Darío Grandinetti de gira nacional con su obra El Escritor de Todas las Cosas

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El tiempo pareciera transcurrir de manera circular para Darío Grandinetti. Al menos en su vida artística. Es que en agosto de 1976, con apenas 17 años, un adolescente que se debatía entre el teatro y el fútbol, debutó en Tartufo de Moliere, en la sala de Empleados de Comercio de Rosario. Fue la confirmación de que su pasión por Newell’s iba a limitarse al lugar del hincha y no del futbolista. Cincuenta años después de aquella función, numerosas películas, series y obras de teatro, Grandinetti vuelve a estrenar en su ciudad natal, esta vez con El escritor de todas las cosas, un unipersonal con el que iniciará una gira por el país cuyo punto de partida será el viernes 7 de agosto en el teatro La comedia de Rosario.

“Lo primero que elaboré con el tiempo fue que aquel día en el que debuté en Rosario, descubrí por una cosa que hice que no estaba escrita, un gesto del que no me acuerdo bien cuál fue, que la gente se rió mucho. Fue maravilloso. Sentí que me prestaban atención, que tenía la sartén por el mango”, le dice a Página/12.

-¿Eso te gustó?

-Evidentemente… Todavía quería ser jugador de fútbol. Y aún, habiendo empezado a hacer teatro, tuve la chance. Fui a probarme a Newell`s, me fue bien, quedé de nueve. Tenía que volver. Pero ya había empezado a hacer teatro y yo me sentía cómodo. Me costaba menos esfuerzo. Quiero decir: para jugar al fútbol tenía que ir a entrenar, dejar de fumar, acostarme temprano. Dejar de hacer un montón de cosas que al teatro no le molestaba.

-Al contrario. Había cosas que se creían que eran un buen maridaje con la actuación.

-Se suponía que sí. Tenías que fumar, chupar, acostarte tarde, tener novia… Y además trabajaba a la mañana, como empleado de la Junta de granos. Y bueno, eso también pesó. Pero me sentía cómodo actuando, no me costaba mucho, me gustaba eso y me relacionaba armoniosamente.

-Y hoy cuando no actuás, ¿sentís que te hace falta la herramienta?

-No, no, no.

-¿No sos de los que dicen “voy a morirme arriba de un escenario?

-No, ni en pedo me quiero morir arriba de un escenario. Quiero evitar ese momento patético. No, yo no sufro cuando no actúo. Puedo vivir sin actuar. Alguien me dijo, “sí, claro, lo decís porque nunca tuviste grandes períodos sin hacer”…

-¿Puede ser?

-Bueno, depende a lo que sean grandes períodos. Me he pasado meses y meses sin actuar y con necesidad de laburar. Pero no sentía esa cosa de “ay, necesito subirme a un escenario” y ponerme a actuar en mi casa para un público imaginario.

Escrita y dirigida por Javier Daulte, El escritor de todas las cosas invita a un viaje íntimo y conmovedor por la vida de un hombre que hizo de la escritura una manera de transitar por este mundo. Un monólogo en el que los recuerdos personales se entremezclan con humor y emoción, en el que la palabra se revaloriza como una de las principales herramientas humanas para brindar amor, dañar, consolar y hasta salvar de situaciones oscuras a quienes saben conjugarlas.

“Con una mirada profundamente humana y sin golpes bajos, la obra reflexiona sobre el paso del tiempo, la memoria, los vínculos familiares, el amor y la necesidad -aun incomprensible- de crear. ¿Para qué escribir? ¿A quién le sirve? ¿Qué responsabilidad implica poner palabras en circulación? El escritor de todas las cosas es una pieza sobre la fragilidad y la potencia de la ficción, sobre el miedo a haber perdido el tiempo y la intuición de que, incluso en los lugares más impensados, las palabras pueden ayudarnos a encontrar alguien”, reflexiona el autor.

El escritor… es, en realidad, un demorado proyecto conjunto entre Grandinetti y Daulte. “Hace 20 años que venimos hablando de esto, cuando por primera vez le pedí a Javier que me escriba algo para subirme a un auto y hacer gira”, explica Grandinetti. “Lo que más me gusta del teatro es hacer gira. Por H o por B, porque él estaba complicado, porque yo estaba con otro proyectos, se fue posponiendo. Y el año pasado nos juntamos, fuimos a morfar y hablamos un rato largo y apareció esta obra. Siempre la idea fue hacer gira. Estoy muy entusiasmado. Yo sé que me va a agarrar el cagazo cuando esté por estrenar, me va a movilizar, porque cuando prensamos en estrenarla en Rosario no nos dimos cuenta que justo cumplía 50 años actuando. Es más, si me hubiera acordado de entrada, a lo mejor hubiera decidido estrenar en el teatrito donde debuté”.

-¿Qué va a contar El escritor de todas las cosas?

-Me gustó la idea de que fuera sobre un escritor. Un escritor especial que cuenta que se gana la vida escribiendo de todo, sobre todo esas cosas que uno dice “¿y esto quién lo escribe?» Por ejemplo, una etiqueta de vino. Un malbec reserva, por ejemplo. Se llama a un tipo para escribirlo, no lo escribe el enólogo ni el dueño de la bodega. O los carteles de la vía pública, ¿quiénes los escriben? Alguien los escribe. Los sobrecitos de azúcar, los carteles en los aeropuertos. Y paralelamente el tipo va contando una historia personal que lo atraviesa y con la cual también ha hecho literatura. Yo le tengo miedo a la palabra “profundo”, pero habla del valor de la palabra, del amor, de cómo se aferra uno en su oficio a algo que lo salva de lo que está sufriendo. Pero sin ninguna solemnidad, es un tipo que le cuenta a la gente su historia. Me gusta mucho porque tiene cosas que a mí me conmueven, además, y creo que esto mismo lo puede contar cualquier creador, un músico, un escritor, un actor, una actriz, un escultor, un pintor, de cómo relaciona su vida con el arte, si se quiere también para tapar agujeros o para salir de ellos.

-El arte como medio para entretener, pero también para ayudar a salir de situaciones humanas complejas.

-El arte tiene un valor cultural y de guardián de la memoria enorme. No es casual que el arte les moleste tanto a los fachos. El teatro es nuestro gran refugio. Es un refugio para el público también, para gente que quiere ver cosas, que necesita escuchar o ver cosas que lo ayuden a algo, aunque sea a no pensar durante esa hora y media, a reírse, a reflexionar, lo que sea. Y también es eso, un espacio espiritual que no tiene por qué servir para algo. La obra también plantea esa cosa utilitaria que hoy todo debería tener. ¿Para qué sirve? ¿A quién le puede servir? A nadie, no sé, no me importa. Yo no lo hago pensando en su utilidad. Lo hago porque lo necesito. Y después, uno puede llegar a la conclusión de que si uno lo hace con verdad, con compromiso, es más fácil que le sirva a otro, o puede ayudar a alguien. Pero no es mi objetivo. Yo no me dedico a esto para salvarle la vida a nadie, ni siquiera para cambiarle la vida a alguien. Pero por ahí para cambiarle la mirada de algunas cosas, ¿no? Pero no alcanza con el teatro para que la guita llegue a fin de mes o para conseguir trabajo si alguien no lo tiene. Además, ese ni va al teatro porque no tiene un mango…

-¿Pero no creés que el arte puede servir para vivir o sobrevivir?

-Sí, pero uno actúa porque es útil para uno. Nosotros elegimos estos oficios porque necesitamos hacerlo nosotros por algún motivo. No pensando ni en la guita ni en ganar… Habrá alguno que sí, porque mercenarios hay en todos los oficios.

El valor de la palabra

-El protagonista de la obra hizo de la palabra un modo de vida. ¿Es casualidad que esta obra se estrene en este momento, cuando pareciera que la palabra está bastardeada en la escena pública?

-Yo respeto mucho el derecho de opinar, pero eso no te da derecho a opinar cualquier cosa. Es decir, no estás libre de tener cualquier opinión. Estás libre de opinar. Ahora, la opinión tiene que estar fundamentada. “Ah, es lo que yo opino: Fulano es un hijo de puta o un ladrón”… Y se resguarda en que es su opinión. Y de esos hay muchos… Hay un montón de cosas que están escondidas detrás de la supuesta libertad de opinión y de expresión. Me parece muy bien que se siga militando eso, pero no podés decir cualquier cosa. Y mucho menos si tenés un fierrito en la mano o escribís para un medio que lee mucha gente o poca, no importa…

-¿Y el unipersonal revaloriza la palabra?

-Sí, habla de eso: de la importancia de la palabra que tiene para el que la escucha, pero sobre todo también para que el que la necesita para salir de algo de lo que está empantanado, para avanzar hacia algo que no puede, para exorcizar tabúes, fantasmas, cuestiones personales. Este tipo está atravesado por algo personal que nos vamos a ir enterando en grageas. Y utiliza la literatura para salir de ahí. Es un oficio que en el tipo no puede abandonar, hace cosas para ganarse la vida, pero la historia que quiere contar es otra, una muy personal que lo atraviesa.

-¿Hay algo autobiográfico?

-El otro día en una pasada que hicimos con amigos, alguien dijo “van a creer que es tu historia”. Tiene mucho de biográfico. Y Javier después se dio cuenta que había cosas muy parecidas a lo que me pasó a mí. Lo que me gusta es que eso aparezca sin buscarlo. Esa es la memoria sensorial de la que se habla, la memoria emotiva. La verdadera, la que aparece, la que llevás adentro tuyo, no la que vas a buscar. A mí me gusta más la que aparece naturalmente. Así que va a parecer autobiográfica y no lo es. Tiene casualidades pero no cuento nada sobre mí.

-Con cincuenta años de historia, ¿aparece todavía el cosquilleo previo a subirse al escenario?

-Sí, hay. Pero me gusta el estreno, esa cosa que a muchos ponen nervioso. No es que me relaje, pero me gusta esa cosita que me pasa, saber si hay compañeros o compañeras que vinieron a ver la obra. No me inhibe. Me pone cachondo, como se dice. Hay compañeros y compañeras con los que trabajé que no quieren saber quiénes están en la platea. Ahora, el día del estreno, sobre todo de un monólogo, hay un cosquilleo… Me acuerdo que en Novecento había algo más, porque además es una zambullida y no salís más de la pileta hasta el final. Es decir, no hay cambio de ropa, respiro ni compañero que te dé una mano. Me encanta.

Panorama cruel

-¿Cómo ves el país?

-Lo veo. Yo vivo en Rosario y tengo amigos que viven en distintas partes del país. Cuando estoy trabajando en España estoy en contacto. Sé lo que pasa. No tengo nada nuevo para decir respecto de lo que decíamos algunos, muchos, muchas, antes de que se votara esto. Está pasando lo que -peor todavía- lo que muchos decíamos que iba a pasar. “Peor” porque a lo que está pasando se le suma la perversión en sí, la crueldad con la que dicen cosas, la mentira, cómo desvían la atención, cómo convencen a la gente, por ejemplo, de que el cine se hace con dinero del presupuesto. Todavía hay gente que lo cree. ¿Por qué? Porque todavía hay gente que machaca con eso. Gente que sabe que no es verdad y lo dicen igual.

-No es un error.

-No, lo saben. Si no lo saben, deberían saberlo teniendo en cuenta el oficio que están desarrollando. No pueden no saberlo. Están haciendo mal su laburo. El dinero del cine sale del cine, de un porcentaje de las entradas vendidas en los cines. Quiero que lo recalquemos, porque así como ellos machacan con que con ese dinero haríamos hospitales… Por otra parte, esas cosas importantes que se supone que hay que hacer ahora que tienen incautado el dinero del Incaa no las hacen, es mentira. Eso sale del cine, no del presupuesto. Y otra cosa muy importante: el cine no lo hacemos o los actores y las actrices. Entre todos los trabajadores de una película, las actrices y los actores llegamos al 10% de los trabajadores que hacen una película. El resto son técnicos, carpinteros, vestuaristas, trabajo indirecto… Es una industria, y hay mucha gente que vive de ella. Pero estos gobiernos desindustrializan, con el agravante de que el cine y las artes en general le meten el dedo en el culo todo el tiempo, históricamente. Y yo entiendo: si Picasso hubiese pintado el Guernica resaltando los bombardeos, yo odiaría Picasso. Bueno, es eso. ¿Qué gran obra, qué gran artista ha exaltado las cagadas que se han mandado estos señores a largo de la historia de la humanidad? A ver, ¿hay algún Antonio Berni que pinte Javiercito, el peluquín? No, pintó Juanito Laguna. Eduardo Galeano escribió en contra de la explotación y de la conquista.

-¿Lo que les molesta es el pensamiento?

-Y… cuanto más boludos seamos todos, más posibilidades tenemos de votar a estos impresentables. Pero es la democracia. Uno vota. Lo que trae aparejado esto también es que utilicen la palabra “política” para enmarcar en eso todo lo que les parece mal, todo con lo que no están de acuerdo… “ay, no metan la política”, dicen. Pasó eso con la bandera sobre Malvinas de la Selección… ¡Eso no es política, hermano! Pero lo hacen a propósito. Hablábamos del valor de la palabra… ¿Cuál es la libertad de palabra y opinión que hay hoy si cuando pensás distinto te atacan de todos lados? El país está metido en esta ola de la geopolítica mundial, de la derechización y del desprestigio de los valores, de echarle la culpa a los inmigrantes… Todo esto que venimos sufriendo hace tiempo. Lo que pasa es que hace unos años estaban escondiditos abajo de la mesa.

-¿Y qué considerás que cambió en la sociedad para que haya cierto consenso de la crueldad?

-¿Hay algo más salvaje que pegarle a un jubilado? Todos los miércoles le pegan a los jubilados, le pegaron a los discapacitados… Les pegan a los viejos, a los maestros, le tiran gas pimienta a una nena en la cara, le pegan a una señora de 80 años, se burlan… Aunque no de todos, porque además son cagones y misóginos.

-¿Vos cómo te consideras políticamente?

-“Crisnerista”… Resaltando los valores peronistas.

-¿Considerás que la dirigencia política que te representa está a la altura de las circunstancias o le hace el caldo al gobierno de Milei?

-Al círculo rojo diría. Yo creo que Milei no gobierna.

-¿Es un instrumento?

-Sí, porque si no no estarían Sturzenegger, Caputo y la Bullrich a los que puteó hasta último momento. A esos tres, que son los que deciden todo, se los pusieron durante el mes que estuvo encerrado en un hotel… Ahí se cortó todo el bacalao y se le dijo “esto va a ser así”. Y yo creo que ese muchacho no está capacitado. Nada más que para decir las cosas que dice y para ser cruel luego con las cosas que deciden los demás. Es el círculo rojo, son lo mismo que manejaban todo durante Macri, la derecha… También durante el menemismo. Por eso yo aclaro que soy kirchnerista porque el supuesto peronismo de Menem no me representa para nada. Y creo que nuestro espacio ha decidido dormir una siesta en un momento en que hay que estar alerta y activo. Hay que dejar de lado un montón de cosas que no estoy muy seguro que sean solamente ideológicas. Algunas cosas pueden serlo, pero me parece que hay cosas personales que empiezan a teñir un poco el debate y que espero que se limen, porque si no la historia los va a condenar mal. La política argentina se ha llenado de gente inepta e incapacitada.

-¿Y tenés fe?

-Sí, tengo confianza. ¿Sabés cuándo más fe tengo? Cuando estoy afuera. Porque afuera veo lo que mucha gente ve menos desde acá adentro: el respeto que hay por un montón de cosas que se han hecho y se hacen en la Argentina a nivel cultural, científico, político, social…

-¿Percibís que ese reconocimiento en el exterior?

-Sí, yo notaba la sorpresa de amigos y amigas españolas cuando ganó este muchacho que me decían, “pero ¿cómo?”. No podían creer que pasara eso en Argentina. Con la historia que tiene la Argentina, con los juicios a las Juntas, los derechos adquiridos, cuando empezaron a meterse con el cine, con la importancia que le dan al cine argentino, al arte argentino en general desde hace mucho tiempo… En España se han ganado la vida Norman Briski, Héctor Alterio, Norma Aleandro, Marilina Ross, que hicieron que después nosotros pudiéramos ir a laburar ahí. La admiración y el respeto por nuestro arte, desde hace mucho tiempo. Eso se ve afuera, eso a mí me da confianza. No podemos dormir la siesta tanto tiempo frente a estos perversos… Porque son gente perversa, cruel. Esto es lo que más lastima.

-El presidente del Incaa, Carlos Pirovano, justificó el desfinanciamiento diciendo que “a lo mejor el cine tiene que morir” y que ver varios recortes de una película en TikTok es como verla completa.

-Es como si un panadero dijera que va a dejar de existir el pan. Lo que este señor dice es muy parecido a lo que dicen sus jefes: que el Estado no va a existir. Tener un señor al frente del Incaa que diga que viendo 10 minutos en TikTok ya viste la película… “No más preguntas, señor juez”. O tratar de justificar que aquí se hace menos cine porque en Uruguay los menores de edad pueden trabajar seis horas y acá cuatro, lo cual también es mentira, porque en Uruguay tampoco puede trabajar todo el tiempo que quieran… Ni siquiera eso es verdad. Y decir que el cine va a morir, ¿hace falta que uno diga algo? No hace falta clasificarlo. ¿A alguien le puede parecer respetable el tipo?

-Pero tiene la libertad de decirlo.

-Claro, ¿entendés? Eso se enmarca en la libertad de opinión, que para algunos incluye opinar boludeces.

Las fechas de la gira

La gira nacional de El escritor de todas las cosas tiene una particularidad: tendrá una única función en cada ciudad en la que se presentará. El recorrido comenzará el 7 de agosto en Rosario, en el teatro La Comedia, en un viaje que incluye los siguientes destinos:

-Sábado 8/8: Teatro Luz y Fuerza (Santa Fe)

-Domingo 9/8: Teatro Danta (Casilda)

-Sábado 15/8: La Ranchería (Junín)

-Jueves 27/8: Teatro Municipal (Río Cuarto)

-Viernes 28/8: Teatro Real (Córdoba)

-Sábado 29/8: Teatro Verdi (Villa María)

-Jueves 3/9: Teatro Español (Cañada de Gómez)

-Viernes 4/9: La usina (Paraná)

-Viernes 11/9: Teatro Municipal (Olavarría)

-Sábado 12/9: Radio City (Mar del Plata)

-Domingo 13/9: Teatro Unions (Dolores)

-Viernes 19/9: Teatro Municipal (San Juan)

-Sábado 20/9: Teatro Independencia (Mendoza)

-Jueves 24/9: Teatro Maipú (Banfield)

-Viernes 25/9: Teatro Metro (La Plata)

-Sábado 26/9: Teatro Gran Pilar (Pilar)

-Domingo 27/9: Teatro Brazzola (Chascomús)

Emanuel Respighi/Página 12-Espectáculos

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