
Racing no pudo hacer lo que debía para sostener sus chances de clasificación en la Copa Sudamericana: ganar. Empató 2 a 2 ante Caracas y se quedó sin nada a una fecha del final de la fase de grupos. Aunque gane en la última fecha ante Independiente Petrolero -que hasta aquí perdió todos los partidos-, quedará inevitablemente tercero.
El equipo de Gustavo Costas había logrado dar vuelta un resultado adverso, pero no lo pudo sellar. Con un gol a mitad de camino entre el blooper y una falta no sancionada, el equipo venezolano se llevó un empate más valioso que lo supone el punto, porque lo clasificó.
El partido se pareció a uno de esos de la vuelta del fútbol tras la pandemia. Faltaban los barbijos, pero abundó el silencio, que dejó escuchar todo eso que pasa en la cancha y que se pierde entre la multitud. La razón de la ausencia de público no fue el Covid 19, sino otro tipo de virus que afecta al hincha que por folclore entiende desmesura y hasta mal gusto: la Conmebol castigó con tres partidos a puertas cerradas a la Academia luego de los incidentes ocurridos en las semifinales de la pasada Copa Libertadores frente a Flamengo, cuando el público encendió bengalas y fuegos artificiales, además de registrarse graves hechos de racismo en las tribunas del estadio.
Los hinchas que encendieron el televisor sobre el inicio no debieron esperar para vivir el déjà vu del grito de gol interpretado por los propios futbolistas, sin las gargantas del público. Todavía el cronómetro no había completado el primer minuto y Caracas salió de su campo en tres toques, Michael Covea desbordó por izquierda y la metió en cortada para Robert Hernández, que la cruzó al medio para la entrada de Adrián Fernández, pero Gabriel Rojas interrumpió la trayectoria con la mala fortuna de empujarla con la rodilla. Tras dos minutos de deliberación, el árbitro Jhon Ospina convalidó el tanto.
Gol en contra y parecía que la cosa se volvería cuesta arriba, pero la reacción de la Academia no se hizo esperar y antes de los cinco minutos consiguió emparejar el marcador. Lo logró por el sacrificio de Tomás Pérez que fue a buscar la pelota antes que se fuera por el fondo, la recuperó en la línea y tocó atrás para Rojas, que mandó el centro para Zaracho en el área, pero el mediocampista la dejó pasar y ahí estaba solo Gastón Martirena para sacar un remate que se le metió al arquero por debajo y aunque alcanzó a desviarla parcialmente al palo, fue el 1-1. Pese a la claridad de la jugada y la ausencia de polémica, el ecuatoriano Franklin Congo desde el VAR demoró el asunto trazando líneas innecesarias.
El desahogo de Gustavo Costas fue notable. Casi sin esfuerzo había logrado equilibrar el tanteador y con ese envión se adueñó del partido. Así llegó al desequilibrio antes de que culminara la primera etapa consiguió el penal que -previo y exhaustivo chequeo- permitió el 2 a 1. El encargado fue Adrián Martínez, con una carga extra antes del tiro: el último que pateó Maravilla fue en el clásico ante Independiente, que intentó picar y terminó con la pelota por arriba del travesaño. Ayer la metió donde había intentado ante Rodrigo Rey: no buscó el chiche, pero la puso suavecita con la zurda para que la pelota entrara justo debajo del ángulo del palo izquierdo y el travesaño.
El dominio de Racing no se sostuvo en la segunda parte. Tuvo la pelota, sí, pero también el equipo de Henry Meléndez. Y el cuadro venezolano jugó bastante cerca del arco que defendió Matías Tagliamonte por la ausencia de Facundo Cambeses. El arquero no se olvidará de este partido y no precisamente por las grandes tapadas que logró: el empate que dejó afuera a la Academia llegó por una pelota que intentó sacar al córner, pero no pudo: cinco veces la pelota fue entre sus guantes y el travesaño hasta que Adrián Fernández se interpuso, lo desestabilizó y así aprovechó Irving Gudiño para empujarla. Luego, Maravilla se perdió un gol debajo del arco. De lo único que se salvó Racing fue de los chiflidos en un estadio vacío, en el que retumbó el silencio.
Luciano Bottesi/Clarín-Deportes
CON UN ARCE ON FIRE, INDEPENDIENTE RIVADAVIA GOLEÓ EN VENEZUELA
Independiente Rivadavia sigue invicto en la Copa Libertadores, en Venezuela sumó un nuevo triunfo ante La Guaira y, ya clasificado desde la fecha anterior a los octavos de final, estiró su amplia ventaja en el Grupo C, con 13 puntos, ocho más que Bolívar y Fluminense y a 10 de su rival de este jueves. A tono con su paso triunfal en su primera copa internacional, los goles fueron del paraguayo Alex Arce por triplicado y el colombiano Sebastián Villa.
El equipo de Alfredo Berti buscará cerrar la fase de grupos con un récord que pocos equipos argentinos debutantes en la principal competencia sudamericana lograron. Si no pierde el próximo miércoles ante Bolívar en Bolivia (es probable que no se juegue en La Paz y se lleve a cabo en el llano de Santa Cruz de la Sierra), finalizará invicto en la zona e igualará los registros de River en 1966 (llegó a 9 partidos sin perder), Vélez en 1994 (llegó a siete) y Estudiantes en 1968 (a seis).
Independiente Rivadavia exigió y dañó por las bandas. Las sociedades entre Sebastián Villa y Matías Fernández complicaron a la tibia defensa local. Y el paraguayo Arce que está intratable y con los tres tantos en Venezuela suma 8 y es el máximo goleador del torneo. El primero de Arce fue de cabeza tras una buena asistencia de Villa; el segundo (3-1) tras un error del arquero local en la salida, y el cuarto con otro gran cabezazo luego de un centro de la derecha de Matías Fernández. El volante también asistió en el 2-1 a Villa, que definió con un gran remate, el balón dio en el travesaño y entró. Para la estadística, el 1-1 parcial de Diego Osío de cabeza y el 2-4 de Juan Castellanos de tiro libre.
Clarín/Deportes
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