El notable violinista israelí Pinchas Zukerman se presenta hoy en el Colón

zukermanpinchas.jpg

Pinchas Zukerman no solo es una de las figuras más influyentes de la música clásica de las últimas décadas sino, sobre todo, representa la memoria viva de una época dorada de la interpretación musical. Violinista, violista y director de larga fama internacional, Zukerman nació en Tel Aviv en 1948 y en la célebre Juilliard School de Nueva York fue discípulo directo de titanes como Ivan Galamian e Isaac Stern.

Con esa herencia Zukerman ha sabido construir a lo largo de más de medio siglo una carrera trascendental como músico y docente. Un periplo artístico distinguido en todo el mundo por la calidez inconfundible de su sonido y un aura expresiva que maduró superando los gestos pirotécnicos para ahondar en el espíritu de la obra.

Este lunes a las 20, el célebre músico regresará al escenario del Teatro Colón para protagonizar el penúltimo concierto de la temporada 2026 del Ciclo Aura, la serie coproducida por el mismo Teatro junto a Mama Hungara Live y Elisa Wagner ICP. En lo que es posible presentir como un concierto extraordinario, Zukerman actuará como solista junto al Ensamble Musical de Buenos Aires, bajo la batuta del maestro Gustavo Fontana, en un programa más allá de las exigencias interpretativas tiende puentes entre el repertorio canónico europeo y la tradición argentina.

La gala abrirá con una obra de profundo valor histórico para la música argentina: Tangazo: Variaciones sobre Buenos Aires, compuesta por Astor Piazzolla en 1969. Esta pieza no solo propone una mirada sinfónica pionera sobre el tango, sino que guarda un vínculo estrecho con el escenario al que regresa, porque fue encargada por el propio Ensamble Musical de Buenos Aires -durante su etapa histórica, bajo la presidencia de Bernardo Prusak y la dirección artística del maestro Pedro Ignacio Calderón-, marcando un hito imborrable en el patrimonio sonoro de la ciudad.

El programa continuará con la dramática Obertura Coriolano, Op. 62 de Ludwig van Beethoven, seguida por dos joyas de belleza melódica: la Romanza n.º 1 en sol mayor, Op. 40 de Ludwig Van Beethoven y la delicada Berceuse sfaradite del compositor israelí Paul Ben-Haim, inspirada en las tradiciones musicales sefardíes.

Tras el intervalo, la vibrante Suite del ballet Estancia, Op.8, de Alberto Ginastera, será el preludio a una de las páginas más apasionantes y queridas del repertorio romántico: el Concierto para violín n.º 1 en sol menor, Op. 26 de Max Bruch. Para Zukerman, abordar el concierto de Bruch es un momento especial. La versión que el violinista registró en estudio a finales de la década de 1970, junto a la London Symphony Orchestra bajo la batuta de Zubin Mehta, está entre las referencias más sólidas de un concierto que demanda además de destreza técnica un particular ardor juvenil, expansión emotiva y un sonido de calidez impetuosa, atributos que en Zukerman han madurado de la mejor manera.

El tiempo y el algoritmo

Formado en la edad de oro de la actividad concertística internacional, Zukerman es hoy un puente vivo hacia esa manera de entender la música en la que la paciencia y el oído trabajan de forma conjunta. “Creo que uno de los mayores desafíos en la actualidad, y no solo para los estudiantes de música, pasa por sintetizar tanta información disponible”, dice el violinista a Página/12. Sobre los retos pedagógicos actuales en un entorno dominado por las redes y al mismo tiempo por la obsesión por la perfección técnica desprovista de un discurso interior, el maestro es categórico: “Hoy un alumno presume que el aprendizaje ocurrirá de manera inmediata. Pero la música requiere tiempo para ser asimilada. Cuando yo era joven, me decían que fuera una esponja, que saliera y lo absorbiera todo. Iba de concierto en concierto y escuchaba no solo a violinistas, sino a cantantes, pianistas, directores y músicos de cámara. Así con el tiempo esas experiencias fueron decantando y modelando mi personalidad artística”, agrega Zukerman.

En el mismo sentido, después de seis décadas de carrera, para Zukerman el virtuosismo mecánico es solo el punto de partida, pero nunca el fin último. “La técnica es importante, pero no basta. Un joven músico tiene que comprender qué es lo que intenta comunicar. Ahí es donde un buen maestro se vuelve fundamental. Fui muy afortunado de aprender de Galamian y de músicos como Isaac Stern, y hoy intento transmitir no solo información técnica, sino una forma de escuchar y de pensar la música”, asegura el músico, que a lo largo de su carrera ha sabido mantener una relación simbiótica y natural tanto con el violín como con la viola.

Esta dualidad ha enriquecido de manera directa su concepción del fraseo y el color del sonido. “Tocar viola y violín te da otra dimensión para comprender el sonido. La viola posee su propia sonoridad y timbre, y el abordaje físico es distinto. Siempre he animado a los violinistas a tocar la viola, y a los violistas a tocar el violín, porque cambiar de instrumento te ofrece una perspectiva diferente e incluso ayuda con la coordinación física. Te vuelve mucho más consciente del sonido que buscas y de la relación orgánica entre las voces”, cuenta.

Pese a haber transitado como solista por los escenarios más imponentes del planeta, junto a las más prestigiosas orquestas, Zukerman nunca abandonó la práctica de la música de cámara. Para el músico, reunirse a hacer música en pequeños grupos encierra una lección ética que excede los límites del escenario y se proyecta hacia la sociedad. “Para mí, la música de cámara revela la esencia absoluta del arte musical, porque en el preciso instante en que tienes que tocar con alguien más, estás obligado a escuchar. No puedes simplemente concentrarte en ti mismo; tienes que responder a lo que el otro músico está haciendo”, dice y enseguida agrega que de esa ética de la comunicación a la amistad hay apenas un paso. “Hago música de cámara desde los nueve años y sigue siendo una de las partes más gratificantes de mi vida artística. La música de cámara enseña algo mucho más grande: cómo comunicarse, cómo escuchar y cómo contribuir a un todo sin perder la propia voz. Para mí no hay nada más satisfactorio que colaborar con grandes amigos”, concluye el maestro.

Santiago Giordano/Página 12-Espectáculos

Compruebe también

Juan Diego Flórez en el Colón: oficio, presencia y bises especiales del tenor peruano

Juan Diego Flórez en el Colón: oficio, presencia y bises especiales del tenor peruano

Hay artistas cuyos bises se esperan casi tanto (quizás más) como el programa anunciado. Juan …

24 de Setiembre: comienza la 2º edición del Festival Vinilo con notable grilla

24 de Setiembre: comienza la 2º edición del Festival Vinilo con notable grilla

Hay espacios cuya existencia trasciende la simple logística de una cartelera y un par de …

Dejanos tu comentario