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Reman para superar el cáncer de mama. En agosto se van al Mundial de Francia

Reman para superar el cáncer de mama. En agosto se van al Mundial de Francia

Remar contra el cáncer de mama en un bote dragón, en compañía de otras mujeres que encontraron en cada palada el impulso para recuperarse. Así podría sintetizarse el propósito de este movimiento global, que en Argentina tiene a decenas de remeras distribuidas en todo el país. Veinticinco de ellas, por primera vez, estarán en el Festival Participativo de Botes Dragón de la Comisión Internacional de Palistas con Cáncer de Mama (IBCPC), el mundial que se hará en Aix-les-Bains, Francia, del 24 al 30 de agosto próximo.

“En el bote no se habla de la enfermedad: nos reímos, cantamos y hacemos chistes. La actividad física y la actitud generan sanación natural, señala Mariana Fernández, la coordinadora de Rosas del Plata, de Tigre, provincia de Buenos Aires.

El programa preventivo y de recuperación tras la mastectomía empezó en Canadá en 1998, a partir de una serie de pruebas con mujeres sobrevivientes de cáncer de mama en las que el médico fisiatra Don McKenzie pudo comprobar que el remo en bote dragón ayudaba a mejorar la movilidad, la fuerza del hombro y la calidad de vida.

La combinación de ejercicios aeróbicos con los de fortalecimiento muscular evitaba que se desarrollaran linfedemas (hinchazón) en los brazos tras la extirpación de los ganglios linfáticos y la comprobación de que el trabajo en equipo impactaba en el ánimo y la autoestima de las pacientes dadas de alta, hicieron que la disciplina se difundiera.

En Argentina, el modelo se replicó en 2013 cuando Lía del Prado fundó Remeras Rosas La Plata, en la ciudad capital de la provincia de Buenos Aires. Dos años después, la doctora Matilde Yhani iba a proponérselos a mujeres de Tigre que también estaban en recuperación.

Con éxito, el remo en bote dragón empezó a expandirse en otras ciudades bonaerenses como Berisso, Mar del Plata, Necochea, Las Flores, Avellaneda, Puan y el más reciente, en Escobar. Mientras, el país fue tiñéndose de rosa, el color de la lucha contra el cáncer de mama: Córdoba, Misiones, Neuquén, Río Negro, Santa Fe, Santa Cruz y La Pampa se sumaron al programa.

Es condición para unirse a estos equipos rosa haber atravesado la enfermedad y tener el alta médica. En cada encuentro, el objetivo es practicar la coordinación entre las palistas, un desafío físico que requiere de técnica para avanzar. Hay una timonel que desde atrás guía al grupo mientras reman y adelante una tamborilera que con el tambor va marcando el ritmo de las paladas.

“Soy una bendecida porque acá encontré amigas, compañeras, sentido de pertenencia y liderazgo”, agrega la entrenadora del conjunto tigrense, que además forma parte de la Selección Argentina en Rosa que competirá en el próximo mundial.

Si bien hay veinticuatro equipos nacionales, ninguno está inscripto en la Federación Argentina de Canoas (FAC) porque aún no se lo contempla como una disciplina deportiva. Esto hace que los gastos de los entrenamientos, las concentraciones y la participación en los festivales internacionales sean sostenidos por cada una de ellas o con la donación de algunas empresas.

“No recibimos el aporte de ninguna institución ni del Estado. Nos encargamos hasta de nuestra indumentaria, de la comida, sin contar los gastos fijos que tenemos en medicamentos. Esto lo hacemos a pulmón. Para nosotras es un desafío, es pura pasión”, dice Mariana Rodríguez, capitana de la selección nacional e integrante de BariRosa, el equipo de Bariloche.

“Por eso estamos haciendo muchas campañas de recaudación. Una de ellas es Apadrina una palada. Si logramos reunir a nueve mil seiscientas personas que nos patrocinen con 5.000 pesos, recuperamos todo lo que ya pagamos para la inscripción. Es una gran emoción representar por primera vez a nuestro país. Ya me imagino cuando mencionen a Argentina, y salgamos desfilando con nuestra bandera y podamos decir: ”Somos nosotras, lo logramos», comenta la barilochense.

Para llegar bien al mundial, las palistas tuvieron diferentes encuentros. Uno de ellos fue la travesía que organizó Guardianas Rosas, de Escobar, en el río Paraná de las Palmas. En esa ocasión, los 32 kilómetros que recorrieron sirvieron de entrenamiento y apoyo porque, si bien del equipo escobarense no tiene remeras en la selección nacional, quisieron compartir su bote dragón, el primero construido en el país.

“Para nosotras es maravilloso ser parte de su preparación camino al mundial y es una oportunidad más para seguir concientizando sobre la detección temprana, el tratamiento y todo lo que viene después del cáncer de mama. Colaboramos porque sabemos lo que es remar a partir de un diagnóstico”, añade Silvia Caruso, la referente de Guardianas Rosas.

En su recuperación, la escobarense remó con los grupos de La Plata y de Bariloche y quiso expandirlo a su comunidad, pero le faltaba una embarcación para practicar la disciplina. Entonces encargó la construcción de un bote para veinte personas, que incluyera la cabeza del dragón en la proa y en el otro extremo, la cola, copiando el diseño chino pero de fabricación nacional.

En este mismo sentido, la capitana de la selección sostuvo que si bien estas naves son costosas y no todos los conjuntos del país las tienen, “no es lo mismo remar en un kayak que hacerlo en estos botes porque la diferencia la da la fuerza y el empuje de todas”; por eso aprovechan cada encuentro para reforzar su estrategia.

“Crecimos mucho porque fuimos muy rigurosas. En Latinoamérica estamos muy bien posicionadas. Hace dos años que estamos entrenando y aspiramos al podio”, se entusiasma Fernández, de Tigre. Las palistas de su equipo lograron el segundo puesto en el Festival de Bote Dragón Remadoras Rosas de Chile en 2024, y la medalla de plata, en el 6to Festival Internacional del Bote Dragón 2025, en España.

Para el próximo mundial, Amazonas de Córdoba, BariRosa, Chicas Pink, Rosas del Mar, Rosas Fénix, Rosas del Plata y Dragones Rosas conformarán el equipo nacional. “Cuando nos juntamos, concentramos como si fuéramos un grupo de fútbol, convivimos, nos toleramos y entrenamos muchas horas”, sostiene Fernández.

En la cultura oriental, esta embarcación es sinónimo de trabajo en comunidad y de energía vital. Así como es importante la guía del timonel, la tamborilera tiene a su cargo la sincronicidad de las paladas. El ritmo de los golpes en el tambor es para que vayan más rápido o más lento.

“Es un aliento constante. Estoy en recidiva, entonces no puedo remar, pero sí puedo cumplir esta función. En cada redoble estamos todas; suena para sostenernos, para llegar y ganar. Dicen que el tambor representa el corazón del dragón; eso nos hace pensar que después del cáncer, tenemos otra oportunidad”, explica Soledad Matamala, del grupo Dragones Rosas de La Plata e integrante del seleccionado argentino.

“Sea cual sea el resultado, nos consideramos triunfadoras. Obvio que sería un reconocimiento mayor si fuéramos las primeras, pero con todo lo que nos pasó, somos ganadoras de la vida, concluye Mariana, la capitana del equipo.

Florencia Castro/Página 12-Deportes

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