
Enorme Estudiantes, emocionante y descomunal. Por la clasificación a la final de la Copa Libertadores a casi dos décadas de haberla ganado por última vez. Por la gesta majestuosa ante el cuco millonario de Flamengo, en su casa, en el mítico Maracaná. Por penales, sí. Con el arma con la que se despidió en 2025 ante el mismo rival, dejando chiquito al Agustín Rossi que se preciaba de súper arquero en esa instancia para esta vez darle el rol de héroe inmenso a Fernando Muslera, otro que sabe de la materia y que -con sus 40 años a cuestas- tuvo en el corazón de este Pincha finalista su redención después de su errático Mundial con Uruguay.
Aristas para analizar y contar de este equipo hay por todos lados, aunque lo importante es el alma impregnada de historia que lo llevará a otro templo del fútbol sudamericano, el Centenario de Montevideo, a buscar su quinta Copa y meterse en el podio copero del fútbol argentino justamente ante el equipo al que le ganó la primera: Palmeiras.
Para hacer honor a ese pasado, Estudiantes sacó a relucir algo de eso -la experienciaen un escenario del que sólo intimidaba el mito, lejos de que el ambiente fuera el más hostil que muchos de esos nombres hayan sufrido. Menos aún lo sometió el rival, con una tendencia a confiar en sus individualidades más que en desmarañar la telaraña que le tejía el Pincha en la faz defensiva.
La apuesta de mandar a Rojo a marcar un lateral que no frecuentaba desde sus tiempos de Selección hizo que se completara el álbum de nombres pesados: Muslera, Pirez, Correa, Carrillo, Sosa para hacer se cargo de un penal calentísimo.
Estudiantes salió a jugar con un nada conservador 4-4-2, que por momentos tuvo más sueltos a sus dos pistones (Baltasar y Tobio Burgos) y pasó más tiempo de la primera parte entre tres cuartos de su propio campo y el arco de Rossi, responsable de que esos primeros 45 minutos no terminaran a favor del visitantes por una salvada en la milagrosa a Rojo y otra espectacular a al inocente Baltasar con la ayuda de un palo.
EN LA DIFÍCIL, EL PINCHA SACÓ A RELUCIR TODA SU MÍSTICA…
Con Samuel Lino y Carrascal bien marcados por los laterales, Flamengo sólo podía generar riesgo por lo que pudieran inventar Pedro y Paquetá. Y fue tan poco que en esa etapa el local no terminó pateando al arco. Para comprobar que Estudiantes sacó su mística en el Maracaná hay que ver esos 40 minutos que jugó con uno menos por la expulsión de Baltasar a partir de dos amarillas evitables. En ese tramo del partido, el mayor responsable de la templanza del equipo fue Alexander Medina, su entrenador, quien lejos de desesperarse y meter mano dejó que la inteligencia de los que estaban en cancha hiciera lo suyo. Y en ese sentido, le sobró tanto que esperó casi media hora para hacer cambios.
Los penales fueron la gloria, pero merecida porque en los 90 el Pincha fue mucho más equipo. Y la carta de presentación para candidatearse a campeón de América tiene el argumento de la historia y también el corajes de los que marcan el camino. Los caciques, los que hicieron un bloque perfecto con cerebro y entrega para la épica del Maracanazo. Y para soñar con el Centenariazo. Porque los más de cuatro mil hinchas que silenciaron al mito no se conforman. Quieren traer la Copa a la Argentina.
Gonzalo Suli/Enviado de Olé a Río de Janeiro
LA PALABRA DEL HÉROE DEL MARACANÁ
Tenía que ser él. Justo un uruguayo escribió historia en el Maracaná. Nacido en Buenos Aires, pero charrúa por herencia familiar, Fernando Muslera redactó, con el pulso firme de sus guantes, una página dorada para un club acostumbrado a las gestas.
Y fue el héroe del Musleracanazo con los tres penales atajados en la serie. “Jugué solamente tres Libertadores, y dos de ellas con Estudiantes y hasta hora había llegado hasta cuartos. Me pone feliz y muy orgulloso. La gente se lo merece: los que están y los que no pudieron venir”, se desahogó el héroe de la noche de Río luego de hacerse gigante en momentos determinantes.
El galán esta vez mató a la billetera. Les ahogó los gritos desde los 12 pasos a tres de los jugadores más cotizados del segundo plantel más caro de Sudamérica: Jorginho, Paquetá y Bruno Henrique. El arquero de 40 años se arrojó hacia su derecha en los tres casos y les adivinó la intención a los pateadores. Durante el partido también se la había adivinado a Plata en un mano a mano. Cuestionado por su flojo Mundial, que lo llevó a pensar en dejar el fútbol, ahora irá por un sueño: “El fútbol siempre te da otra oportunidad. Uno mantiene el foco y sabe que se puede lograr. En los penales el arquero tiene ese plus y estoy feliz de haber contribuido. Este grupo siempre está y da la cara. Es un orgullo enorme”. Y vaya si lo es.
Gonzalo Suli/Enviado de Olé a Río de Janeiro
MG Radio 24 Villa Pueyrredón