé a laburar de mago en eventos, después me llamó (Jorge) Guinzburg para ser parte de Mañanas informales y empezó a sucederme eso de arrancar a laburar fuerte. Que es lo que yo venía a buscar, en realidad: laburar en todo tipo de eventos y poder vivir de lo que amo. Después, la vida me me llevó para otro lado, pero siempre estuve interesando en el musical. Cuando me llamaron para Aladin fue muy loco también, porque era una obra grande y fue una gran experiencia. Y después vinieron MatildaSchool of Rock y todo se fue de la manos, hasta llegar ahora a Charlie y la fábrica de chocolate. Es como que estoy viviendo en una película. Me pasaron cosas mucho más grandes de las que alguna vez me hubiese imaginado. Y la verdad es que sueño seguir haciendo lo que me gusta, que me parezcan desafíos, como esta obra, como fueron algunas participaciones en películas y como es la tele.

-¿Qué te atrajo de Willy Wonka?

-El personaje, la historia, el segundo texto de Roald Dahl que hago después de Matilda. Me parece que es una obra desde desde el argumento es súper rica y todos la conocemos mucho. Estoy teniendo la suerte de interpretar papeles icónicos, Tronchatoro en Matilda, Dewey en School of Rock y ahora Willy Wonka… son personajes que todos conocemos y que muchos crecimos viéndolos. Yo vi la primera versión de Charlie y la fábrica de chocolate, la de 1971, después la de Tim Burton…

-¿Charlie y la fábrica de chocolate es la obra generacional más transversal de las que hiciste hasta ahora?

-Sabés que sí… Al principio pensé que era Matilda, pero en estos meses me di cuenta de que atraviesa varias generaciones, porque los más grandes vimos la peli original, y las nuevas generaciones la de Tim Burton y la última Wonka protagonizada por Timothée Chalamet. Charlie y la fábrica de chocolate es la más transversal de las obras musicales que hice. Es una historia que todos alguna vez vimos. Por eso es que genera tanta expectativa, con tantas entradas anticipadas vendidas (N de la r: más de 20 mil). Es una obra de una inversión sideral.

-¿Te pesa ser el protagonista de una super producción?

-Sí, obvio, pero finjo demencia… Ojalá que no me despierten, porque siento que es un delirio total.

-¿La responsabilidad es mayor cuando uno es protagonista que si forma parte de un gran elenco como actor secundario?

-No me hago ni cargo, de verdad. No, porque me haría daño pensar racionalmente en todo lo que está en juego en este tipo de producciones. Y porque creo que, más allá de que es un rol protagónico, y esto no es para hacerme el copado, el protagonista es toda la obra. A nivel narrativo, además, el protagonista es el niño Charlie. Y la realidad es que lo que atrae de Charlie y la fábrica de chocolate es la obra, a la que todo el mundo querrá ver. Es tan grande el evento de esta obra que podría estar otro actor -y no digo mejor o peor- haciendo mi papel, y la obra sería un suceso igual. Probablemente, mi nombre hoy ayude por el momento en el que estoy o por la carrera que vengo construyendo, pero creo que realmente la protagonista es la obra, lo que sucede. Y esto lo digo con conocimiento de causa por los cuatro grandes musicales que hice en la Argentina.

-¿Pero no sentís que por ser el protagonista debés mantener al equipo de trabajo siempre activo y vital, incluso debajo del escenario?

-No, eso me sucede naturalmente: me gusta la cuestión de grupo, unir y bromear mucho. Pero no soy el que está todo el tiempo bien arriba ni me obligo a estarlo. No me gusta lo fingido, soy de los que valoran lo natural.

-¿Cómo definís a Willy Wonka?

-Es un personaje muy complejo. De lejos, parece súper claro, pero cuando te acercás y lo analizás, te das cuenta de que no lo es. Por un lado, es una persona muy tierna, a la vez que es muy oscura, que sufrió un montón, sigue sufriendo… No tiene una figura paterna, porque lo que tuvo fue un padre bastante abandónico, si se quiere, inclusive estando ahí con él. Es alguien que se encuentra a sí mismo en la figura del niño Charlie y a él siendo el padre que le faltó. Entonces, es un personaje muy rico, con mucha complejidad interpretativa. Y es un niño rico solo. Es un niño en el cuerpo de un adulto que está solo, con su fortuna y su locura alrededor de los chocolates. Si bien la fortuna no es el eje central, sí está esta cosa magnífica de una mega fábrica que fabrica chocolates. En la Argentina tuvimos nuestra especie de Willy Wonka…

-¿Quién?

-Ricky Fort. En algún punto, creo que Ricky Fort es un Willy Wonka que necesitaba que el padre le diera un abrazo. Una pena que no esté que nosotros para que para que venga a ver la obra. ¡Las cosas que hubiera dicho! ¡La cantidad de contenido que hubiésemos hecho! ¡Que pronto se nos fue el Comandante, la gran siete! (Risas)

Charlie y la fábrica de chocolate tiene varias lecturas. Una posible es la que se enfoca en Charlie y la importancia de no dejar de soñar pese a todo. Otra, la de cómo la obra pone el foco en los pecados capitales en distintos personajes y al final termina “triunfando” aquel que no se deja llevar por ellos. ¿Cómo la analizás?

-Lo lindo de la obra es que gana el bueno, gana el que todos queremos que gane. Y el que no afloja en su sueño, que labura también por alcanzar su sueño. No es que Charlie solamente sueña. Charlie es un loco de los chocolates; sabe todo, hasta la composición química de los chocolates. Entonces, el loco labura mucho por conseguir, si se quiere, el título de chocolatero, probablemente sin saberlo. Lo interesante es que él no lo hace en pos de quedarse con la fábrica, lo hace porque le apasiona el chocolate. Es una consecuencia a su sueño, pero su anhelo nunca fue quedarse con la fábrica, no estaba ni en sus planes. O sea, supera su sueño.

-Hay muchos musicales en la cartelera porteña, lo que genera mucha oferta, se eleva la calidad y se está haciendo cada vez más habitual al público. ¿Por qué creés que sucede este boom?

-Me parece espectacular que haya muchos musicales. La Argentina lo sabe mejor que nadie: tenemos un grandísimo teatro, muy profundo, muy potente, muy sofisticado y mucha cantidad, y nos faltaba que hubiera musicales. En las grandes plazas de teatro mundial, el musical es de las cosas más importantes y convocantes. Y acá eso no pasaba. Empezó a suceder hace unos años. Eso me parece súper interesante. Creo que el teatro, el hecho de ver a una persona de carne y hueso en un teatro, sobre un escenario, y que el espectador se siente a verlo, es lo que va a salvarnos. O contra eso no van a poder… Nadie ni nada podrá contra el hecho poético y revolucionario del teatro.

-Un hecho humano, además, en medio de un mundo cruzado por la tecnología.

-Y humano. Así y todo mañana las computadoras escriban y hagan historias, va a tener que haber siempre un humano interpretándolas. Porque el teatro es un hecho humano. Eso es espectacular.

La TV y la realidad

-Si bien habías hecho TV con Jorge Guinzburg en Mañanas informales y después con tus propios programas en El Trece y también en Telefe, el año pasado te sumaste a Otro día perdido, que es diferente a los que hacías, involucrándote más con la realidad y con la espontaneidad de lo que pasa en ese falso vivo. ¿Cómo te resultó la experiencia de salirte del guión?

-Súper bien. Y mucho tiene que ver laburar al lado de Mario (Pergolini) y de todo el equipo que que lidera (Daniel) Guebel, Ale Borensztein y Cune Molinero. Es super fácil laburar ahí. No es que que yo soy demasiado talentoso sino que estoy rodeado de gente muy talentosa. Es muy fácil laburar con esa gente. Primero, porque hay un gran equipo de producción, muchos guionistas, y lo que pido está al instante. Y encima laburamos con un líder de equipo, como es Mario, que siempre deja la pelota ahí en el medio para que venga alguno de los que estamos alrededor a patearla. Eso hace que sea muy fácil laburar.

-¿Y te hace estar más informado? ¿Qué rol ocupa la realidad a la hora de hacer humor diario?

-Nos enteramos de los temas que vamos abordar en la reunión de producción previa, después ensayamos y grabamos. Y la verdad es que me la olvido cuando termina el programa. Esa es la verdad. Por supuesto que soy un tipo informado, me gusta saber qué está pasando, tengo sensibilidad, pero no me quedo enroscado en el día a día. Nosotros hacemos un programa que informa con humor. Le buscamos el chiste a todo lo que está pasando.

-En ese sentido, Wonka hace de su fábrica de chocolate su propio mundo. ¿Creés que es necesario hoy, ante tanta hostilidad en el afuera, que cada uno construya su propio mundo como una suerte de refugio?

-Todos estamos haciéndolo, consciente o inconscientemente. Cada uno está tratando de construir su propio mundo. Por supuesto que hay que mirar para el costado, no transformarnos en burbujas andantes, sin relación con los demás, pero uno termina armando su propio mundo. No es que se escribe sus propios diarios, por supuesto: la realidad está, pero creo que la vida nos está llevando también a armar nuestro propio mundo de las cosas. Además, está todo tan segmentado que es muy difícil realmente estar informado de todo, con las visiones de todos los lados. Eso es un bajón.

-¿Te tomás tu tiempo para informarte?

-No tanto. Y lo digo con un poco de escozor.

-¿Es una elección?

-Sí, es una elección. Creo que estamos en un lugar donde está mal no informarse tanto pero donde también está mal informarte mucho. De hecho, lo hablo mucho con mi viejo. En un momento, mi viejo estaba ultrainformado, lo veía muy amargado… Entonces, le dije “Viejo, ¿por qué no hacemos un ejercicio de mirar menos señales de noticias?”. Y hace poco me dijo “¿Sabés qué tenías razón?” No es estar ajeno a lo que está pasando pero sí no estar todo el tiempo conectado. Porque también sucede algo: después leemos el Twitter que nos gusta leer y nos estamos informándonos, estamos confirmando que nuestro pensamiento está bien. Y eso para mí está mal, súper nocivo.

-En los últimos años, el gobierno se encargó de desfinanciar algunas instituciones, como el Instituto Nacional de Teatro y el Incaa, con ataques hasta personales a figuras de de la cultura, como si esta fuera la culpable del progreso de la Argentina. ¿Cómo vivís esa situación?

-Claramente, lo vivo como la mierda. Está mal que el gobierno ataque a una persona en particular: no es ecuánime esa pelea. Como también está mal el desfinanciamiento de entidades que realmente hacían un laburo muy importante. Y con esto no estoy diciendo “yo lo necesito”. No, yo no lo necesito. Fui un privilegiado siempre desde que empecé a laburar. Tuve mucha suerte, me pasaron un montón de cosas y también me esforcé mucho para que esa suerte suceda. El Instituto Nacional de Teatro, el Incaa, realmente hicieron cosas muy potentes por la cultura argentina. La cultura argentina es hoy una de las medallas más interesantes que tenemos en el mundo. Además, nuestra cultura es un gran negocio. Ya que en el gobierno parecen solo ver las cosas en términos de negocio o no negocio, deberían saber que la cultura argentina es una cultura de exportación que genera guita y que podría generar mucha más. Entonces, me parece que cuando el gobierno se tira en contra de un artista, de una persona convocante o no, está mal. No lo celebro, no me pone contento y me entristece mucho.

Emanuel Respighi/Página 12-Espectáculos

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