
El Festival Internacional de Cine sobre Diversidades y Género (FIDiG) es una bienvenida excepción en estos tiempos. Mientras la mayoría de las iniciativas culturales independientes tiende a achicarse por cuestiones presupuestarias, la segunda edición de este evento –que se realizará entre el 25 de febrero y el 1º de marzo– tendrá un parque de exhibición más amplio y una programación más grande que la del año pasado.
“No estamos atravesando un contexto favorable para la cultura, eso es evidente. Justamente por eso es que no leemos este crecimiento como una expansión automática sino como el resultado de un proceso que comenzó en 2025. En la primera edición logramos algo clave: construir comunidad. Hubo público, intercambio, realizadores que encontraron una pantalla y espectadores que encontraron un espacio de conversación. Esa trama fue la que hizo posible dar un paso más”, cuenta su director artístico, Juan Pablo Russo.
“Sobre esa base ampliamos sedes y consolidamos alianzas en distintos niveles. En el plano institucional se sumaron la Unión Europea y la Embajada de Brasil. En el ámbito comercial, la incorporación de Cinépolis nos permite ampliar la circulación. Y el Centro Cultural de la Cooperación, que es nuestra casa desde el inicio, sigue siendo el núcleo desde donde pensamos y articulamos el Festival. Esa articulación entre lo público, lo privado y lo independiente es la que permitió proyectar una programación más extensa”, dice Russo sobre un festival cuyas proyecciones y actividades se realizarán en tres sedes porteñas: Cinépolis Plaza Houssay (Córdoba 2135), el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Corrientes 1543) y el Auditorio de la Embajada de Brasil en la Argentina (Cerrito 1350).
De vínculos e identidades
Lo que no cambiará es el intento de funcionar como “plataforma para el debate en torno a las representaciones contemporáneas y los modos en que el cine aborda las identidades y los vínculos”, según reza la información oficial de un evento que presentará 25 películas distribuidas en una sección competitiva de cortometrajes y un conjunto de apartados no oficiales. Un conjunto de películas que, lejos de proponer una mirada única, entrelazan la diversidad con la riqueza formal.
“No programamos únicamente por afinidad temática”, sentencia Russo. “De hecho, en algunas películas la idea de diversidad no se vincula exclusivamente con la orientación sexual sino con territorio, la clase, la edad o las estructuras de poder. La diversidad atraviesa la construcción cinematográfica. Cuando una película articula con solidez su propuesta estética y su dimensión política, el festival deja de ser un catálogo temático y se convierte en un espacio donde el cine se aborda de manera integral”.
Como muestra de esa riqueza es que el director artístico destaca que “algunas películas trabajan la diversidad desde la memoria histórica, otras desde los vínculos contemporáneos, otras desde la infancia o el territorio”. “En ciertos contextos la dimensión política aparece de forma más directa, como sucede en la italiana My Boyfriend el fascista, de Matthias Lintner, donde la discusión ideológica atraviesa una relación afectiva. En otros casos, las búsquedas se orientan hacia registros más íntimos o formales, como en Ato Noturno o en la rumana Tres kilómetros al fin del mundo, donde el entorno social presiona sobre la identidad. Esa diversidad de enfoques es parte del criterio curatorial que sostenemos”, afirma.
Tres kilómetros al fin del mundo y My Boyfriend el fascista forman parte de la Muestra Internacional de Largometrajes. Dirigida por Emanuel Pârvu y exhibida en el Festival de Cannes de 2024, la primera sigue a un adolescente que vive en el Delta del Danubio y enfrenta la presión familiar y social tras el despertar de su identidad, al tiempo que la película de Lintner centra su trama en una relación atravesada por posiciones políticas divergentes que transforman la intimidad en un espacio de confrontación.
En este apartado también está la chilena La misteriosa mirada del flamenco, de Diego Céspedes, que fue premiada en la sección A Certain Regard de Cannes y presenta un relato que transcurre en el desierto chileno durante los años ’80, cuando Lidia crece en una familia queer señalada por rumores y estigmas. El cuarto título de la muestra es Maspalomas, de los españoles José Mari Goenaga y Aitor Arregi, que sigue a un hombre que regresa a su ciudad tras un accidente, puntapié para un enfrentamiento con su hija y un entorno al que decide ocultar parte de su identidad.
La potencia brasileña
Por su parte, la mencionada Ato nocturno, sobre un joven que comienza una relación con un político en ascenso, es parte de la sección dedicada a Brasil, integrada por otros tres largometrajes. Uno se llama Baby, lo dirige Marcelo Caetano, y lo protagoniza un joven recién liberado de una condena de dos años en un centro de detención juvenil en San Pablo que conoce a un hombre que se convierte primero en una figura paterna sustituta y luego en un interés amoroso. El segundo es A Natureza das Coisas Invisíveis, de Rafaela Camelo, cuyo personaje principal es una nena de 10 años que pasa el verano en un hospital donde conoce a Sofía, con quien encuentra un modo de atravesar la enfermedad y la despedida. La última producción es Apenas Coisas Boas, de Daniel Nolasco, que transcurre en la zona rural donde un hombre asiste a un motociclista accidentado, iniciando una relación que modificará la vida de ambos.
Las cuatro películas vienen de exhibirse en festivales de primera línea (Guadalajara, Cannes, Berlín), lo que convierte a la elección del país vecino como invitado en un nuevo síntoma de la época. “Brasil atraviesa un momento de fuerte presencia internacional con películas como Aún estoy aquí y El agente secreto, que han consolidado su visibilidad en festivales y circuitos globales”, recuerda el director artístico del FIDiG, y destaca que, en ese contexto, “el cine LGBTIQ+ brasileño ha crecido de manera sostenida en los últimos años”. “Se percibe una ampliación en las búsquedas estéticas y narrativas, una mayor circulación internacional y una producción que continúa desarrollándose incluso en contextos políticos complejos. Hay una expansión en lenguajes, territorios y modos de representación que lo posiciona como un referente dentro de América Latina”.
Cine argentino
El escenario aquí, se sabe, es distinto, con un menosprecio gubernamental que viene desde su escalafón más alto y un futuro con más incógnitas que certezas respecto a las fuentes que componen el Fondo de Fomento Cinematográfico. La elección de que tanto la película de apertura como la de clausura sean producciones locales responde, entonces, a una voluntad clara de “acompañar al cine argentino independiente en un momento complejo y fijar una posición respecto a la necesidad de fortalecer su circulación y visibilidad”, dice Russo. Esta decisión, además, permite “anclar el debate en nuestro propio contexto cultural”. “Las discusiones sobre diversidades, vínculos y representación no son abstractas ni lejanas, forman parte de la producción audiovisual del país. Ambas películas dialogan con las búsquedas del festival desde perspectivas distintas, pero comparten la inquietud por pensar el deseo, el cuerpo y el poder en el presente”, amplía.
Es así que este miércoles a las 20.30 en el Centro Cultural de la Cooperación se proyectará 300 cartas, dirigida por Lucas Santa Ana, centrada en Jero y Tom, una pareja gay aparentemente perfecta que exhibe su vida en redes sociales. Sin embargo, y luego de apenas un año juntos, Tom abandona a Jero dejándole 300 cartas que revelan una relación tóxica, desigual y diferente a la proyectada. Por su parte, el cierre estará a cargo de Solo fanáticos, de Leo Damario, que sigue a una mujer embarazada y abandonada por el hijo de un empresario hotelero que regresa al barrio donde creció.
El cine argentino también es gran protagonista de la Competencia internacional de cortos, con seis producciones: Luz Diabla, de Patricio Gabriel Plaza, Paula Boffo y Gervasio Canda; No tan idiota, de Carola Zilinskas; Hombre, de Matías Dinardo; Memoria de Infancia, de Paz Bustamante, Valentina Cayetano Kelly; 27610 Del otro lado, de Elena Bursztein y Axel Rosito, y Ahogada, de Macarena Mochon. Además, la programación incluye un panorama argentino de cortos compuesto por cuatro películas de menos de 30 minutos de duración: El amor está en las calles, del colectivo Diversidad La Carlota; Cuando todo refugio se vuelve hostil, de Cielo Iturralde Carrera; Mañana en otra parte, de Francisco Santos; Desvíos, de Lucas Galambos, y ¡Ay! Cordero, de Agustina Akman, Cielo Iturralde Carrera y Mercedes Maudet.
Ezequiel Boetti/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón