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Alejandro Dolina presenta esta noche En La Pieza de Dolina

Serán conferencias con algo de humor transmitidas desde su hogar.

Los fantasmas rondarán por la casa de Alejandro Dolina hoy sábado a las 21.30. Así lo promete el conductor que todas las medianoches le da rienda suelta a su poderosa imaginación en el clásico La venganza será terrible, por la AM 750. Pero este sábado, el autor de Crónicas del Ángel Gris no estará en la radio: realizará el espectáculo por streaming En la pieza de Dolina. “Me lo sugirieron Coco Sily y Gabriel Rolón, que habían hecho esa experiencia”, comenta a Página/12. La idea le gustó y se puso a escribir algunas cosas. Dolina anticipa que el show no consiste en una improvisación. “Es más bien parecido a las charlas que yo suelo dar en la Feria del Libro, que son tipo conferencias pero yo siempre les agrego un poco de actuación, música y un poco de humor. De manera que así calculo que va a salir. Pero es una buena advertencia que no es el programa, ni tan humorístico ni tan improvisado”. Las entradas se pueden adquirir en entradauno.com.

-¿Tiene alguna similitud la intimidad de tu habitación en la que se te va a ver por streaming con la intimidad que genera la radio?

-No. En realidad, vamos a salir desde el lugar donde yo tengo el piano. La pieza es una manera de decir. En términos lunfas, quiere decir «el lugar donde uno vive». «Me voy a la pieza» quiere decir “Me voy a mi casa”, porque por ahí uno supone que no tiene mucho más que una pieza. Hay un poco de intimidad fingida. En un momento voy a mostrar cosas de la casa, cosas de esa habitación donde vamos a estar. Y objetos. En virtud de esos objetos voy a contar historias más o menos parecidas a un cuento pero con una narrativa oral.

-¿Crees que cambiará para el oyente que te sigue poder verte frente a la pantalla de una computadora?

-Sí. Cuando tengo conferencias va el público de la radio, pero la cosa es otra. Sin embargo, no me empiezan a abuchear ni me dicen: «Queremos que venga el Sordo Gancé” (risas). Más o menos está todo en orden. Algo voy a tocar, algo voy a cantar también. Voy a leer cosas de otros, o a recordarlas más que leerlas, y también cosas mías. Casi todo el material es nuevo. Hay algunas cosas que la gente ya conoce de la radio, pero más en el sentido de ese tipo de repetición artística que uno hace por encontrarse con situaciones desconocidas.

-¿Y en cuanto a los temas?

-El tema del streaming va a ser la incomunicación y la soledad, agudizadas en tiempos de pandemia, pero que son siempre parte de la condición humana. Para sentirse solo y angustiado, uno no precisa la pandemia. Vamos a reflejar qué puede hacer uno para comunicarse, siendo que hay una pandemia y siendo que el ser humano de por sí es un poco insular. Es una isla, se comunica poco y mal, equivocadamente. ¿Cuáles son los recursos? Vamos a ver si el arte y la poesía son recursos verdaderos. Los temas principales son las sombras y los fantasmas porque muchas veces la única forma posible de conocer es a través de lo sombrío, de lo fantasmal, de lo que a uno le parece que es pero no es.

-En relación a la tecnología y la comunicación hay un tema filosófico: tiende a cuestionarse a la tecnología como si fuera buena o mala pero, en realidad, no es ni una cosa ni la otra porque no tiene moral ya que no es humana. Depende de cómo se utilice es tarea del ser humano.

-Justamente, es amoral. Mirá, el otro día se cumplieron 100 años de la radio y estaban todos muy emocionados. Yo lamento decir que no pude compartir esa emoción porque a mí la radio no me emociona en absoluto. ¿Qué cosa es la radio? Para mí, emocionarse por los 100 años de la radio es como emocionarse por los 100 años del teléfono. ¡Es un aparato! A mí lo que me emociona es escuchar a Víctor Hugo o haber escuchado a Carrizo, pensar en mis compañeros que trabajan conmigo todas las noches, en la gente, las mujeres y hombres que han trabajado y que trabajan en la radio, muchas de las cuales producen buen pensamiento y buen material artístico. Y eso es lo que te emociona: el material artístico y pensante que esa gente ha ido dibujando a lo largo del tiempo. Pero si tengo que emocionarme por un montón de micrófonos y cables, me parece que vamos por mal camino. En ese sentido, la tecnología tampoco me conmueve. Y no sólo no me conmueve sino que no puedo enojarme con ella. ¿Qué culpa tiene la tecnología de que en las redes sociales haya cien millones de psicóticos? Bueno, es así, es una cuestión de la condición humana, y de las circunstancias sociales y políticas que se están dando. Pero yo no puedo decir: «Ay, la tecnología» y que «Mejor sería no comunicarnos». No. La tecnología hace todo más fácil: lo bueno y lo malo. Es más fácil hoy en día conseguir un dato que antes. En mi época de estudiante tenía que estar toda una semana dando vueltas a ver en qué libro estaba. Pero también es más fácil conseguir droga, por ejemplo. O prostituirse. En ese sentido, vemos que la tecnología es amoral. Son los hombres los que hacen eso. Lo mismo que son los hombres los que hacen la radio. Los hombres y las mujeres, desde luego.

-¿Qué es para vos la imaginación?

-Es el poder que uno tiene de crear cosas que tal vez no existen, especialmente mediante la palabra. La palabra es un instrumento de la imaginación. O, mejor dicho, es la forma que tiene uno de contar su imaginación, cosas que imaginó a otro. Entonces, de la imaginación nacen también las artes escritas. Así que cada vez que pienso en imaginación, pienso también que una cosa es imaginar algo y otra es comunicar lo que uno ha imaginado.

-En relación a la imaginación, Sabato decía que la diferencia entre el artista y el loco es que el artista puede transitar por los caminos de la locura pero puede volver. ¿Coincidís?

-Exactamente, coincido enteramente. Sabato decía que él escribía para no convertirse en un asesino serial (risas) porque podía convertirse ya, en términos de ficción y escritura. Lo mismo puede uno enloquecer para escribir y luego volver.

-Borges escribió: “Ya Schopenhauer escribió que la vida y los sueños eran hojas de un mismo libro, y que leerlas en orden es vivir, hojearlas, soñar”. ¿Qué son para vos los sueños?

-Los sueños son unas situaciones muy raras del ser humano. ¿Qué sé yo si sueñan los animales? No lo sé, pero parece ser que los sueños requieren pensamiento. El asunto es si uno puede contar los sueños. A lo mejor, las gallinas sueñan pero no lo pueden contar. Lo bueno es que uno sí puede contar los sueños. Y ahí surge nada menos que el psicoanálisis. Y también surge la palabra «sueño» en sus varias acepciones. La primera refiere a imágenes nocturnas que uno tiene durante el dormir. La otra es el dormir propiamente dicho, que también se dice que es el sueño. Y otra curiosidad de la palabra «sueño» es el deseo, la ilusión, cosas que uno desea, que son aceptadas por el lenguaje también como sueños. En realidad, surgen de los sueños el psicoanálisis, las artes narrativas y también la famosa interpretación de los sueños anterior al psicoanálisis, como en los mitos griegos. Especialmente en los mitos judíos aparece el interpretador de sueños como una figura importantísima. Y también aparece la interpretación inadecuada de los sueños, que puede conducirnos por caminos incluso trágicos. Por ahí se exagera. Y, entonces, algunos se burlan de los que interpretan sueños y dicen que adivinar la realidad a partir de los sueños tal vez no sea posible pero sí pudiera ser posible adivinar los sueños a partir de la realidad. Parece mucho más razonable.

-Ya que mencionás el psicoanálisis, Jacques Lacan señaló: “En lo que a mí respecta, nunca me he considerado un investigador. Como dijo una vez Picasso, para gran escándalo de quienes lo rodeaban: no busco, encuentro”. ¿Cómo entendés el arte? ¿Sos de buscar un camino o crees que se encuentra en el mismo transitar?

-Yo creo que si uno es un genio como Picasso, encuentra. Y si uno es un trabajador como yo, solamente busca.

-En estos tiempos en que ha estado tan presente la palabra “muerte” en el mundo, me gustaría saber tu opinión sobre la muerte…

-Yo estoy en contra (risas).

-“No es que tenga miedo a morir. Simplemente no quiero estar ahí cuando ocurra”, dijo Woody Allen…

– (Risas) Mi posición es más o menos la misma. Estoy en contra de la muerte y la principal angustia que tienen los tipos como yo es saber que se van a morir, pero que no sólo se van a morir ellos sino nuestros seres queridos, etcétera. Si yo hubiera creado el universo -cosa que sería desastrosa-, la muerte no existiría. Después, uno sigue la ráfaga de pensamientos y puede decir: «¿Qué pasa si uno fuera inmortal? ¿No se aburriría al cabo de 200, 300, 500, 1000 años?”. Y… no lo sé. Vos dejame que no me muera y después te digo qué hago con el aburrimiento (risas).

-Hay que ver ahí qué pasaría con el deseo, ¿no?

-Claro, que es lo que da algún sentido a la vida. Cuando desaparece este deseo, ¿uno para qué demonios vive? Habría que verlo y adivinarlo porque no podemos experimentarlo.

-¿El ser humano es el único ser vivo que no acepta su límite como ser biológico y tal vez por ese miedo a la muerte siempre lo va a convencer la idea de que hay un más allá?

-Creo que es el único que está anoticiado de que se va a morir, en realidad. Borges decía que los animales son inmortales porque no tienen la idea de que se van a morir. Por ahí no lo saben.

-Otro de los temas esenciales en la vida de cualquier ser humano es el amor que, según cómo cada sujeto lo experimente, puede ser el motor de empuje para lograr plenitud personal o bien transformarse en el mascarón de proa de un penoso naufragio sentimental. ¿Qué es para vos el amor? ¿Se redefinió con el paso del tiempo?

-Imaginemos una moneda: de un lado, está la muerte, y del otro, el amor. Es decir, el amor vendría a ser lo opuesto de la muerte. Durante el amor experimentamos lo más parecido a un milagro. El momento cúlmine del amor es un momento de vida intensa, vida en su máxima intensidad. Uno nunca está tan vivo como en ese momento. En ese sentido, tiene que ver la angustia ante la muerte con los destellos, los relámpagos del momento cúlmine.

-¿Y el sexo?

-Ahí anda, bien, gracias (risas).

-Otra vez Woody Allen, que tiene una frase muy graciosa: “Llegué diez minutos tarde a la revolución sexual”. Es de las peores cosas que te pueden pasar, ¿no?

-(Risas) Yo no sé si no son la misma cosa el sexo y el amor, una consecuencia de la otra o una condición necesaria del amor. Así que desde luego el sexo es una buena noticia del universo. Tiene pocas. A mí me gusta decir que hay dos: el amor y el conocimiento. Después, todo lo demás son mezclas.

-Y ya que en esta charla estuvo la palabra “revolución”, ¿qué significado tienen las revoluciones para vos? ¿El peronismo fue en su momento una revolución sin armas?

-Para mí, todo lo que sea una fuerte voluntad de cambio y una acción destinada al cambio, es revolución. Creo que hay un sentido del cambio social, del cambio histórico, como hay un sentido del tiempo. No es que todos los cambios son revolucionarios. Si no, pregúntenle a la alianza Cambiemos… Pero cuando hablamos de cambios en el sentido de filosofía de la historia, siempre nos referimos a cambios políticos que tengan relación con los que menos tienen, con el empoderamiento de las clases más humildes, con la abolición de privilegios. Con todo eso tiene relación el cambio que nosotros llamamos tal. En ese sentido, la sociedad actual en todo el mundo es bastante retrógrada. Hay poca voluntad de cambio. En casi todas las situaciones políticas que se están dando vivimos auge de movimientos conservadores, de las derechas, restauración de privilegios perdidos más que de revoluciones propiamente dichas. Salvo, a mi juicio, la gesta de la mujer. Evidentemente, es una gesta revolucionaria.

Oscar Ranzani/Página 12

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