Por un trago amargo que se lleva de aquellos que le juraron lealtad, el protagonista se vuelve un misántropo, un odiador de los seres humanos -solo los hombres, no las mujeres, a quienes considera incapaz de ser traidoras- y se refugia en el bosque.
Para esta versión de una de las obras más desconocidas de Shakespeare y por lo tanto con menos adaptaciones, Alejandro Viola no precisa más que una tabla para que funcione como mesa, cuatro sillas y cuatro actores (Martín Henderson, Santiago Vicchi, Kevin Schiele y Emiliano Carrazzone) que entran y salen de escena encarnando diferentes roles.
Apenas bajan las luces de la sala Boedo y comienza la función, los actores le hablan directamente al público mientras van vistiéndose como los personajes que están a punto de interpretar. En su breve exposición, los intérpretes explican que esta historia probablemente la haya escrito Shakespeare en coautoría con Thomas Middleton y que los biógrafos de El bardo la ubican cronológicamente en el año 1608.
En Timón de Atenas resuenan temas recurrentes en la obra de Shakespeare. Al igual que en El mercader de Venecia (1596), aquí aparecen la usura y el surgimiento del protocapitalismo, mientras que la lealtad entre amigos evoca los conflictos de confianza que el dramaturgo ya había explorado en Otelo (1604).
La historia de Timón y las bestias originalmente se sitúa durante la guerra del Peloponeso, sin embargo la versión de Viola podría suceder en cualquier espacio y tiempo. De ahí que durante la presentación de esta adaptación aparezcan ciertas digresiones como un trío de gauchos que cantan con la guitarra la traición que sufre Timón, para ilustrar que la crueldad se volvió criolla.
Alejandro Viola cuenta a Clarín que revisitó la obra Timón de Atenas luego de un accidente que tuvo cerca de su hogar, por Barracas.
«Hace dos años iba caminando por el barrio, era un día de lluvia, me caí y me quebré un tobillo. Tuve que estar en reposo dos meses y empecé a releer las obras de Shakespeare. Arranqué por una que no se lee mucho”, relata.
Luego, se sincera: «En ese momento, cuando me sentía tan vulnerable, me empezaron a llegar ideas y pensé en lo tremenda que es la herida de la traición de un amigo, a veces más dolorosa que la traición de pareja”.
Atraído por lo que dicen los biógrafos de el Bardo sobre la escritura de Timón de Atenas, la cual califican como una obra «extraña», Viola empezó con sus investigaciones respecto a cómo se llevó a cabo esta producción en distintas partes del mundo.
“Muchas versiones la pensaban como una metáfora de una crisis del capitalismo, pero a mí me llegó más por la parte humana, la de alguien amable que cree en el otro, que dice cosas como ‘los ricos hemos nacido para hacer el bien’«, detalla el dramaturgo.
Para su adaptación, el director nativo de Monte Chingolo se focalizó en rescatar del texto todo lo vinculado con la falta de solidaridad y la pérdida de memoria que implica una traición. También incluyó en su versión máximas de filósofos leídos por Shakespeare como Aristóteles o Cicerón.
Por otro lado, eligió priorizar momentos del texto original como la escena del capitán del ejército que defiende a un amigo frente a jueces corruptos. “Me interesaba ese contrapunto fuerte del militar, que no tiene una idea romántica de la amistad como Timón sino de ‘hay que dar la vida por los otros’”, recuerda Viola.
Además, optó por mostrar de la obra la ternura que hay entre los personajes masculinos y la pequeña esperanza en la humanidad que quieren dejarle al protagonista antes de quitarse la vida. Así, en la escena en que Timón decide aislarse, Viola decidió que fuera visitado por los tres personajes de la historia que nunca quisieron nada de él: el filósofo, el mayordomo y el capitán del ejército.
Finalmente, el director reflexiona sobre la actualidad: “Está todo tremendo, con guerras y locos gobernando. Son tiempos para hacer lo que a uno le gusta, volver a los clásicos y también ser solidarios con los amigos».
Timón y las bestias se puede ver en Timbre 4 (Boedo 640, CABA), los sábados de mayo a las 22.30.
Laila Fleisman/Clarín