
Una mujer embarazada quiere tejer algo para su hija, pero no recuerda cómo hacerlo. Su nonna le había enseñado hace años, e intenta recordar esos momentos para poder hilvanar la madeja de hilo. Entonces, entre recuerdos para construir el futuro revive (¿o retoma?) diálogos con su abuela inmigrante, en los que, entre anécdotas y consejos, reconstruye una vida que empezó de cero y siguió por generaciones. “Es un recorrido por la historia de todas las abuelas argentinas inmigrantes”, dicen a Página/12 Cecilia y Juan Carlos Maugeri, la autora y lxs protagonistas de Yo fui feliz. O como se teje una boina. “Viene mucho de este mundo interno, del ama de casa de esa época, de la madre de familia. La nonna es muy particular, muy personaje, entonces la gente se ríe mucho, el tejido va atravesando toda la obra, y los monólogos van entrecruzando entre las escenas es una relación entre el tejido, la escritura y la creatividad como forma de vida”, prometen sobre lo que puede verse los viernes a las 20 en el Teatro El Anticuario (San Lorenzo 354).
“Si yo dijera cuál es el mensaje de la obra, es qué podemos hacer con lo que nos toca”, se ilusiona Cecilia, que la escribió en base a recuerdos con su abuela, pero también a entrevistas que le había hecho y tenía grabadas. “Cómo podemos ser creativos honrando el legado y haciendo algo propio con eso. Es lo que se ve con el tema de la maternidad, con todo lo que la nonna le va contando. Mi personaje se va nutriendo de esas historias de la nonna y va reflexionando sobre cómo llevar eso hacia el futuro con el bebé que está por nacer”, detalla. El padre de su personaje piensa que “si bien está hablando de una nonna que vino de Italia, es universal porque le cabe a los judíos, a los españoles, y le cabe a cualquier migrante incluso dentro del país”, analiza Juan Carlos. “Habla del desarraigo, la diferencia de costumbres y demás. Y qué le pasa a un chaqueño que viene a la capital, o a un misionero, o a un entrerriano, un riojano. Debe ser duro también, igual que fue para la nonna”, compara.
Cecilia es la autora, y sobre el escenario hace, de alguna manera, de sí misma. Juan Carlos es el padre de Cecilia, y representa a la abuela de Cecilia, su mamá. Una historia familiar, íntima, expuesta teatralmente a los ojos de quien quiera conocerla. “Hace unos cuantos años hice Visitando al señor Green, tenía el papel del judío y fue un desafío grande, pero este es más grande”, dice Juan Carlos. “Es muy fuerte porque la nonna está en presencia física, pero teatralmente está muy presente el nonno, o sea mi papá. Entonces ahí se me cruzan las dos formas de ser, porque eran muy diferentes, y se me arma un lío bárbaro”, ríe.
“El último mes antes de estrenar ensayábamos todos los días y nunca sabíamos en qué momento íbamos a llorar”, cuenta Cecilia. “Ahora ya estamos en una situación en la que podemos empezar a jugar desde otro lugar, porque al principio era sostener la letra y la emoción, y ahora eso está”, señala la autora y protagonista.
Con una puesta en escena simple, en el que la mayor parte del tiempo Cecilia y su abuela conversan sentadas en un sillón, la obra está compuesta por siete escenas separadas por breves monólogos en los que Cecilia hilvana esos diálogos con su abuela con el paso a paso del crochet y sus devenires con el embarazo, entrelazando poéticamente memoria, construcción y futuro. Pero lo distintivo es el contexto en el que ese diálogo sucede: el teatro está inmerso en un negocio de antigüedades, que colabora con el clima intimista del espectáculo. Antes de la función, lxs espectadorxs reciben una copa de vino; y al finalizar, junto a quienes se quedan, se comparte una ronda de experiencias para aquellxs que quieran contar su propia historia, sus recuerdos o el “viaje” que cada unx vivió a partir del espectáculo.
“Obviamente, esto no nació como teatro”, observa Juan Carlos. “Compramos el local en 2009, un negocio de antigüedades. Un día se dio la circunstancia de hacer una clase de teatro acá porque se había cortado la luz en el centro. También hicimos una muestra con una obra de teatro en el 2018, después vino la pandemia y a partir del 2022 ya lo instalamos como un teatro con parrilla de luces, escenario”, enumera. “El espacio es único, no porque sea un emprendimiento familiar sino porque no hay teatro como este”, se entusiasma.
Cecilia revela que, luego de estar muchos años escribiendo la obra, hizo una fiesta para su cumpleaños en el anticuario: “Le dije a mi papá de hacer una lectura de la obra, ya que estábamos ahí. Y se nos fue de las manos la lectura porque terminó siendo un semi montado. Ahí dijimos ‘entre esto y hacer la obra no falta tanto’. Fue una cosa muy orgánica que se fue dando. Era el lugar que había, pero coincidió con que era el mejor lugar también para hacerla”, destaca la autora.
Yo fui feliz recupera teatralmente los recuerdos de Cecilia sobre la vida de su abuela, inmigrante que llegó al país de niña, que compartió la vida en un conventillo, que construyó con otrxs que también debieron cruzar las fronteras su propia historia, y así la del país, junto a las distintas comunidades que estaban o llegaron a estas tierras. En tiempos en los que se insiste con la amenaza extranjera, sin habérselo propuesto la obra también es, asegura Cecilia, un posicionamiento político: “Un compañero me preguntaba cuál es el sentido de hacer esta obra hoy porque le parecía muy familiar y no veía cómo entraba en la agenda. Yo la hice por amor, un homenaje, y mientras la hacíamos vi cuál es el sentido político, que es la reunión”, se planta la autora. “Hoy la reunión es revolucionaria, juntarnos. En la obra hay un componente muy importante que es la vecindad, cómo se construye esa nueva familia con los padres, con la gente que tenés al lado y en la que podés apoyarte. Es un alivio enorme poder sentir eso en este contexto, ¿no?”, concluye.
Sebastián Ackerman/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
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