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Comienza el 6º Festival Internacional de Cine Cannábico en seis sedes porteñas

Comienza el 6º Festival Internacional de Cine Cannábico en seis sedes porteñas

La percepción social del cannabis ya no es la que era. Muy lejos de la concepción de “planta del diablo” que tuvo durante buena parte del siglo pasado, especialmente a partir de que Estados Unidos puso los ojos sobre ella, la actualidad muestra que cada vez más países tienen marcos regulatorios tanto para valerse de sus propiedades medicinales como para legislar el consumo recreativo. Como un reflejo de ese recorrido es que surgió, en 2019, el Festival Internacional de Cine Cannábico (FICC), que desde este lunes y hasta el domingo 1º de marzo llevará adelante su sexta edición en la Ciudad de Buenos Aires. Como plus, buena parte de la programación estará online entre el 2 y el 9 de marzo en la plataforma Octubre TV.

Dirigido por Alejo Araujo, el FICC 2026 tendrá 30 películas de 15 países, con especial hincapié en el cine latinoamericano, que se verán enmarcadas en tres secciones oficiales internacionales (largos documentales, de ficción y cortos) y una sección no competitiva. Las proyecciones y los conversatorios se realizarán en seis sedes porteñas: C Art Media (Corrientes 6271), Casa Brandon (Luis María Drago 236), Club Lucero (Nicaragua 6048), La Paz Arriba (Callao 1082), Multiplex Lavalle (Lavalle 780) y la sala Norita Cortiñas de ATE Cultura (Moreno 2654). Un detalle no menor es que todas las actividades y casi todas las funciones –la única excepción es Cheech & Chong’s Last Movie– tendrán entrada libre y gratuita.

Humos nacionales

La apertura está agendada para este lunes a las 20 en el C Art Media e incluye la proyección, en carácter de estreno nacional, de Armando la historia, mujeres cannábicas del sur, dirigido por el Colectivo Audiovisual Muma Neuquén y cuya trama, afirma Araujo, “recorre uno de los ejes centrales de la programación, que tiene que ver con las mujeres y sus roles en el consumo”. Lo hace a través de las historias de militancia de una médica, una veterinaria y una activista del Alto del Valle de Neuquén y Río Negro a favor de los usos medicinales. Esa misma mirada se replica en varios documentales argentinos, como por ejemplo Presente continuo, en el que el realizador Ulises Rosell registra el día a día de su hijo Lisandro, quien padece autismo, y su madre, la actriz Valentina Bassi.

También en El temblor, que tendrá su primera exhibición pública el martes a las 18.30 en ATE Cultura y donde el realizador Santiago van Dam narra en primera persona cómo es vivir con epilepsia y la manera en que el cannabis puede ayudar para paliar los síntomas y las dolencias. Distinto es el enfoque de Verano Trippin, ficción dirigida por Morena Fernández Quinteros y centrada en dos amigas (Miranda de la Serna y Zoe Hochbaum) un tanto hastiadas de vivir en la Patagonia que, buscando recaudar algo de dinero para un viaje, comienzan a vender drogas para una poderosa dealer local interpretada por Lali Espósito.

Humos internacionales

Pero no sólo de cine argentino vive el FICC. Siguiendo una notable perfomance internacional que va desde la ceremonia del Oscar hasta los festivales temáticos, Brasil aportará una porción importante de la programación, con ocho cortos y dos largometrajes. Uno se llama Lonely People – Nunca Confie em Ninguém y es una ficción sobre cinco personas que pasan la noche en un pequeño departamento de Río de Janeiro, donde se entrelazan en una corriente de teorías conspirativas y soluciones para salvar el mundo. Todo, claro, regado con varias sustancias. La otra es el documental A planta, dirigido por Beto Brant. Relata la influencia de la planta en la vida de los pacientes que decidieron usarla y sus familiares, así como también el efecto que el tema está teniendo en la atención médica y la investigación científica.

De Estados Unidos proviene Grassland, de William Bermúdez y Sam Friedman, en la que un joven latino pone en peligro el negocio ilegal de marihuana de su madre soltera (la argentina Mía Maestro) cuando se hace amigo de los nuevos vecinos. “Lo interesante de Grassland es que, como Presente continuo, dialoga con las tareas de cuidado, otro de los ejes de este año, y con dos aspectos distintos de la planta: en el caso de la película de Ulises Rosell es medicinal y, en el otro, es una madre que cultiva y cosecha para vender para uso recreativo. También se mezclan cuestiones como qué tipos de políticas implementan los estados. Ahí está Valentina Bassi en Presente continuo luchando contra las políticas regresivas sobre discapacidad y las políticas anti inmigratorias y racistas de Grassland”, analiza el director del FICC, para quien el gran plato fuerte de esta edición es Cheech & Chong’s Last Movie.

Próceres cannábicos

A proyectarse este martes a las 21 en el Cine Monumental Lavalle, es un documental centrado en los alter egos ficticios de Richard “Cheech” Marin y Tommy Chong, dos personajes de enorme influencia en la comedia contemporánea a raíz de haber aplicado una forma de humor que desafió la censura, la corrección política y el sentido común dominante de su época. Por eso es que Cheech y Chong son considerados los padres de las llamadas stoner movies, un subgénero que se desenvuelve alrededor del consumo de marihuana usándolo como gran disparador de las situaciones del relato. De allí el término stoner, que en Estados Unidos se usa para definir a las personas que consumen algún tipo de drogas con regularidad. Tanto las suyas como las que las siguieron son comedias absolutas en las que nada, absolutamente nada puede salir del todo mal. Películas absurdas, a veces estúpidas, otras zarpadas, siempre leves como brisa de verano.

Con ese espíritu comenzó todo a mediados de los ’70, cuando Marin y Chong eran dos comediantes que pisaban fuerte en el stand-up con shows alrededor de la cultura hippie, el Flower Power y anécdotas cannábicas surrealistas que luego se editaban en formato vinilo. Con esa base debutaron en el cine con Up to Smoke (1978), de Lou Adler, en la que Chong era un fumón rico que dejaba la casa paterna para buscar un trabajo y en el camino conocía a un vago que vino al mundo sólo para tomar la guitarra y fumar porros.

Up to Smoke fue un éxito de taquilla para una producción clase B al recaudar más de 41 millones de dólares y tuvo varias secuelas entre 1980 y 1984. Si bien, como reconoce Araujo, hoy pueden lucir un tanto apolilladas y estereotipadas, la influencia de estas películas es clara en, por ejemplo, buena parte de las comedias protagonizadas por Seth Rogen. En ese sentido, Cheech & Chong’s Last Movie funciona como una despedida consciente, afectuosa y lúcida a través de un recorrido por décadas de amistad, escenarios, películas y excesos, pero también por el impacto cultural de un fenómeno que supo convertir la contracultura y la transgresión en códigos del lenguaje popular.

Ezequiel Boetti/Página 12-Espectáculos

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