
El Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC), en coproducción con Eco Eco, abre la temporada 2026 hoy con Geonnitus, una obra escénica híbrida que articula formas del concierto, la instalación y el dispositivo audiovisual en una única maquinaria performativa. La obra, que nació con la idea y coordinación de Marina Aizen y Pablo Schanton (Proyecto Eco Eco, iniciativa de Periodistas por el planeta), cuenta con la realización de Javier Areal Vélez, Cecilia Castro, Florencia Curci, Julián D’Angiolillo y Leonello Zambon, y con la colaboración artística de Carlos Lescano y Rodolfo Marqués.
Geonnitus es un neologismo ideado por Leonello Zambon -combina “geo”, tierra, y “tinnitus”, el fantasma de un sonido que ya no está pero persiste en los oídos- sobre los ruidos que aturden a la tierra: el tinnitus del que padece nuestro planeta. Ese ruido y esos temblores que se producen cuando la explotan, perforan y la presionan para extraer petróleo y gas mediante el fracking.
La obra se estrenó en el Festival Ruido (2024), en Vila Lynch, y ahora aterriza en la Ciudad de Buenos Aires tras un laboratorio de escucha situada en Vaca Muerta.
En esta nueva versión, la obra despliega un ecosistema industrial donde un quinteto de vientos y percusión se integran a una arquitectura de andamios. La estructura opera como un órgano neumático vivo, activado por motores, vibraciones, proyecciones y el ciclo hipnótico de pelopinchos en loop, reconfigurando los ensamblajes sonoros del extractivismo.
Cómo sigue la programación ‘26
La temporada 2026 del Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) abandona la rigidez de los géneros para abrazar la transdisciplinariedad, con un foco muy marcado en la identidad, la memoria física y la integración tecnológica.
Mi contundente situación de Diana Szeinblum (abril) propone transformar el contacto físico real entre padres, hijos y hermanos en materia coreográfica. Es un gesto de una honestidad radical, en un mundo digitalizado, poner el foco en el “cuidado” y lo “inseparable” sitúa a la danza como un refugio político y afectivo.
Danza y artes escénicas, la pieza de Florencia Werchowsky (septiembre), encargo del CETC, es otro de los aciertos: un coro se une a baineta. contemporáneos con el Ballet Estable del Colón. Este diálogo rompe la “muralla” entre el cuerpo académico y el experimental, bajo la potente música de Michael Gordon.
Otro encargo del CETC, Las ruinas de Juan Onofri Barbato (Octubre) propone una operación fascinante: usar figuras relevantes de la danza del silgo XX como Antonia Mercé y Kazuo Ohno para diseccionar la “identidad argentina” en una ópera experimental que viaja hasta el año 2050, con dramaturgia de Laura Sbadar y música original de Ailin Grad.
En sintonía con las búsquedas actuales que entienden a la “vocalidad” como un territorio de hibridación, donde el cruce entre la prosodia, el plano musical y el despliegue espacial permite que la voz actúe como una extensión del cuerpo y el paisaje, se inscribe la propuesta de Ciro Zorzoli, A orillas de sí misma (julio). La obra, gestada inicialmente en el Laboratorio de Creación del Cervantes, está basada en la novela Arroyo de Susana Pampín.
El CETC reafirma su rol como laboratorio de nuevas tecnologías, integrando la inteligencia artificial y el sonido inmersivo. La presencia de Alexander Schubert (junio) es, quizás, el punto más alto en términos de vanguardia técnica. No sólo por el estreno de sus obras, sino por el workshop de IA aplicada a la música. Y habrá más en un año de valiosas propuestas.
Laura Novoa/Clarín-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón