
El cine vuelve a erigirse como un territorio privilegiado para pensar, discutir y mantener vivo el recuerdo de la última dictadura militar, de cuyo comienzo se cumple medio siglo. Lejos de tratarse de un mero ejercicio conmemorativo, el aniversario redondo reactiva preguntas incómodas sobre el pasado reciente y sus reverberaciones en el presente. Si en los últimos años títulos de gran envergadura como Argentina, 1985 lograron reinstalar en la agenda pública el debate en torno al Juicio a las Juntas, lo cierto es que el cine argentino viene indagando en las múltiples aristas de la dictadura desde hace décadas, incluso en contextos donde el silencio y la impunidad eran la norma.
De la alegoría al testimonio directo, del registro urgente a la relectura contemporánea, las películas han sabido construir un archivo que dialoga con cada época, ésta incluida. A continuación, un recorrido por diez títulos fundamentales –la mayoría disponibles para ver online de manera gratuita– para el ejercicio de la memoria.
1) Tiempo de revancha (1981), de Adolfo Aristarain
Pasan los años y la película de Aristarain sigue siendo la mejor ficción sobre la dictadura. Cuesta entender cómo fue posible que esta historia centrada en un empleado de una multinacional con antecedentes de sindicalista, que incluye una escena con un Ford Falcon verde tirando el cadáver de un compañero que “habló demasiado” y otra inolvidable con un corte de lengua cargado de simbolismo, haya pasado la proverbial censura impuesta por militares. Pero la gesta resistente de Pedro Bengoa (Federico Luppi) es, quizás, la representación más fiel del contexto opresivo, de miradas torcidas y desconfianza absoluta hacia todo lo que lo que hay alrededor. El miedo como un ente omnipresente: terrorismo en estado puro.
2) La historia oficial (1985), de Luis Puenzo
Así como por su modernidad y su sutileza Tiempo de revancha parece filmada ayer, el paso del tiempo le jugó una mala pasada a la ganadora del Oscar a Mejor Film de Habla no inglesa en la ceremonia de 1986, donde también estuvo nominada como Mejor guion. El tono abiertamente declamativo de los diálogos, los excesos formalistas propios del cine argentino de la década de 1980 y una trama que perseguía como objetivo máximo visibilizar aquello que estaba oculto en buena parte de la sociedad lo convierten en un título cuya importancia radica en haber sido el símbolo más importante del aperturismo de la primavera alfonsinista. De allí que sea imposible obviarla en este recorrido: sin ella, es muy probable que la relación entre cine y dictadura hubiera sido muy distinta a la que finalmente fue.
3) Juan, como si nada hubiera sucedido (1987), de Carlos Echevarría
Mucho antes de que, a comienzos de este siglo, una nueva generación de directores –varios de ellos, hijos de desaparecidos– le pusiera rostro y nombre propios a las víctimas, el director barilochense Carlos Echevarría filmó este documental sobre el caso de Juan Herman, el único desaparecido de la ciudad de los estudiantes. Con el periodista Esteban Buch conduciendo la investigación y textos de Osvaldo Bayer, el film es pródigo en entrevistas a militares y funcionarios de la dictadura, a quienes no es necesario chicanear demasiado para que se enreden con testimonios contradictorios y cargados de cinismo. Una película-patada que funciona como el síntoma de una época en la que el silencio y la impunidad eran normas.
Disponible en cinemargentino.com
4) Un muro de silencio (1993), de Lita Stantic
Nombre fundamental del cine argentino del último medio siglo, la productora Lita Stantic se animó a la realización con esta película que retoma la línea de La historia oficial –las consecuencias del aparato represivo en los “ciudadanos de a pie”–, aunque aplicándole un tono más reflexivo, menos apegado a la emocionalidad visceral inherente a su tema. Para eso, ayuda que el punto de vista del relato sea el de una realizadora inglesa (Vannesa Redgrave) que viaja a la Argentina para intentar filmar una película sobre los desaparecidos, sin saber que aquí se encontraría con los jirones de una sociedad arrasada.
5) Garage Olimpo (1999), de Marco Bechis
A Marco Bechis –nacido en Chile, de padre italiano y madre chilena– le salvó la vida su pasaporte italiano. Secuestrado en abril de 1977, cuando estudiaba en el Instituto de Educación Superior Mariano Acosta de Buenos Aires, estuvo 15 días desaparecido en el Club Atlético, de donde fue expulsado al país europeo. Allí concibió esta película sobre el día a día en un centro clandestino de detención al que llega una chica que ocupa parte de su tiempo en tareas de alfabetización en las villas de emergencia. La rutina del lugar está atravesada por el horror y lo siniestro, un combo que explica cómo es posible que los soldados jueguen al ping-pong minutos después de picanear a una adolescente.
6) Los rubios (2003), de Albertina Carri
A principios del milenio surgió una corriente dentro del cine argentino en la que realizadores hijos de desaparecidos –que en ese momento rondaban los 30 años– indagaban en las figuras de sus padres como un intento de (re)construir su identidad. Ese grupo tuvo su mascarón de proa a la realizadora Albertina Carri y Los rubios, una película que mantiene su carácter de inclasificable gracias a un dispositivo en el que la ficción, el documental y el ensayo conforman un todo indivisible y doliente: actores recreando lo que Carri cree -¿quiere creer?- que son recuerdos, visitas a lugares empapados de historia y reflexiones personales son algunos de los recursos utilizados por este film demoledor hecho de ausencias y silencios, de orfandad y vacío, de muchas preguntas y muy pocas respuestas.
7) Calles de la memoria (2013), de Carmen Guarini
¿Es posible construir una memoria activa y comunitaria? Un grupo de vecinos de Almagro y Balvanera encontró una posible respuesta colocando baldosas con inscripciones alusivas al accionar del terrorismo de Estado en diversos barrios porteños, con la idea de mantener presente el pasado con miras al futuro. El documental de Carmen Guarini adscribe a la observación más pura –la cámara como mosca que todo lo ve y oye sin interferir en la acción– para mostrar tanto el proceso creativo de los vecinos como los dilemas éticos propios de quienes avanzan en el sendero muy fino que queda entre la idealización y lo museístico. El pasado, entonces, como un acto material.
8) La larga noche de Francisco Sanctis (2016), de Francisco Márquez y Andrea Testa
El libro homónimo de Humberto Costantini –que gracias a esta película tuvo una bienvenida reedición– era de esos considerados inadaptables, hasta que llegaron los directores Francisco Márquez y Andrea Testa para mostrar que no, que el derrotero del muchacho del título –un tipo que supo ser militar pero ahora, en plena dictadura, no quiere saber nada– iniciado con el pedido de una excompañera de que avise a un par de personas que esa noche irán a detenerlas podía trasponerse a la pantalla grande… y de qué manera. Con un uso magistral del fuera de campo que empapa de terror hasta la situación más anodina, una tensión depositada íntegramente sobre los hombros del protagonista Diego Velázquez –actúa como si fuera un animal agazapado– y una puesta en escena nocturna notable, La larga noche Francisco Sanctis es una película que transpira miedo.
9) Una casa sin cortinas (2021), de Julián Troksberg
¿Alguien escuchó a un peronista hablar de María Estela Martínez de Perón? Prácticamente ausente de la esfera pública desde que abandonó en helicóptero la Casa Rosada durante la noche del 24 de marzo de 1976, Isabelita es la espina clavada en el corazón del peronismo, un sinónimo de misterio y oscurantismo cuya sola enunciación remite a los violentísimos y desnorteados años previos a la dictadura. Quizás por eso, ni siquiera durante el periodo más intenso del revisionismo audiovisual del kirchnerismo se abordó su figura, un desafío que asumió el director Julián Troksberg en este apasionante documental con testimonios –Nilda Garré, Carlos Corach y Juan Manuel Abal Medina, su abogado Juan Gabriel Labaké y hasta el vidente Octavio Aceves– e imágenes de altísima relevancia histórica, que registra el intento de lo imposible: conseguir una entrevista con esa mujer nonagenaria cuya voz nadie recuerda.
Disponible en Youtube.
10) El juicio (2023), de Ulises de la Orden
El juicio consigue lo imposible al encapsular siete años de horror en tres horas mediante un notable trabajo de edición sobre 530 horas de archivo del histórico proceso a las Juntas, del que apenas se habían visto fragmentos mínimos y sin sonido. De allí que gran parte de sus 177 minutos resulte material inédito. Ulises de la Orden y el editor Alberto Ponce construyen una relectura rigurosa y potente que, lejos de la mera recopilación, adquiere una estructura con el ritmo y la tensión de un thriller judicial. En ese recorrido emergen las voces de sobrevivientes, familiares, especialistas y hasta la obscena retórica de las defensas, aferradas a la idea de “excesos individuales”. El resultado es tan doloroso como revelador: un film incómodo, desgarrador y necesario que aporta ya no un granito, sino un volquete de arena a la reconstrucción de la memoria colectiva.
Disponible en kinoa.tv
Ezequiel Boetti/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón