
A dos años de su último paso por Buenos Aires, Iron Maiden regresó en la noche del martes al mismo lugar que lo recibió en aquella ocasión: la cancha del club de fútbol Huracán. Si en ese entonces presentó su último disco de estudio, Senjutsu (2021), aunque asimismo hizo hincapié en el álbum Somewhere in Time (1986), esta vez vino para celebrar con la patria metalera local los 50 años de su creación. Y vaya que no es nada fácil alcanzar medio siglo rockeándola, de lo que puede dar fe el baterista Nicko McBrain, quien decidió colgar las baquetas apenas concluyó la anterior gira. Amén del desgaste físico y la fatiga que genera tocar por el mundo a los 70 años, el músico tuvo que lidiar con las secuelas del accidente cerebrovascular que sufrió en enero de 2023.
Su rol detrás de los tambores lo ocupó Simon Dawson, que tras desfilar por las agrupaciones The Outfield, Dearly Beheaded y British Lion, ingresó en las filas del acorazado musical londinense. Convirtiéndose así en el sexto baterista de la agrupación. Sin embargo, se comportó como si hubiera estado toda la vida aceitando la base rítmica junto al bajista Steve Harris: el único integrante fundador en actividad dentro de la actual formación. Si bien en la antesala del vigente tour, que lleva por nombre Run For Your Lives, este sobreviviente evidenció su sorpresa por el sostenimiento de la banda en todos estos años, también advirtió que no cree que le quedé mucho tiempo más. “Un día ya no lo voy a poder hacer. Así que para mí cada concierto es sagrado”, dijo.
El cantante Bruce Dickinson hizo asimismo alusión al aniversario en uno de los pasajes iniciáticos del concierto, para luego presentar “Phantom of the Opera”, clásico de 1980. Él no sólo eligió esa canción para esta serie de shows conmemoratorios, sino que también le estableció como condición a Harris, con quien lleva adelante una relación rígida, que buena parte del repertorio tenía que ajustarse a sus deseos. Es por eso que en las poco más de dos horas de recital se pudo escuchar “Infinite Dreams”, que recuperaron en la lista de temas tras 35 años de su última interpretación, sacándole el lugar a “The Evil That Men Do”. El tema incluido en el disco Maiden England (1989) sonó después de “The Number of the Beast” y antes de que hicieran “Powerslave”.
En esa instancia de la primera de las dos actuaciones de esta vuelta a la capital argentina (la segunda se pautó para el miércoles, en el mismo lugar), Iron Maiden había dejado atrás a himnos del calibre de “Murders in the Rue Morgue”, “Killers” y “Wrathchild”, en la que apareció por primera vez la mascota del grupo, Eddie the Head. Pero fue recién en la épica “Rhyme of the Ancient Mariner” donde banda y público pudieron conectar. A pesar de que al principio despuntaron el aguante, los hits y una ejecución colosal, existía la sensación de que la química entre ambos latía bajo o estaba fuera de sincronía. Hasta que desenfundaron el poema musicalizado del inglés Samuel Taylor Coleridge, con esos cambios de atmósferas guiados a lo largo de 14 minutos por la dinámica entre Harris y el violero Dave Murray.
Se trató de uno de los clímax del show, con Dickinson introduciendo esa aria con cantimplora de explorador en mano, para luego lucir un outfit de marinero de fines del siglo XIX. Secundando a la máscara egipcia que llevó minutos antes en el tema que dio nombre a ese mismo álbum de 1984, “Powerslave”. Y mientras el vocalista brindaba una performance exquisita, cargada de esa teatralidad que la distingue, Murray tañía su instrumento cual nigromante. Haciendo y deshaciendo todo lo que hallaba a su paso, como bien lo volcó en “2 Minutes to Midnight”, estableciendo un diálogo visceral con el otro violero de la agrupación, Janick Gers. Aunque a continuación, en la galopante “Run to the Hills”, encontró a todos los instrumentos de cuerda ensamblados frente al escenario.
Las tensiones sonoras volvieron a saltar en “Seventh Son of a Seventh Son”, en la que Harris, Murray y el guitarrista restante, Adrian Smith, consiguieron destrabarlas hasta convertir en una especie de suite al tema de su séptimo álbum. Esto allanó el camino para hacer “The Trooper”, con el vocalista agitando la Union Flag a manera de señal de arranque. Entonces los riff melódicos se apoderaron de su evolución, emulando la cabalgata de un caballo en medio del conflicto. En tanto la batería del novel Dawson terminaba de moldear la estructura bélica de la canción. Al dinamitar ese caos, tras la segunda y última irrupción de Eddie en el espectáculo, ataviado esta vez como un soldado británico, inmediatamente el público respondió cantando “El que no salta es un inglés”.
Acto seguido, el sexteto invocó “Hallowed Be Thy Name”, con esas campanas rebotando de un lado para otro, ornamentando el lúgubre inicio de este clásico. La gradación se fue apoderando del tema, de la misma forma que lo patentaron en el disco que lo contiene, The Number of the Beast (1982), para luego fluir progresivamente de la mano de esas tres violas que recrean los últimos minutos de un hombre condenado a la horca. Pasando de la reflexión a la aceptación de la muerte, con una tenacidad que se debatía entre la rapidez y la intensidad. Otro de los momentos claves del recital, coronado posteriormente por la canción manifiesto de la agrupación, la indispensable “Iron Maiden”, que, pese a su longevidad, sigue sonando rauda y peligrosa.
Elegir el cancionero ideal para repasar 50 años de historia no es una tarea sencilla, por lo que Iron Maiden prefirió aferrarse al manual y celebrar semejante natalicio (técnicamente, cumplieron el medio siglo el 25 de diciembre de 2025, pero la gira largó en mayo de este año) a punta de los himnos de siempre. De hecho, esta lista de temas distó de su anterior desembarco en la ciudad. Lo que también se notó en el bis, de donde sólo mantuvieron “Wasted Years”, que funciona generalmente para la despedida. No obstante, el final fue amilanado por “Aces High” y la emblemática “Fear of the Dark”, canción homónima del disco que los trajo acá por primera vez, en 1992. Aunque en esta oportunidad reforzó la duda planteada por Dickinson en el ocaso del show: “¿Nos volveremos a ver? ¿Quién sabe?”.
Yumber Vera Rojas/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón