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Con un Curry espectacular, Golden State alcanzó su séptimo anillo NBA

Stephen Curry lideró a la franquicia de Oakland durante toda la temporada.

Boston no había perdido nunca dos partidos seguidos en playoffs, pero la racha se había cortado en San Francisco en el Juego 5, demostrando que ahora en estas finales se estaba jugando otra cosa. Y en el TD Garden, esa sospecha se confirmó y Golden State se coronó campeón 4 años después de su último título, ganando 103-90 y liquidando la serie 4-2. Curry, monumental MVP, con 32 puntos y 7 rebotes.

Los Celtics empezaron demasiado bien y eso muchas veces es contraproducente, porque el 14-2 inicial, con Brown muy efectivo, todos defendiendo más al límite y Smart buscando postearse ante Curry para forzarlo a hacer faltas, fueron un cóctel que empezó a quebrarse cuando Smart metió su segunda falta y tuvo que salir. Los Warriors empezaron a recuperarse de a poco, mejorando su defensa con Looney por Porter, con Thompson entrando en alguna rachita, con Curry decidiendo qué y cómo se atacaba.

Del 22-16 de un Boston que ya no dominaba tanto, se pasó a un 22-37 en contra: un parcial de 0-21 increíble de los Warriors, que hicieron todo bien: defendieron, corrieron y se pasaron la pelota. Green metió su primer triple de las finales tras 12 errados y eso terminó de envalentonarlo. Salvo un par de pérdidas sin sentido y algún triple lanzado no necesario, Draymond hizo todo bien: defendió, tomó muchos rebotes, pasó la pelota como los dioses e hizo jugar. Encima, Poole entró como una tromba y clavó 11 puntos en 6m40s ante la pasividad celta.

Udoka empezó entonces a tapas con papel de diario los agujeros en el techo tras la tormenta, y eso no daba resultados, obviamente. Porque Smart volvió demasiado pronto y metió la tercera falta y luego Tatum, molesto, también llegó a 3. Encima, con Horford y Williams juntos en cancha, a GSW se le hacía bastante simple defender las posibles penetraciones de Brown o Tatum, porque no había espacios para ellos. Los grandes se quedaban custodiando su aro y Boston terminaba casi siempre con tiros forzados. Los nervios empezaron a jugar y ahí Golden State hizo su gran negocio, llegando a una máxima de 21 tras un triple de Thompson (33-54), que no supo cuidar en el final del cuarto, cerrándolo a 15 (39-54).

Boston tenía demasiados problemas que resolver, pero GSW no debía confiarse por la diferencia, menos contra estos pibes que ya habían demostrado varias veces su capacidad de reacción. Los Celtics arrancaron la segunda mitad amenazando con ponerse en juego y despertaron al monstruo: Curry metió dos bombas seguidas, 9 puntos y los Warriors sacaron la máxima, 22, muy rápido (50-72).

Boston salió a quemar las naves, con Jaylen Brown y Al Horford tomando el control de la nave, y metió un parcial de 15-2 para levantar la moral y la energía, además de encender a un estadio semi abatido. A Golden se le cerró el aro (incluso a Curry), Boston acortó la desventaja a un dígito después de mucho tiempo (65-74), pero no pudo coronar la remontada con un buen cierre y los Warriors, aunque muy discontínuos, entraron a los 12 minutos finales 10 arriba, 66-76.

Para Golden State era clave sobrevivir sin sufrimiento los minutos de descanso de Curry en el arranque del último período. Eso le salió muy bien, porque incluso al retorno de Steph estaban +12, 2 más que en su ausencia. ¿La clave? Draymond Green. Defendió como un león y agarró todos los rebotes que le pasaron cerca. Otro factor D fue Wiggins, que cuando no defendió a Tatum defendió a Brown, con un desgaste físico monumental, pero de altísimo valor. Tatum no fue el de los playoffs hasta estas finales, que las sufrió como ninguno.

Cuando se entró en el tramo decisivo, el dueño de la pelota fue Curry. Eligió defensor en los cambios que ofrecía Boston y siempre terminó llegando a la bandeja, con un despliegue de fundamentos monumental. Él mantuvo la diferencia adelante y Wiggins (figura otra vez), Green y Looney lo hicieron atrás. La única mancha fue Klay Thompson, que no acertó en el tiro ni en la defensa, salvo algún robo oportuno.

Más allá de la última intentona de Boston, Curry clavó una primera daga para llevar la diferencia a 15 (81-96) y Wiggins terminó de cerrar el partido con otro triple restando 1m43s que sepultó cualquier posibilidad del local. Fue triunfo 103-90 de Golden State, cuarto título en siete temporadas, regreso a la gloria perdida y MVP (sin saberlo aún), para ese maravilloso jugador que es Steph Curry, que se despidió del año con una actuación consagratoria: 32 puntos, 7 rebotes y 7 asistencias. ¡Salud campeón!

Fabián García/basquetplus.com

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