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Bafici: Raúl Perrone estrenará CIN3FILI4 y el Festival reconocerá su trayectoria

Bafici: Raúl Perrone estrenará CIN3FILI4 y el Festival reconocerá su trayectoria

Hay cineastas que construyen una obra. Y hay otros, como Raúl Perrone, que hacen de esa obra una forma de vida, un gesto persistente que se rehace película tras película, siempre al margen de cualquier domesticación industrial. Desde Ituzaingó —territorio, escena y mitología propia—, Perrone viene filmando desde hace décadas un cine que desobedece a las narrativas clásicas, a los formatos previsibles, incluso a la idea misma de “carrera”. En el marco del Bafici 2026, esa deriva encuentra una suerte de condensación: presentará CIN3FILI4, una nueva película que, ya desde el título, sugiere una declaración amorosa, pero también un campo de batalla; lanzará Perrone íntimo, un libro con dibujos de su etapa previa al cine —otra vía de acceso a su universo sensible—, y recibirá, sobre el cierre del festival, un premio a la trayectoria que parece llegarle a alguien que nunca filmó pensando en los premios.

¿Qué significa, hoy, seguir haciendo cine desde los márgenes? ¿Qué queda de la cinefilia en tiempos de consumo voraz y pantallas múltiples? ¿Y cómo se mira hacia atrás cuando lo que siempre importó fue avanzar, filmar, insistir? En esta entrevista, Perrone habla de CIN3FILI4, de sus dibujos, del tiempo y de ese impulso obstinado que, lejos de agotarse, parece reinventarse en cada plano. ¿Cómo vive el patriarca del cine independiente esa coincidencia de tiempos, casi como una condensación de su recorrido? “En principio me sorprendió, pero a veces suelen pasar esas cosas, que tenés por ahí dos o tres películas, y llega un momento que se alinean. Y de pronto estás mostrando tres películas que no significa que las tres las puedas estrenar. Este año por ahí no iba a ir al Bafici. Y después, cuando vino el asunto del premio y demás, dije ‘Bueno, también pasemos a la película’. Y después coincidió también que se terminó el libro, que lo hace la gente de A Sala Llena”.

CIN3FILI4 suena a una declaración de principios. ¿Qué significa hoy para vos ser un cinéfilo en una época en la que el consumo audiovisual parece cada vez más fragmentado y acelerado? ¿Y qué significa hoy ser cinéfilo en un mundo donde, como decís en la película, puede ser hostil y carente de sentido?

-Te voy a sorprender con lo que te voy a decir, pero yo no soy cinéfilo. Puedo estar cuatro meses y no veo las películas porque sé que después me las bajan de la red. No tengo esa cosa de discutir sobre el cine como un apasionado. Nunca fui fanático de nada: ni del cine ni de los dibujos y demás. Pero sí tenía tipos que admiraba como Pasolini, Wenders, Jarmusch, muchos directores. Pero no tengo esa cosa del cineasta que se pelea y eso.

-De todas maneras, ¿pensás CIN3FILI4 como una película sobre el amor al cine, o también como una reflexión sobre su crisis o transformación?

-Creo que la hago como homenaje a mí, en un punto, porque en realidad es una condensación de un montón de cosas que he hecho. Y también es una película… no con adolescentes, porque ya son un poco más grandes, 26, 27 años, pero tiene ese espíritu de rebeldía y de amor. Son tres pibes que hablan de cine. Y a lo largo de eso surge el amor y ese tipo de cosas. Es una película casi contestataria de este gobierno que tenemos: apuesta al amor, a las ganas buenas. Y me pareció que quería hacer eso. Cuando escuché cómo venía todo esto, dije: “Bueno, me voy a proponer hacer tres películas que hablen sobre el amor de distintas generaciones”. De hecho, estoy terminando otra, con chicos de 15, 16 años. Entonces, me parece que ahí está un poco resumido lo de mi carrera, entre todas las películas y los estilos y demás. Pero no dejo de hablar de lo que hablo siempre. Para mí lo importante es eso.

-En la película aparecen discusiones sobre Godard, Cassavetes o Lubitsch. ¿Cómo dialogan esas figuras con tu propio cine?

-Suelo seguir a cierta gente por las cosas que dice y quizá no tanto por lo que haga. Cassavetes es un tipo que amé y descubrí un poco el cine casi con él. Era un tipo que salía a la calle a filmar, y filmaba los viernes con su mujer y los otros muchachos de la película. Una cosa muy parecida a la que yo hago desde hace 30 años, de juntarme los viernes con algunas personas de mi entorno que vienen a una especie de cine que tengo. Y vemos la película, les muestro lo que estoy filmando y los invito a que hagan cosas para que podamos verlas. Cassavetes tenía esa cosa. Y me parece que debe haber muchos tipos que laburen como nosotros en el mundo y no los conocemos.

-También se menciona Crónica de un niño solo. ¿Qué lugar ocupa Leonardo Favio en tu universo?

-Para mí es “el” director. Leonardo era absolutamente, tremendamente optimista en algunas cosas. Es el mayor cineasta de la Argentina. Sus primeras tres películas, sobre todo, son tremendas. Era un tipo muy intuitivo, le importaba la actuación de los actores, los respetaba. Y trabajaba con gente que tampoco conocía y la formaba a la manera que él tenía de filmar y demás. Me parece una cosa tremenda Leonardo Favio.

-En la película, el cine aparece de algún modo como una herramienta para pensar el mundo y el deseo. ¿Crees que el cine todavía puede producir pensamiento o está perdiendo esa capacidad?

-No quisiera ni pensar en eso. La verdad es que si pasara eso sería un hecatombe, ¿no? Creo que hay gente que sigue pensando en la poesía, sigue pensando en la pasión. Eso es un poco lo que hablo también en mis talleres. Hay muchos pibes que no tienen pasión. Me parece sumamente triste eso porque vienen pibes muy jóvenes, 19 años, 17, porque han descubierto mis películas en MUBI. Están aquellos que me seguían hace 30 años y están todos los que vienen después. Cada vez hay pibes más jóvenes en mis talleres y en mis películas. Pero no pienso cambiar mi manera de filmar, como tampoco nunca la cambié desde hace 30 años. Sigo pensando lo mismo. La poesía ante todo, hacer películas sobre pibes en el Conurbano, pero dándole dignidad a lo que hablan, a lo que dicen. No mostrarlos como tipos raros y violentos. El Conurbano hoy se puso de moda. Hace mil años que hice el Conurbano.

-¿Qué lugar ocupa el Bafici en tu historia como realizador?

-Al Bafici lo siento como mi casa. La verdad es que cumple 26 años y yo estuve en 23. Lo siento como un lugar cálido, donde puedo presentar mis películas, no le doy pelota a mis fobias y viajo para poder hablar después de la película. Me parece un lugar importante que hay que apoyarlo porque hablan mal, pero después van y quieren presentar su película ahí. Es un lugar importante y es una manera de que, por lo menos, salga a la luz tu última obra.

-Recibir un premio a la trayectoria implica una mirada hacia atrás. ¿Te interesa ese ejercicio o preferís evitarlo?

-No, prefiero evitarlo. Absolutamente. Ahora también estoy pensando en hacer una muestra que nos está llevando mucho tiempo. Buscando en discos rígidos, me di cuenta de que tengo once películas inéditas y todas hechas desde el 2024 hasta acá, es un delirio. Algún año hice cuatro o cinco películas. Y, entonces, estamos trabajando un poco también en eso, en hacer una gran muestra que se llamaría “Perrone Inédito”, donde haría casi trece estrenos. Vamos a ver qué pasa con eso. Es una manera de poder mostrar esas películas que no se pudieron estrenar o que no pudieron entrar en un festival porque ya presentaba bastante. Entonces, me parece que es un hecho muy pero muy importante porque no creo que haya otro cineasta que haya hecho tantas películas.

-¿Te cambia en algo recibir un premio a la trayectoria o sentís que tu cine siempre estuvo por fuera de esos circuitos de legitimación?

-No sé, en el fondo hay un poco de eso, pero lo medité durante una semana, semana y media, y terminé diciendo que sí porque me da la impresión de que es una caricia. Entonces no hay que despreciar una caricia al alma. Me pareció que estaba bien, que tenía que ser ahí por lo que te dije anteriormente del BAFICI, pero ahora se van a venir otros más seguramente. Me pone bastante feliz.

-Antes del cine estuvo el dibujo. ¿Qué vas a mostrar en este libro que presentás y qué dice ese material sobre el origen de tu mirada?

-Seguramente hay un parentesco. Empecé dibujando en diarios, en la revista Siete Días, hasta que en el ’80 salió Tiempo Argentino y fui elegido para ser el dibujante del diario, de todas las secciones. Después laburé en otras revistas pero dibujaba mucho y también busqué esa cosa de ser prolífico: en tres años que duró el diario hice siete libros de dibujos. Eso significaba que no hablaba en mi casa, estaba todo el tiempo metido en el dibujo y no me comunicaba. Tuve problemas a niveles personales, con la familia, porque soy un enfermo: me ponía a dibujar hasta las tres de la mañana, después a la tarde iba al diario, pero no me puse nunca a pensar en eso porque no concibo ponerme a pensar muy sinceramente si eso está bien, si está mal. Tengo la intuición y lo hago. Así que ese tipo de cosas tienen que ver también con la coherencia. Si sos coherente con vos mismo, podés ser coherente.

-¿El dibujo es para vos un espacio más íntimo que el cine o simplemente otro lenguaje?

-Es otro lenguaje porque tengo más intimidad filmando, mucha más intimidad.

-¿Y cómo fue volver sobre esos trabajos? ¿Te reconocés en ese Perrone dibujante?

-Sí, absolutamente. Me encantó porque volví a ver dibujos que no veía desde hace diez años y, otra vez, ahí está también la coherencia. Si mirás los dibujos que hacía en el ’99, 2000, algunos parecen encuadres de películas mías. Mucho de las películas también se lo debo al dibujo: la manera de encuadrar, la manera de pintar.

-¿Sentís que hay una continuidad entre el gesto de dibujar y el de filmar?

-No, seguramente con el dibujo no. La verdad es que es muy raro siendo tan apasionado… Y además, cómo pude dejarlo de un día para el otro… Me sorprendo porque no solamente dejé eso sino que dejé un sueldo muy importante y demás. A los 40 años, cuando me fui del diario, tuve que empezar a hacer cosas. Y eso me lo permitió el cine, de alguna manera. Pero nada de ganar mucha guita sino estar cómodo: hago un taller, estoy en mi ciudad, no me muevo. Tiene mucho que ver con mi forma austera de vivir. No vivo con todo el glamour de ser un cineasta al que le pasan sus películas en Europa. Voy acá y la paso en una plaza de barrio. No tengo problemas con las etiquetas esas.

-Justamente, tu cine suele correrse de las narrativas tradicionales y de la industria. ¿Es una decisión política, estética o una necesidad vital?

-Las tres están muy bien dichas. Un poco de cada cosa.

-¿Filmar es, de algún modo, una forma de capturar algo que sabés que va a desaparecer?

-En algún momento sí, porque revisando mi filmografía veo cómo cambió la ciudad de Ituzaingó, y cosas que yo antes filmé y las presenté hoy no existen más, se tiraron abajo y se hicieron cosas nuevas. O sea que sí, es un registro de la memoria, también.

-En tiempos de plataformas y algoritmos, ¿qué lugar pensás que ocupa un cine como el tuyo?

-Una pregunta muy difícil. Realmente no pienso mucho en eso.

-Tu cine no es explícitamente político en términos tradicionales pero, ¿qué lugar ocupa lo político en tu forma de mirar?

-No sé, soy un tipo básicamente apolítico, pero muchos dicen que hago política con el cine porque tengo muy en claro algunas cosas para hacer, no el cine de denuncia, sino el de mostrar cosas que otros cineastas no miran, otras culturas que no miran. Y le doy mucha pelota a eso. Trato de filmar y darle una voz a determinada gente. En algún momento, se pensaron que yo era un asistente social por los temas que tocaba.

-Igual, filmar en los márgenes es en sí mismo un gesto político, ¿no?

-Sí, sí, claro. Siempre digo que, en definitiva, todo es política. Si tomamos un café es política porque estamos hablando de algo; si hablamos por teléfono es política porque estamos hablando de algo. No en el sentido más fuerte, por ahí abajo, pero siempre tocás algunos temas y la política de por sí se filtra. Pero no soy un cineasta que haga esas películas porque me gustaría ir una unidad básica. Como dije anteriormente, trato de darles una voz a los que no tienen voz, trato de que sea muy coherente y digno lo que están haciendo, y que se sientan bien.

-¿Qué le dirías hoy al Perrone que empezaba a filmar en Ituzaingó?

-La verdad es que lo quiero mucho a ese Perrone que me llevó hasta este momento.

  • Función de estreno de CIN3FILI4: martes 21 a las 20.50 en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (repite el sábado 25 a las 16 en Cine Arte Cacodelphia). El libro Perrone íntimo se presenta el martes 21 a las 18 en el Teatro San Martín.

Oscar Ranzani/Página 12-Espectáculos

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