
La película azul y oro termina entre aplausos. Boca llena la sala y aunque la actuación no está a la altura de una estatuilla dorada, es digna del reconocimiento. Sobre todo, cada vez que la pelota baila entre los pies de Zeballos. Vuela el Changuito, contagia. Provoca la jugada del primer gol y enseña el camino en el segundo tiempo. Se roba el protagonismo en la noche que los hinchas enloquecieron con Willem Dafoe, el actor hollywoodense que interpretó al Duende Verde en el primer Spiderman. Pero no hay villanos en la Bombonera. Hoy todos son héroes.
Eso sí, la segunda victoria consecutiva a orillas del Riachuelo necesita la continuidad de un equipo que todavía está en formación. Recién este domingo, Úbeda pudo contar con un refuerzo clave, Ascacibar. Y se animó a jugar con el esquema que mejor le sienta a Boca y que poco utiliza, el 4-3-3 con explosión por las bandas. Los pibes no desentonaron en ataque y Romero entró angelado.
La apertura del marcador fue una síntesis del desarrollo de ese primer tiempo en el que Boca se enfrentó a un rival de fisonomía rocosa. Había que romper al espacio y por afuera. Recuperar y salir rápido. Lo hizo Blanco sobre el cierre del primer tiempo, cuando quitó en su propio campo y llegó bien pisado al área tras una larga conducción de Zeballos. Su definición de zurda ante Arias encendió a las tribunas sedientas de gol.
Boca no pudo articular el juego interior porque Paredes estuvo tapado por Cóccaro, el único punta de Newell’s. Ander Herrera y Ascacibar sufrieron el músculo de los volantes visitantes. Pero siempre se destacaba Zeballos y, en menor medida, Gelini, el juvenil de 19 años que empezó a sumar minutos.
El técnico plantó a los chicos en ataque y con movilidad generaron algunas dificultades, pero la realidad es que el Changuito fue el que encontró mayor terreno para lucirse en el sector de Méndez, corpulento pero lento, y no es un juego de palabras. El uruguayo perdió casi siempre en el uno contra uno.
El arquero de Newell’s tapó tres pelotas muy difíciles, una a Asca-cibar, otra a Ander Herrera y la última a Juan Barinaga.
Newell’s ofreció poco en ataque. Aunque no se metió atrás y presionó lejos de Arias, todo se redujo a centros cruzados y alguna pelota parada. Hubo dos cabezazos abajo del arco, uno de Méndez y otro de Luciano Herrera que no preocuparon a Agustín Marchesín.
En la partida del segundo tiempo, Úbeda hizo un movimiento. Sacó a Zufiaurre y le dio vuelo a Angel Romero, otro recién llegado. Y en la primera acción que protagonizó, tuvo ganancia por una falta de Saúl Salcedo sobre el Mellizo que el VAR interpretó como penal. Paredes canjeó por el segundo gol.
La dupla ya había sumado a Michael Hoyos en el ataque para acompañar a Cóccaro y a David Sotelo para darle un mayor volumen de juego al medio. Después del penal de Paredes, metió otros dos delanteros, Franco García y Juan Ignacio Ramírez. Newell’s se hizo cargo de la responsabilidad, se mostró más agresivo, pero tuvo problemas para profundizar.
Boca lo dejó jugar un rato, cómodo en la postura contragolpeadora, consciente de que fluirían huecos. Y cuando Newell’s perdió espuma, volvió a tomar la iniciativa con los refrescos de Milton Delgado y Kevin Zenón. Estuvieron cerca Ascacibar y Romero. También, Zeballos. Detalles que tendrá que corregir Boca en la búsqueda de su mejor versión.
También, medirse con un adversario de mayor jerarquía. Newell’s sólo juntó voluntades, lo que no le quita mérito a los xeneizes, pero lo interpela a futuro.
Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes

Un Central-River siempre genera expectativa en la previa. Los antecedentes, sobre todo los últimos, con goles y juego de alto vuelo lo confirmaban. Una vez más, como hace pocos meses, se vieron la cara en Arroyito, donde hicieron nuevamente un buen partido, aunque esta vez no lograron sacudir las redes. Eso fue lo que faltó para que el encuentro que terminó igualado 0 a 0 fuera un gran partido. El resultado, al fin y al cabo, mintió. Los dos intentaron jugar siempre y hubo un tiempo para cada uno, el primero para River, el segundo para Central.
Ya el arranque generó adrenalina, con un Di María en modo campeón del mundo moviéndose por todo el campo, manejando los tiempos, gambeteando y encarando, y dando pases punzantes, siempre para adelante.
A River le costó acomodarse en el primer cuarto de hora pero con el correr de los minutos fue haciendo pie y terminó la primera parte mejor que su rival, que dependió mucho de lo que pudiera hacer Di María. Pero cuando River pudo controlarlo, empezó a ocupar mejor los espacios y a manejar con mucho criterio la pelota. Tuvo más juego colectivo el equipo de Marcelo Gallardo, sobre cuando juntaban pases los mediocampistas y los laterales pasaban, sobre todo Rivero, que ocupó la banda izquierda al no tener el entrenador otra alternativa y tampoco contar con posibilidades en el plantel para jugar con línea de tres, algo que además no tiene aceitado.
Con Juanfer liderando los ataques con soltura, el conjunto de Núñez empezó a jugar más en campo rival y a Central le costaba tapar los agujeros que se le generaban de mitad de cancha hacia atrás.En los últimos 15 minutos del primer tiempo, River monopolizó la pelota pero le faltó el gol. Hizo uno, es cierto, pero fue anulado a instancias del VAR, después de que Sebastián Driussi convirtiera tras una serie de rebotes en el área chica. Eso sí, antes hubo un tremendo agarrón al indultado Paulo Díaz, al que le levantaron la camiseta.
Después, al equipo del Muñeco le costó traducir ese dominio en chances claras. Entonces, apeló también a los remates de afuera del área y a Ledesma casi se le mete uno de Colidio y en otro el ex arquero de River voló para sacárselo a Juanfer.
Y en cada centro al área se notaba que le falta un “9” con poder de fuego, algo que también le pasó a Central a pesar de contar con Véliz.
Para el segundo tiempo entró Salas por Driussi, que salió con una molestia muscular, y enseguida tuvo una que quedó en las manos de Ledesma. Pero el cambio que más efectos hizo fue el de Almirón que mandó a la cancha a Duarte por Copetti.
De esa manera, acomodó el mediocampo y fue más explosivo, sobre todo por el sector derecho con el tándem Coronel-Duarte. El propio Duarte tuvo un mano a mano que le sacó Beltrán. Y Paulo Díaz, firme todo el partido, se tiró para cortar un centro picante. El mediocampo de Central se impuso en la segunda mitad, mientras que el de River se diluyó. Salieron Juanfer y Galván para que ingresaran Galoppo y Lencina, pero no aportaron demasiado. El que sí siguió metiendo sus estiletazos fue Di María, a pesar del cansancio acumulado y de querer engañar a Tello fingiendo un penal que no fue por una leve sujeción de Duarte.
Al final, los dos equipos sintieron el desgaste y el empate pareció conformarlos. Tanto Central como River, aunque todavía les falte más rodaje, tienen argumentos como para ser protagonistas. Pero, para ello, necesitan el gol.
Maximiliano Benozzi/Clarín-Deportes
OTRO RESULTADO
Barracas Central 1 – Deportivo Riestra 1
MG Radio 24 Villa Pueyrredón