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Imperdible: Egiptología y Egiptofilia en la Academia Nacional de Bellas Artes

Imperdible: Egiptología y Egiptofilia en la Academia Nacional de Bellas Artes

La exposición se fundamenta en una rica tradición nacional que integra la investigación científica, la literatura y las artes visuales vinculadas al antiguo Egipto. Este proyecto de exhibición se origina en la presencia, en la Academia Nacional de Bellas Artes (ANBA), de una parte significativa de la biblioteca de los coleccionistas y protagonistas del círculo cultural porteño Alfredo González Garaño y Marieta Ayerza. Entre ese material, se destaca una serie excepcional de fotografías que el matrimonio y su amigo Tomás Le Breton —entonces embajador argentino en Francia— tomaron durante una expedición a Egipto, que los llevó a remontar el Nilo desde El Cairo hasta Abu Simbel, entre diciembre de 1925 y abril de 1926. Los viajeros portaban una pequeña biblioteca —hoy patrimonio de la ANBA— compuesta por la bibliografía francesa más actualizada en egiptología de la época. Entre sus autores principales se encontraban Alexandre Moret y Gaston Maspero, cuyas obras consultaron y anotaron durante la travesía.

Del acervo documental de los González Garaño, la muestra presenta cartas manuscritas, libros, cuadernos de notas y fotografías adquiridas en el viaje. Estas imágenes despliegan magníficos paisajes y logrados retratos de habitantes de Egipto y Sudán. Además de su valor artístico, el conjunto evidencia su importancia como testimonio documental de una experiencia de viaje característica de las elites culturales rioplatenses de comienzos del siglo XX.

Los testimonios de aquel viaje permiten, además, inscribir el episodio de 1925-1926 en una extensa secuencia histórico-cultural. Esta se inicia con los viajeros argentinos del siglo XIX, inspirados por los modelos franceses y británicos, no solo en el impulso de conocer las ruinas del antiguo Egipto, sino también en la práctica de redactar y publicar relatos y reflexiones. Figuras de la Generación del 80 —Dardo Rocha, Lucio V. Mansilla, Pastor Obligado, Juan Llerena y Eduardo Wilde—, junto con el ingeniero uruguayo Luis Viglione, amigo de Francisco P. Moreno y autor de Cartas de Nápoles, Alejandría y Cairo de Egipto (publicado en Buenos Aires, en 1890), constituyen antecedentes esenciales evocados en la muestra. A esta tradición se suman, ya en el siglo XX, Oliverio Girondo, Xul Solar, Manuel Mujica Láinez y Jorge Luis Borges, quienes reinterpretaron el legado egipcio como símbolo, mito y enigma cultural.

En la propuesta expositiva se destaca una rica selección de obras y piezas procedentes de instituciones argentinas que colaboraron mediante préstamos. Algunas de ellas son el Museo Etnográfico de la Universidad de Buenos Aires, el Museo de La Plata, la Colección Fortabat, el Museo de Calcos y Escultura Comparada Ernesto de la Cárcova, el Museo de Arte Oriental, el Museo Nacional de Arte Decorativo y el Museo Municipal de Bellas Artes de Tandil, que alberga una importante colección de arte donada por Mercedes Santamarina.

Los materiales que hemos reunido —calcos, objetos arqueológicos, ediciones antiguas, fotografías históricas y documentación especializada— permiten situar la tradición egiptológica argentina dentro de un entramado de investigación, conservación y exhibición que se extiende por todo el país.

En este grupo adquieren especial relevancia algunos objetos que forman parte destacada de la exhibición. Entre ellos se encuentra el llamado “Papiro Buenos Aires”, conservado en el Museo Etnográfico de la Universidad de Buenos Aires, uno de los documentos egipcios más antiguos del país y pieza central para los estudios locales de la escritura hierática y de las prácticas administrativas del Imperio Nuevo. También se presenta el sarcófago donado por Dardo Rocha al Museo de Ciencias Naturales de La Plata, un objeto singular tanto por su calidad como por su historia de colección, pues es la primera pieza egipcia en un acervo público argentino. Completa este núcleo inicial un conjunto de calcos académicos provenientes de distintos museos y talleres especializados, entre los que se destacan las reproducciones del Zodíaco de Dendera, de la Piedra de Rosetta y del busto de Nefertiti, cuya amplia circulación en ámbitos pedagógicos y museográficos desde fines del siglo XIX contribuyó decisivamente a la difusión local de los grandes íconos del arte y la cultura del antiguo Egipto.

Los especialistas Diego M. Santos y Marcelo Campagno han examinado con rigor las piezas del antiguo Egipto de las instituciones mencionadas, y que se presentan al público en el Museo Nacional de Bellas Artes. El conjunto demuestra un interés en el Egipto faraónico ya hacia mediados del siglo XIX, que derivó en la formación de una escuela historiográfica argentina dedicada al Cercano Oriente antiguo, con proyección internacional, consolidada en las universidades de Buenos Aires y La Plata.

El fundador de esa escuela fue Abraham Rosenvasser, cuyos estudios sobre la tradición jurídica bíblica, la religión de El Amarna y los textos egipcios del Imperio medio y tardío —incluidos documentos jeroglíficos presentes en la Argentina desde 1840— alcanzaron gran repercusión. Por esa trayectoria, la UNESCO confió a Rosenvasser la dirección de la Misión Franco-Argentina encargada del salvataje arqueológico y documental del templo de Ramsés II en Aksha, en la antigua Nubia (actual Sudán), en el marco de la célebre campaña internacional vinculada a la represa de Asuán. La expedición se desarrolló entre 1961 y 1963, y los trabajos sobre el material trasladado a la Argentina comenzaron en 1977, año en que se inauguró la sala del Museo de La Plata donde aún se exhiben las piezas recuperadas. Un estudio de la egiptóloga Perla Fuscaldo documenta con precisión el alcance y el significado de esa intervención.

En los años posteriores, discípulos de Rosenvasser prosiguieron su labor en las excavaciones del Sinaí y en diversos sitios del delta del Nilo, además de ampliar la producción historiográfica especializada. Gracias a la continuidad de estas investigaciones, la egiptología argentina aparece como un actor destacado en el panorama académico internacional, con una red de instituciones, colecciones y bibliotecas que sostienen y proyectan este legado.

En diálogo con las piezas y materiales exhibidos, la muestra subraya el notable acervo bibliográfico argentino sobre el antiguo Egipto conservado tanto en bibliotecas públicas como institucionales. La Biblioteca Nacional, la Biblioteca del Museo Mitre y la de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires resguardan ediciones fundamentales para la historia de la disciplina: obras de Jean-François Champollion, la monumental Description de l’Égypte, los repertorios de Karl Richard Lepsius y los álbumes litográficos de David Roberts, considerados entre las grandes “monumenta” de la egiptología occidental. En este corpus sobresale, por su relevancia histórica y patrimonial, el Atlas de Ptolomeo del Museo Mitre, ejemplar que perteneció al propio Bartolomé Mitre y que constituye una pieza clave para comprender la transmisión renacentista del conocimiento geográfico del mundo antiguo, así como la recepción temprana de ese saber en la cultura erudita rioplatense.

Con el correr del siglo XX, la admiración inicial por el antiguo Egipto se expandió más allá de los círculos eruditos y penetró en la cultura popular, para dar forma a una egiptofilia local que abrevó en el pasado faraónico para alimentar la sensibilidad rioplatense. Canciones y películas, entre otras producciones, revelan que la fascinación argentina por la tierra del Nilo no solo impulsó vocaciones académicas y colecciones museográficas, sino que también fue, y continúa siendo, un modo singular de apropiarse de un legado milenario y reescribirlo en clave local.

Sergio Baur y José Emilio Burucúa *

Curadores de la exposición Ciencia y fantasía. Egiptología y egiptofilia en la Argentina, que se exhibe en el MNBA (Libertador 1473), hasta el 19 de abril. Texto escrito para el catálogo. Baur es Profesor en Historia, diplomático de carrera y presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes. Burucúa es doctor en Filosofía y Letras, ensayista e historiador del arte.

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