
Lautaro Delgado Tymruk -entre otras cosas, el actor que deslumbró en Seré, una de las obras más originales acerca de la última dictadura- afianza su camino como director teatral. Después de aquella pieza, codirigida con Sofía Brito, y de El corazón del mundo -que tuvo una primera versión en pandemia y luego fue reversionada junto a ella- presentó en el Teatro San Martín su tercer trabajo, La habitación desconocida, una desgarradora radiografía del duelo amoroso. Con una temática íntima en el centro, el director la define, no obstante, como “una obra política”.
En el origen, el proyecto tenía otra forma. Lautaro iba a actuar junto a Julieta Vallina. Los había convocado el autor del texto, Gonzalo Martínez, en la pandemia. Vallina murió muy joven, en junio de 2022, justo cuando decidieron que no iban a esperar la reapertura de las salas para comenzar a ensayar. “Nunca había trabajado con Julieta y es una actriz que admiro; era un honor para mí”, se lamenta Lautaro.
Unos años más tarde, consultó a Gonzalo si pensaba retomar la obra. El respondió que no, que le había resultado muy “duro” el fallecimiento de la actriz y que le parecía que estaba incompleta. Fue entonces cuando Delgado Tymruk decidió apropiarse de ella como director, y eligió a Sofía Brito y Guillermo Angelelli -también en El corazón del mundo, texto de Santiago Loza- como intérpretes. Por cuestiones de programación, el material tardó dos años en llegar a la Cunill Cabanellas (Avenida Corrientes 1530, de miércoles a domingos a las 19.30).
Paula y Horacio abren las puertas de la casa antes compartida para abrir y mostrar su herida. La habitación desconocida es la radiografía de un duelo, aunque también puede ser vista como un documental apócrifo sobre un matrimonio que se separa y que da cuenta de la caída del orden familiar -ellos tienen hijos-. “En algún punto es muy amorosa. Creo que en esa fractura que se ve, ese hueso roto, quebrado, empezás a ver el callo. Si pensáramos a la obra como una herida, un tajo en la piel y viéramos el desangrar, el cuerpo mismo empieza a coagular la sangre y generar la cicatriz. Ya no duele, pero está ahí y es el recuerdo que queda en el alma. Más allá del rompimiento de ese proyecto de vida, esta pareja puede volver a mirarse, volver a hablar, y ese camino que hicieron juntos va a estar siempre”, reflexiona el actor, quien se prepara para llevar Seré a España. Además, la obra volverá en agosto al Teatro del Pueblo.
-¿Qué te interesó del texto como para dirigirlo? ¿El tema, la forma, lo que te posibilitaba escénicamente…?
-Las tres cosas. De lo que hablaba, que tiene que ver con esta pareja que formó una familia y un proyecto de vida que se interrumpe. Ese desarmado de lo familiar, pero sobre todo el desgarro amoroso. Me interesaba mucho como estaba contado ese desangramiento, esa pérdida del amor del uno y del otro. Hay algo muy real, muy brutal, muy rabioso de los personajes y tiene como una forma que me interesa porque es la de un testimonio. Evidentemente me gusta trabajar con testimonios. Seré es un testimonio. El corazón del mundo no es un testimonio, pero es un texto expositivo. Acá son dos sujetos que exponen lo que pasó y y lo que sienten. A partir de eso veo en la obra algo que está hablando más allá de la pareja, que desborda ese dúo. Habla también de un sujeto social y de algo que nos está atravesando a nosotros como sociedad. Lo pongo de alguna forma en el prólogo y en los carteles que van apareciendo en el transcurso de la obra. En cuanto a la forma se me apareció mientras estaba trabajando con el texto, leyéndolo, dándolo vuelta, viendo por dónde podía abordarlo. Opera con un mecanismo que me disparó un juego con lo espejado, lo traslúcido.
-¿En qué sentido la obra trasciende lo íntimo de una pareja?
-Es un experimento escénico que refleja el experimento social que estamos viviendo. En el prólogo nombro que estamos viviendo en la última etapa de la humanidad, la última versión de lo humano, el homo desesperus, un sujeto social atravesado por la angustia y la desesperación. Se dice que en las etapas de la historia se necesitaron esclavos, luego trabajadores y ahora deudores. Lo que le pasa al de al lado en algún momento te va a pasar a vos, indefectiblemente. Si no se modifica este aparato de desmantelar un futuro que nos convoque y que tenga que ver con el bien común… ahora es el sálvese quien pueda, la ley de la selva. La habitación desconocida es una obra política también. Estos sujetos no pueden consigo mismos. Hay algo en lo social que no habilita la escucha, ponerse en el lugar del otro. Lo que vivimos día a día también es el ruido, la rumia mental de cómo hacer para llegar a fin de mes y de la disolución del lazo, de todo lo fraterno.
-Entonces, la obra no es tan distinta de las anteriores como parece…
-Para mí, estas tres obras forman parte de una misma pieza. Operan de una forma muy brechtiana, con un procedimiento para lograr cierto efecto. Y el procedimiento tiene que ver con la ilusión: óptica, sonora o con esto de ¿qué es lo que está delante de mis ojos? En Seré la pregunta es quién está actuando. En El corazón del mundo, qué es lo que estoy viendo. ¿Es sueño, realidad, ilusión, espejismo? La habitación desconocida es una síntesis de Seré y El corazón del mundo. Es como una tesis, una antítesis y una síntesis. Las actuaciones son hiperrealistas y sin embargo la obra está atravesada por un artificio, por un sistema de reflejos que vos ves. Aparte los actores manipulan la escena, la escenografía, los objetos; aparece la cuestión del metateatro. Entonces: “no me olvido de que estoy viendo teatro”. Sin embargo me puedo conmover. Ese choque con la sugestión que provoca la magia del teatro atraviesa las tres obras.
-¿Qué efecto genera eso en La habitación…?
-Cuando uno se separa de una persona después de muchos años cambia totalmente la escena: empezás a vivir en otro lado, esa casa que era tu casa ya no es tu casa, tenés que construir otro hogar, entonces tenés que construir otra escenografía y tu escena cotidiana ya no es tu escena cotidiana. Entonces, la pregunta que opera en las tres obras es: ¿quién sos? Yo estuve casado 18 años y cuando me separé fue uno de los momentos más dolorosos de mi vida, tuve una depresión muy fuerte. Hoy día lo veo con la distancia, pude pararme nuevamente sobre mis pies, pero en ese entonces realmente no sabía dónde estaba parado. Era porque se me había perdido mi obra de teatro. Lo interesante también es darnos cuenta de que nosotros somos una construcción de lo que imaginamos, de lo que anhelamos, de nuestro entorno, nuestra historia y cultura. Esto que creemos tan natural es totalmente cultural, está construido y por ser una gran ficción no deja de ser hermosa y no tiene por qué dejar de ser amorosa. Creo que el ser humano tiene que luchar por que la construcción del futuro sea eso, que el mundo vuelva a ser un lugar hermoso, que vuelva a tener magia y vuelva a ser un lugar donde lo fraterno, la preocupación y el amor por el otro sea posible.
María Daniela Yaccar/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón