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Diez canciones tristes para sentirnos mejor, o no

Alejandro Sanz es uno de los abonados a la hora de la nostalgia y el romanticismo.

Todos, quien más quien menos, tenemos nuestro grupo de canciones tristes preferidas. ¿O acaso alguien podría asegurar que no las tiene? “Ponés canciones tristes para sentirte mejor”, cantaba Gustavo Cerati en Adiós. Y seguramente habrá quien lo haga para ponerse aún peor, por qué no. Aquí, una modesta selección de una decena de esas piezas que nos hacen lagrimear; o casi. Puede fallar, claro. Como todo. Pero cómo saberlo si no lo intentamos.

Everybody’s Hurts – R.E.M (1992)

Casi que con la sentencia del título está todo dicho. Todos hieren; todo el mundo hiere. Todos herimos; ¿alguna duda? Entonces, la cuestión dicen los R.E.M. y tantos que grabaron el tema, es aguantar. El segundo antes, aguantá. La canción, contó muchas veces Bill Berry, ex baterista de la banda, estaba dirigida a adolescentes. Y no estaba mal encaminado. En 1995, la canción fue parte de una campaña del servicio de escucha y soporte emocional The Sanmaritans, en respuesta a la baja aceptación de los servicios de crisis por parte de los adolescentes.

Tears in Heaven – Eric Clapton (1991)

La historia es bastante conocida. El año 1990 estuvo marcado por la tragedia, para el guitarrista y cantante británico; en agosto, su manager, dos asistentes de escenario y el enorme Stevie Ray Vaughan murieron al precipitarse el helicóptero que los llevaría desde Wisconsin hacia Chicago, apenas había despegado. Siete meses más tarde, su hijo Conor, de 4 años, cayó desde el piso 53 de un departamento neoyorquino, propiedad de una amiga de la mamá del niño. Embarcado en la composición de la banda sonora del filme Rush, Clapton se “encontró” con la canción dentro suyo. No estaba completa ni mucho menos. “Eric tenía el primer verso, lo cual para mí es toda la canción”, contó Will Jennings, su socio en la autoría. La interpretación de la canción en el MTV Unplugged de Eric, en 1992, cerró el círculo. Una suerte de sanación a través de la música.

Someone Like You – Adele (2011)

Despojada de ornamentos de esos que ocultan lo más relevante, desnuda la voz de la cantante británica y acompañada por un pianista de celebrada simpleza en su manera de abordar la canción escrita por Adele y su productor Dan Wilson. La historia es una más entre muchísimas, sólo que contada y cantada de la manera en que lo hace la artista, que por entonces cargaba con 22 años sobre sus espaldas, la transforma en única. Aunque diga lo que ya fue dicho una y mil veces en esas situaciones en la que lo que fue dejó de ser, esa monótona cadencia del piano sobre la cual Adele asegura que encontrará a otro como él y le desea lo mejor, desarma las defensas de cualquiera.

True Love Waits – Radiohead (2001)

Por alguna razón, aunque la canción existe desde 1995, nunca había sido incluida por la banda en ninguno de sus álbums, hasta que se convirtió en un inmejorable cierre para A Moon Shaped Pool, publicado en 2016. Construido con imágenes que se suceden sobre una instrumentación mínima, no minimalista, True Love Waits es algo así como asistir al paso del tiempo de una vida en algo menos de cinco minutos. Con una única consigna, pedido o reclamo. “No te vayas”. Es un ruego, a nadie en especial; o sí. Pero que duele, duele. A tal punto que tras analizar la obra de la banda, un científico llamado Charlie Thompson determinó que se trata de la pieza más triste y angustiante de toda su discografía.

Windows – Angel Olsen (2014)

Hay una densidad en la manera de cantar de la chica nacida hace 33 años en Missouri que se hace como pegajosa. Probablemente ésa haya sido una de las razones por las cuales fue convocada en 2017 a ponerle música -o su música fue a ponerle melodía- a la serie de Netflix 13 Reasons Why. En todo caso, al menos la tira dejó algo bueno, que es haberle dado trascendencia a la canción. El clima de la interpretación es asfixiante, pero no del todo. Oprime, pero deja abierta una puerta para tomar una bocanada de aire de tanto en tanto. Se puede percibir esa sensación a lo largo de los casi cinco minutos que dura.

Era en abril – Juan Carlos Baglietto (1982)

La canción triste del repertorio argentino contemporáneo por excelencia. La trova rosarina hacía pie con firmeza en la escena del rock argentino, con un pelilargo Baglietto al frente, secundado por Silvina Garré, un jovencísimo Fito Páez en teclados y provisión de grandes canciones y respaldado por un puñado de compositores de notable calidad poética. Entre ellos, Jorge Fandermole, que al año siguiente publicaría el excelente disco Pájaros de fin de invierno, contribuyó al alto impacto del álbum con un tema que como ninguno antes hablaba de la pérdida de un hijo en el momento de nacer. ¿Autobiográfica? No. Y biográfica tampoco. “Una fantasía que no volvería a escribir”, dijo su autor alguna vez. O varias. Pero la canción dejó huella, y seguramente habrá acompañado más de un dolor.

Back to Black – Amy Winehouse (2006)

Si uno no supiera que la canción fue escrita por Mark Ronson apenas al día siguiente de haber conocido a la cantante británica, apostaría todo a ganador de que la letra salió de puño y letra de una chica que por entonces purgaba el dolor de la ruptura con Blake Fielder-Civil, quien la dejó por una ex novia. Pero no. Así y todo, la misma Amy admitió ante la CNN que “Back to Black se trata de estar en una relación en la que cuando terminás, volvés a lo que sabés, excepto que no estaba trabajando, así que no pude ir y volver al trabajo. Y donde el hombre obviamente regresó con su ex novia, realmente yo no tenía nada más a lo que volver, así que creo que volví al negro por unos meses, haciendo tonterías, como lo hacés cuando tenés 22 y estás joven y enamorada”. Claro que las tonterías de la cantante no eran ningunas tonterías…

Se le apagó la luz – Alejandro Sanz (1991)

Relato explícito de un accidente motociclístico, el tema bien podría ser parte de una campaña de alguna ONG que luche por meterle en la cabeza a los conductores que sería buenísimo para todos que manejen con mayor responsabilidad y prudencia. “Es la historia real de un compañero mío. El típico fin de semana que acabas las clases, te vas a casa y el lunes no aparece él, y cuando por fin hablas con otro amigo de clase te enteras de que ha tenido un accidente de moto con su novia y que ha muerto en el accidente. El amigo estaba muy afectado y me contó todo lo que había sentido, se descargó un poco en mí. Me lo describió tan bien que casi me hizo estar en su lugar. Escribí esta canción contando lo que yo pensaría de ser él, lo que pudo pasarle por la cabeza mientras venía la ambulancia”, contó el cantautor español alguna vez. El resultado es una escena de infinito dolor, que suena así.

Hallelujah – Jeff Buckley (1994)

La historia del cantante californiano, que hoy tendría apenas 54 años, es en sí misma una fuente de enorme tristeza. Su muerte, ahogado en el río Wolf, en Tennessee, en 1997, cuando recién tenía 30 años, todavía es un misterio. Pero así haya sido accidental o si se tratara de un suicidio, lo cierto es que el mundo quedó privado de un artista de singular talento. Y en ese talento, la Hallelujah escrita por Leonard Cohen adquirió un carácter dramático aún mayor que el que carga la versión original. “Buckley trató la canción […] como una diminuta cápsula de la humanidad, usando su voz para acariciar entre la gloria y la tristeza, la belleza y el dolor”, resumió la revista Time, tras la edición de Grace, el único disco de estudio grabado por Buckley.

The Last Song – Elton John (1992)

En medio de la pandemia de coronavirus, hablar de SIDA seguramente podría sonar hasta algo “antiguo” para las nuevas generaciones. “La peste rosa”, fue llamada, como si el color lo dijera todo. No lo dijo, ni mucho menos. Y sí, es verdad que hay cosas que suenan a “viejo”, a un mundo distinto al que vivimos día tras día. Sin embargo, la amenaza sigue ahí. Sólo que en el ranking de las noticias fue superado por otros males más “urgentes”. En 1992 la muerte de Freddie Mercury era una herida reciente y, en ese dolor residual, Elton John y Bernie Taupin contaron el momento en el que un padre acepta la condición homosexual de su hijo, que está muriendo por causa de una enfermedad relacionada con el SIDA.

Clarín/Espectáculos

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