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La precuela de aquel Perry Mason, con Mathew Rhys y por HBO

Rhys interpreta la vida previa del abogado con un perfil diferente al que tenía en la serie de los 50.

No es fácil estar a la altura de una serie que marcó una época, como lo hizo Perry Mason desde fines de los ‘50 hasta mediados de los ‘60. En las inevitables comparaciones, se suele reivindicar a la original, cargada de una nostalgia propia de un tiempo en que la oferta era escasa y todos veían más o menos lo mismo en el televisor.

Pero la esperada Perry Mason de HBO -disponible ahora, completa, en su plataforma de streaming, HBO Go,cumple y supera las expectativas. En clave de precuela, acierta en buscar deliberadamente distanciarse de su antecesora en cuanto a tono, contexto y, sobre todo, en el ADN de su personaje principal.

La historia previa del intachable abogado criminalista que defendía a inocentes acusados de delitos que no habían cometido está empapada de oscuridad y realismo crudo, enclavada en una Los Angeles que intenta recuperarse de la Gran Depresión del ‘30.

Desde ahí empiezan a aparecer las diferencias con la clásica serie. Este Perry Mason anterior al eficiente letrado anda por la vida desalineado, manoteando su inseparable petaca -en tiempos de Ley Seca- y adornando a cuanta autoridad se le cruce para conseguirle pruebas a E.B. Jonathan (un genial John Lithgow), un abogado al final de su carrera.

Este Perry desangelado, culposo de no ver a su hijo, perseguido por los fantasmas de la Primera Guerra Mundial, le calza como anillo al dedo a Matthew Rhys, reconocido por su trabajo en The Americans. “Está lo ilegal y está lo correcto”, es su leit motiv para justificar sus reiterados actos por izquierda: ya sea robar evidencia, apretar a testigos o vigilar de cerca a policías que investigan el caso en cuestión. Está muy lejos de aquel Raymond Burr que hacía alarde de su integridad para ejercer justicia.

La serie de los ‘60 se enfocaba en lo judicial y gran parte de la trama transcurría en los tribunales. Cada episodio presentaba un caso nuevo para Mason, que siempre tenía un as bajo la manga para sacarlo adelante. En cambio, la producción de HBO se suscribe a un solo acontecimiento: el siniestro asesinato de un bebé (al que le cosen los ojos para simular que está vivo), cuya madre es la principal acusada sin mucho más argumento que haber engañado a su esposo con un hombre que participó del secuestro de la criatura. Tanto la serie que emitió la CBS entre 1957 y 1966 como esta precuela están basadas en el personaje creado por el escritor Erle Stanley Gardner, aquel que develaba centenares de misterios, y lograba probar la inocencia de sus clientes en más de 80 libros.

Juan Tomás Erbiti/Clarín

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