
Una mezcla de emociones transmite Kuki Miler al ser consultada por la noticia que el martes conmocionó al ambiente cultural: el cierre de Ediciones de la Flor, emblemática editorial independiente nacional con seis décadas de trayectoria. Las razones de la despedida están plasmadas en un texto que se puede leer en el stand 1509 del Pabellón Amarillo de la Feria del Libro. Tanto los cambios tecnológicos como el estado de la economía, aparte de la pérdida de autores importantes, fueron los factores que condujeron al desenlace.
La respuesta de los lectores y del sector viene siendo tan potente que hace dudar a Miler de una decisión muy “pensada”. Ella condujo la editorial desde los comienzos junto a Daniel Divinsky. El la había fundado en 1966 -intervinieron también el editor Jorge Alvarez y el abogado Oscar Finkelberg-; ella, economista de carrera, se sumó formalmente en 1970, aunque para esa época ya había corregido textos.
Con voluntad de “novia reciente” de Divinsky intentó en un momento ordenar los papeles de la empresa. Terminó envuelta en el emprendimiento al ser citada a una reunión en la que se prometió a sí misma salvar a la editorial de una quiebra temprana. Se acuerda del día en que anunció que se terminaba el café para achicar gastos. No fue la única vez que rescató a la editorial. “Con esta primera anécdota alcanza porque cambió el destino de mi vida”, expresa.
“Es una decisión pensada que me produce mucha tristeza. A la vez me siento absolutamente contenta, orgullosa de lo hecho. Me reconforta y me hace dudar de la decisión cuando me mandan mensajes diciendo ‘agradezco tus libros porque contribuyeron a mi formación, mi felicidad, mi niñez’. Eso a montones. Personalmente, por WhatsApp, por mail… Hemos atravesado tres generaciones. Vamos a quedar en la historia personal de mucha gente y en la historia de la cultura nacional“, dice.
Divinsky, quien falleció en agosto del año pasado, fue su socio hasta 2015. La larga historia de la editorial está plasmada en fotos en el stand. Hay, por ejemplo, una imagen que retrata el exilio de ambos a Venezuela en el contexto de la dictadura cívico-militar, durante seis años. En ese período se encargó del proyecto Elisa, madre de Miler. Son varios los hitos acumulados en estos años: la editorial fue la primera en publicar en español El nombre de la rosa, primera novela de Umberto Eco; cuentos y novelas de Roberto Fontanarrosa y Griselda Gambaro; novelas de John Berger; textos de no ficción de Rodolfo Walsh. Su nombre, por supuesto, resulta inseparable de Quino y de Mafalda.
La fuga de la obra de Quino a la multinacional Penguin Random House representó un “golpe muy fuerte”. Es, en efecto, la primera cosa que Miler menciona cuando se le consulta por los motivos del cierre. Antes, Franco, el hijo de Fontanarrosa, había elegido que la obra de su padre pasara a Planeta. Lo de Quino ocurrió el año pasado, cuando también Nik se mudó al mismo grupo editorial.
Miler venía madurando esta decisión hacía más tiempo, cuando supo que los sobrinos de Quino retirarían al autor de De la Flor. “Una cosa que nunca en mi vida esperé, porque le había prometido a Quino cuidar sus libros hasta que dejara de trabajar. Y mi fantasía era que yo iba a dejar de trabajar cuando se me cayera la cabeza sobre el escritorio. Fallaron todos los cálculos, porque él no le dejó sus derechos a sus sobrinos, sino a la sobrina de Alicia, su mujer, quien llevaba 25 años mínimo trabajando con él y lo conocía de memoria. Julieta muere a los dos años y medio de la muerte de Quino, a los 56 años, y se modifica todo”, precisa.
Y explica: “Fue un golpe más emocional que otra cosa. El era mi amigo íntimo. Es cierto que era una base económica importante, pero la editorial nunca fue para nosotros un proyecto en el que pusiéramos adelante la parte económica”.
Otros dos factores que llevaron al cierre fueron los avances tecnológicos y el estado de la economía. “Tengo una editorial de otra época. La gente que tenía hasta el año pasado -porque empecé de a poco a ir achicando- ha trabajado en ella entre 30 y 40 años. Es una formación de otra forma de enfrentar la edición, la negociación, la venta y la distribución. El mundo de los libros ha cambiado y los cambios son muy vertiginosos. No puedo empezar de cero: debería cambiar desde el equipo hasta la forma de trabajar”, argumenta Miler.
Finalmente, menciona la “baja brutal de las ventas” en un sector “golpeado por todos lados”. “El Gobierno no apoya a la cultura; insulta a todos los que componemos el grupo. Fue un motivo que influyó muchísimo para que parara en este momento. No me da el tiempo para esperar que esto cambie.”
Más de una vez -incluso en el último tiempo- recibió ofertas de compra. “No podría soportar ver con mi sello publicado un libro que yo no publicaría”, confiesa. «Prefiero que perdure la editorial que hicimos nosotros con sus características y contribución cultural y no una que termine publicando cualquier cosa.” Su hijo es “feliz” en la música, de manera que no tiene herederos para la tarea.
Por estos días, el “depósito completo” de Ediciones de la Flor se encuentra en el stand de la feria para que el público se haga de libros a modo de “recuerdo”. Los hay de todas las épocas, a precios muy accesibles, a partir de los 5 mil pesos. “Se los están llevando de a montones. Vino un muchacho a pedirme un libro del año en que nació. Era 1976. Buscando encontré uno de 1967, el año en que salieron los primeros libros”, cuenta Miler. Se veía una mesa de saldos, otra de humor gráfico; libros de Mario Levrero, Guillermo Saccomanno y Angélica Gorodischer, entre otros autores. Hace un año que la editorial no imprime libros. Se mantendrá abierta hasta fin de año. Tiene un equipo de cinco personas. “Seguiré unida al libro desde otros lugares porque es lo mío”, concluye Miler.
María Daniela Yaccar/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón