
Ya se convirtió en un subgénero casero: “Veamos una de Coronado”.
Es que el gran actor español, reconocido en su país desde hace años, pegó el gran salto internacional gracias sus protagónicos en ficciones de Netflix y que dieron que hablar en varios países, principalmente en la Argentina, donde lo ha encontrado seguido en el Top Ten de las más vistas de la plataforma. Así sucedió con Vivir sin permiso o con Entrevías, por citar sólo dos. Este viernes desembarcó al frente de El problema final, una miniserie que se consume de un bocado: cuatro episodios, y el misterio y el glamour de una vieja época como ganchos.
Basada en la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte, la miniserie se enmarca en el thriller, aunque se permite varias licencias en su puesta en pantalla: sin bien hay crímenes por resolver, hay un sutil humor de fondo, y un claro guiño a ese gran personaje de ficción que fue (y seguirá siendo) Sherlock Holmes -creado en 1887 por el escritor británico Arthur Conan Doyle-, un detective capaz de descubrir cualquier tipo de enigmas, secretos y entramados que asoman como imposibles.
Aquí no hay un Sherlock Holmes, pero sí lo hubo en la vida de Benjamin Basil, el actor que interpreta José Coronado en El problema final. Entonces, cuando Basil entra en acción en el arranque de la serie que llegó el viernes a Netflix muchos lo reconocen como el Holmes que lo llevó a un gran pico de popularidad en España. En un lobby de hotel se cruza con un ex productor de cine que le propone un nuevo trabajo inmediato, algo que Basil considera como para volver al ruedo, porque se sentía “retirado”.
Da el sí con dudas, se embarcan hacia un destino al que nunca llegan y en medio de la travesía marítima una cuestión climática los obliga a cambiar de rumbo y tocan tierra en una isla que, según el guión, está ahí nomás de Mallorca, pero en en realidad se trata de la idílica geografía de Lloret de Mar, en la Costa Brava. Ahí sólo hay un hotel, muy pocas personas y en un chasquido quedan menos: de entrada, alguien muere.
Lo lineal de los tres primeros episodios no molesta: se va pintando quién es quién y cómo son las alianzas entre los pocos habitantes, como si se tratara de un Gran hermano bien hecho, no como el último que se realizó en la Argentina, ya que no hay contacto con “el afuera”, en este caso el resto del mundo… pero sí se puede andar, esconder y coquetear por la isla.
También es cierto que lo lineal se ve salpicado un poco con la cantidad de sospechas que van de uno a otro y ponen al espectador en ese lugar de detective que quiere saber quién es el asesino. Aquí no hay mayordomo y eso ayuda a jugar con las hipótesis. Una lástima que lo que pintaba para Muy bueno o tal vez Excelente se quede en el Bueno, que no está mal, pero una ficción con tamaño elenco -muy buen nivel de actuaciones- y con Coronado a la cabeza, que se luce como siempre, hacía imaginar otro final, Pero el problema, como dice el título de la serie, está al final.
Silvina Lamazares/Clarín-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón