
¿Qué vemos cuando no vemos? Hay que cerrar los ojos (o no) para transportarse hacia el año 1014. El triunfante Imperio Bizantino derrota a los búlgaros en la batalla de Klyuch y el emperador Basilio II orquesta una humillación simbólica: ordena arrancar los ojos de los quince mil soldados enemigos y después los envía de vuelta a Bulgaria. El mexicano David Toscana ganó el Premio Alfaguara de Novela con El ejército ciego, definida como “una gran épica de los vencidos” por el jurado de esta edición, integrado por los escritores Jorge Volpi, Agustina Bazterrica y Brenda Navarro, el periodista Oscar López, la agente Camila Enrich y la editora Pilar Reyes. Toscana recibirá 175.000 dólares y la obra premiada se publicará el próximo 26 de marzo de forma simultánea en España, Estados Unidos y América.
Toscana (Monterrey, México, 1961), que vive en Madrid y estuvo presente en la ceremonia de premiación, sucede al argentino Guillermo Saccomanno, que ganó el Premio Alfaguara el año pasado con Arderá el viento. “Uno crea una alegoría y se sustenta en las raíces clásicas de la literatura. Después, la novela habla por sí misma. Aunque los hechos ocurrieran hace 1.012 años, sé que esta novela va a hablar de nuestra época”, declaró Toscana y contó que El ejército ciego parte de un párrafo de un cronista bizantino Juan Escilitzes, del Skylitzes Matritensis. “Skylitzes habla de 15.000 ciegos y yo me preguntaba cómo escribir una novela con 15.000 personajes. Fui cortando y me quedé con 10, 12, 15 personajes. Eran los que necesitaba para escribir esta historia. Un historiador polaco dijo que este no era material para un historiador sino para un novelista. El centro de la novela es qué vemos cuando no vemos”, agregó el escritor mexicano que en 2023 obtuvo el Premio de la Bienal Mario Vargas Llosa con El peso de vivir en la tierra.
La novela de Toscana está narrada en primera persona por Kozaro El Escriba. Durante semanas, una columna de desarrapados recorre a tientas el largo camino hasta la capital búlgara, donde los recibe el zar Samuel, que ante el terrible espectáculo de sus hombres humillados y ciegos, cae fulminado por la pena. Lo sucede en el trono su hijo Gavril, heredero de un imperio amenazado que deberá defender haciendo uso de la astucia para elevar la moral del pueblo después de la última derrota. Los enemigos acechan, mientras en las calles de la ciudad los soldados intentan retomar sus vidas. Hay quien se esconde y guarda silencio, está el que descubre que sus manos pueden sustituir a la vista, algunos temen parecer monstruos y no falta aquel que hace un buen negocio vendiendo preciosas cuentas de cerámica que simulan ser ojos. Y entre todos ellos hay un escriba ciego que, incapacitado para copiar lo que ya fue escrito, vuelca en el pergamino una historia que crece en él: la de los quince mil ciegos y su inesperada revancha.
“Hay preguntas que más valdría no hacer. Y sin embargo la gente las hace -se lee en El ejército ciego-. Lo que más me preguntan es cómo quince mil hombres se dejaron sacar los ojos. No alcanza a ser una pregunta. Es un reproche. Su modo de tacharnos de cobardes. ‘Yo no lo hubiese permitido’, dicen. ‘Antes muerto que dejarme hacer eso’. Se arman historias mentales en las que apenas con los puños pelean contra sus verdugos y los vencen a todos. Les escupen, los muerden, los patean. Siempre muy osados. En su mente pueden escapar de cualquier trance. En la taberna cualquiera es el más valiente. En las bravatas de taberna todos hubiesen hecho algo sobrehumano de haber estado en nuestra situación. Pero no estuvieron”.
Silvina Friera/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón