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Boca eliminado: lo mereció en los 90, pero falló en los penales. Unión afuera

Gil acaba de marcar el penal definitorio y se abraza con Casio, fundamental en la definición.

Presionó todo el partido contra Corinthians y no pudo quebrarlo. En los penales, después de que Rossi atajara dos, estuvo al borde del triunfo, pero Benedetto -que ya había fallado en el partido- volvió a errar: 6-5 para los brasileños y el pase a cuartos.

El mazazo dejó en silencio por un buen rato a la Bombonera. Boca quedó eliminado de la Libertadores muy pronto, en los octavos de final. Las manos de Agustín Rossi, siempre salvadoras, no pueden hacer milagros si sus compañeros no dan la talla. Darío Benedetto tenía servida la clasificación y falló el último de la serie. Erró, igual que en el primer tiempo, cuando le apuntó directamente al palo. Y Gil, que de su apellido poco tiene, abrochó el pase a la siguiente instancia en el 16° penal, con suspenso, porque el arquero llegó a rozar la pelota con la punta de los dedos.

Y será imposible maquillar este fracaso, más allá de la búsqueda constante del equipo. Porque fue el animador de la noche, es cierto, pero no pudo aprovechar su momento y terminó atacando sin claridad, facilitando la tarea de un equipo que vino a Buenos Aires a hacer su negocio y no pateó al arco… hasta la definición desde los once metros. Y Sebastián Battaglia deberá reprocharse la falta de muñeca. ¿Por qué se guardó cuatro cambios?

Como si se tratara de una remake del partido en San Pablo, un penal errado marcó el pulso del primer tiempo. Allá, Agustín Rossi hizo gala de su especialidad para tapar el remate de Guedes. Acá, Darío Benedetto sacudió el poste izquierdo de Cassio. Fue después de una jugada que arrastró mucha polémica. En definitiva, Andrés Matonte tuvo que recurrir al VAR para sancionar la infracción de Raúl sobre Pol Fernández. Sin embargo, el árbitro uruguayo no echó a marcador central. Apenas le mostró la tarjeta amarilla. Era una jugada de expulsión, sin dudas.

Boca, entonces, no pudo ratificar la superioridad que había exhibido ante Corinthians. Con un juego vertical, directo, en el que se lanzó Frank Fabra, fundamentalmente, y desequilibró Villa, siempre por la izquierda. Los colombianos tuvieron más protagonismo que Exequiel Zeballos y Luis Advíncula por el otro extremo de la cancha. Más allá, claro está, de esa contra que nació en un rechazo de Marcos Rojo y explotó el Changuito por la derecha, a toda velocidad. Su desborde terminó en una arremetida de Benedetto, apurado, que impactó por encima del travesaño.

Todo ese vértigo que expuso Boca logró, sobre todo en la primera media hora, se basó en un ataque sin tanta elaboración en el que los volantes no tuvieron tanta presencia en la elaboración y en el que Oscar Romero se destacó por encima de todos con una cuota de sacrificio. El paraguayo se involucró en la presión, en la recuperación y dejó la quinta de lanzador. Impulsó al equipo.

Corinthians llegó con muchas bajas y poca ambición. El 4-4-2 que plantó en el arranque fue, prácticamente, un 5-3-2 con Lucas Pitón cubriendo el lateral y colaborando con Fabio Santos. El Timao salió concentrado, intentó no perder el orden, pero cumplió la mitad de su trabajo, porque dejó abandonado a Roger Guedes. Corrió siempre detrás de la pelota y no inquietó a Rossi, al margen de alguna pelota parada. El sello de Vitor Pereira está lejos de tener el manual del jogo bonito. Su equipo es práctico, pero no pudo armar una contra, muy a pesar de que la última línea xeneize se paró a 25 metros del área. Tampoco pateó al arco.

El segundo tiempo tuvo el mismo tenor. Boca dominante y Corinthians cubriendo lo mejor posible los espacios, intentando anticipar a los receptores vestidos de azul y oro. Nuevamente, Villa estuvo más activo que Zeballos. Y Benedetto volvió a mostrar que no era su noche en una jugada que terminó en offside, pero que Pipa había resuelto con un tiro de emboquillada por encima del travesaño.

Los minutos se consumían y Boca se volvía repetitivo porque los centros de Villa terminaban rechazados por los centrales brasileños, siempre firme, incluso Gil, reemplazante de Joao Víctor, que terminó el primer tiempo lesionado, de mínima con un esguince en el tobillo derecho, justo en su despedida porque a partir de la semana que viene jugará en Benfica.

Y bajo esta coyuntura, Corinthians cada vez se sentía más cómodo. Pereira hizo cambios y sobre los treinta minutos pareció cambiar su postura mezquina. Battaglia esperó demasiado para meter mano en el banco. Y los hinchas empezaron a impacientarse al ritmo de “movete, xeneize, movete, movete dejá de joder”.

Entonces, el técnico ordenó el ingreso de Juan Ramírez por el descolorido Zeballos. ¿Por qué no entró Luis Vázquez, un 9 con juego aéreo si Boca se la pasó tirando centros, ya desesperadamente, en el final?

En los penales volvió a destacarse Rossi, pero también Cassio. Y Boca quedó afuera. El sueño de la séptima se hizo añicos. Otra vez.

Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes

NACIONAL ELIMINÓ A UNIÓN

Unión se despidió de la Copa Sudamericana. Necesitaba ganar por dos goles para forzar la definición por penales o por tres para lograr el pasaporte a los cuartos de final. Hizo el gasto, se ilusionó con el 1-0, pero Nacional, que en los primeros 75 minutos no había generado una sola situación de gol, llegó dos veces, ganó 2-1 y festejó la clasificación a la siguiente ronda.

El gol de cabeza de Brítez, tras un gran tiro libre de Roldán, a los 25 minutos del segundo tiempo resultó tardío, Porque el Tatengue tendría que haber golpeado antes. En el primer tiempo, tras una gran jugada de Britez, que no pudo resolver el uruguayo Jonathan Álvez. En la parte final, con un remate franco de Polenta que le pegó suave y terminó en las manos del arquero Rochet. Le perdonó la vida al Bolso, que llegó a Santa Fe con el claro objetivo de mantener esa ventaja de dos goles, y lo pagó caro.

El 1-0 de Brítez, que le cortó un invicto de 1.064 minutos sin goles en contra al arquero Rochet, renovó ilusiones en el local. Pero Nacional lo liquidó con los cambios y dos llegadas: primero con Ramírez, que resolvió de frente al arco una buena jugada por derecha entre Zabala y Ortemín, y luego a través de Rodríguez, que apareció solo, remató y la pelota se le escapó de las manos a Mele.

Clarín/Deportes

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