
“Frente a la asimetría histórica del arte occidental en la que el cuerpo masculino ha operado como sujeto y el femenino como objeto representado -escriben en el texto de presentación Andrea Gigante y Cecilia Custodio-, la artista propone un giro de 180 grados: el varón como objeto de observación”.
–¿Cómo surgió esta serie?
En 2017 me propuse retratar hombres. Comencé retratando algunos. Fueron pasando los años y venían a mi estudio. Algunos los hice en dos sesiones, otros en cuatro. Les pedía que escribieran algo acerca de cómo se habían sentido con la situación.
–¿Por qué la elección del género del retrato?
-Me gusta mucho. Doy clases con modelo vivo en la facultad. Yo venía de retratar del natural, cosa que me gusta mucho. Es decir que se trata de algo que vengo haciendo hace tiempo.
–Hay una inversión de la práctica histórica del género.
-En la historia de género, para que la mujer pudiera retratar a un hombre o estar en un estudio de artista ante un cuerpo desnudo del modelo, tenía que ser de una familia adinerada, o tener un padre artista; firmar con seudónimo o disfrazarse de hombre. Las primeras academias eran para gente rica. Eso a mi siempre me quedó, cuando estudié historia del arte. La gran mayoría de ejemplos de la historia de la pintura está hecha por varones. Por supuesto que eso cambió mucho, en gran parte gracias a las luchas feministas, a los espacios que se fueron ganando.
–La propuesta juega con el anacronismo y con el experimento.
-Para mí fue más bien una especie de experimento. Quería investigar el género. Ver qué les pasaba a los hombres en una situación pasiva, receptiva; de quedarse quietos… cosa que les cuesta bastante. Quería ver qué se producía cuando recibían la mirada de una mujer, fuera de una situación de conquista. Porque quizás el hombre está acostumbrado a que si una mujer le sostiene la mirada, es provocativa. Yo proponía una mirada que los hombres conocen poco, o no conocen. Y buscaba ver qué pasaba.
–¿Y cómo te resultó?
-El trabajo de campo fue maravilloso. En principio, por lo que me devolvían en los textos, que utilicé en el video que forma parte de la muestra. Yo también escribí algunas cosas después de las sesiones. Y con todo ese material fui desarrollando el proyecto, sumándole distintos textos: uno de presentación y otros a modo de crónica. Fue muy revelador el cambio de roles: el hombre es el observado y la mujer la que observa. Después creo que la muestra fue por lugares más interesantes, que tenían que ver con los vínculos sexoafectivos; sobre cómo nos vinculamos en ese silencio.
–La frase del título, “Hombres como jarrones”, tiene humor y al mismo tiempo es un disparador de sentidos.
-Surgió como un rayo. Fue mi primera idea. Y después fueron apareciendo otros matices. En los bodegones, el jarrón siempre aparece como objeto decorativo; y pensaba en el jarrón de cerámica o de distintas calidades, como receptáculo, más o menos refinado. El jarrón no solo es un objeto decorativo sino que también contiene. Entonces ¿qué contienen estos hombres? A veces, muchas cosas. Pero el dato común a todos era que ellos terminaban siendo los receptores de mi mirada. Y al final la frase del título quedó, porque si bien aparecían otros sentidos, me seguía haciendo eco este título.
–¿Qué sentidos fuiste encontrando?
-Cuando empecé a hablar del título con otras personas, lo primero en lo que pensaron varias era en la fragilidad, cosa que también me gustó, porque yo pude notar eso a través de los encuentros, de las sesiones: la vergüenza, los nervios. Varias situaciones que para nosotras las mujeres son muy comunes de vivir con nuestro cuerpo. Y para mí fue una situación de disfrute, porque ¿qué le pasa al hombre cuando se siente observado y eso lo pone nervioso? Se reían, les costaba estar en silencio: eran verborrágicos.
–Además de la presencia del modelo ¿Trabajaste tomando fotos?
-A veces, para seguir trabajando con algunos elementos que me habían quedado dando vueltas, tomaba fotos. Pero prefería trabajar con la situación del momento, porque pasa otra cosa mientras los modelos estaban in situ y los miraba. Dependía bastante de la energía que cada uno traía. Por ejemplo, hubo un retrato que no podía terminar, al que le daba vueltas y vueltas hasta que un día sentí que él venía con otra energía y yo también. Y esa energía particular, esa nueva mirada, me permitió trabajar mejor. Pero bueno, había decidido no trabajar con una naturaleza muerta sino con humanos, que están más o menos disponibles. Porque hoy, a la velocidad en la que vivimos, quedarse un buen rato quieto para que otro te mire mucho, es un montón. Se trataba de manejar la ansiedad el otra, pero también la mía. Ponerme flexible y receptiva con lo que se iba dando en los encuentros.
–La muestra de todos estos retratos podría decirse que está coronada por tu autorretrato.
-Creo que eso cambió mucho la serie. Después de pintar a todos estos hombres, decidí pintarme a la antigua, a la manera de los clásicos del género, de todos esos pintores que se retrataban inflados, barbudos, con el pincel en una mano y la paleta la otra. Me tomé varias fotos y trabajé también a partir del espejo. Otra decisión muy clara: mi autorretrato lo hice al doble de tamaño que el de mis modelos (risas).
En el marco de la exposición, el sábado 6 de junio, a las 17, habrá una charla de la artista con uno de sus retratados, Guillermo Amarilla Molfino y la participación de Florencia Nieto (artista e investigadora). Y el viernes 12 de junio, a las 18, un encuentro para conversar sobre la exposición.
Entre otros agradecimientos, además de los retratados, familia y amigxs, la artista nombra a “María Laura Rosa, la primera docente que nos habló de una Historia del arte con perspectiva de género; a Ana María Caputo, Andrea Racciatti y Marcia Schvartz, mis maestras faro”.
- La muestra Hombres como jarrones, de Andrea Gigante, se exhibe en Museo de la Mujer, Pasaje Dr. R. Rivarola 147, hasta el 16 de junio, de martes a sábados, de 15 a 19, con entrada libre y gratuita.
El recorrido de la artista
Licenciada en Artes Visuales con orientación en Pintura (UMSA, 2012), Gigante realizó parte de su formación en la UNA y participó de talleres y seminarios con artistas como Marcia Schvartz, Remo Bianchedi, Guillermo Roux, Eduardo Iglesias Brickles, Andrea Racciatti, María Laura Rosa, Silvia Gurfein, entre otros.
Se desempeña como dibujante y pintora, incorporando ocasionalmente recursos del stop motion y el audiovisual a su práctica artística. Desde 2006 desarrolla la docencia en su taller particular. Es profesora titular de Pintura en UMSA desde 2013 y docente en la carrera de Ilustración de la Universidad de Palermo. Entre 2020 y 2021 coordinó, junto a Marcia Schvartz, las Vertiginosas Online, cursos de extensión de la UNA dedicados a la reflexión sobre la práctica artística.
Ha publicado ilustraciones en medios gráficos y proyectos editoriales independientes, entre ellos Chequeado, Revista La Marea, álbumes musicales, fanzines y libros de artista.
Entre sus proyectos recientes: La Gran Paternal junto a Gauguin y Dreyfus (2024), El arribo de la mirada (Chimera, 2023), Inédita: Resnik, Florido, Catalá, Racciatti, Gigante (UMSA, 2023), el lanzamiento audiovisual Válvula de alivio: Villar/Gigante (2023) y su participación en La Noche de los Museos (2022).
Fabián Lebenglik/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón