
“Voy a contar todo por última vez… Y por primera vez voy a confesar todo”. La voz de Cristina Banegas, en la piel de una longeva Yiya Murano, pasando sus últimos días en un geriátrico porteño y siempre con un cigarrillo en mano, marca el comienzo de la serie que hace foco en la “envenenadora de Monserrat”, tal como se la conoció popularmente. “Yo no maté a nadie… -agrega tras una pitada- ¿Qué? Yo sé lo que pensás, picarón. Los asesinos siempre mienten. Pensaste eso, ¿no?”. La primera escena de Yiya, la serie que acaba de estrenarse en exclusiva por Flow, sienta las credenciales de lo que vendrá: una ficción en la que la ambigüedad y el misterio atravesarán toda la trama inspirada en las crónicas periodísticas y en los relatos del libro Adorables criaturas, de Rodolfo Palacios. Una serie que, en un imperturbable tono inquietante, replica con virtud las sensaciones que provocó en la sociedad el accionar de una mujer de clase media acomodada con una demanda de lucro tan desmedida al punto de asesinar a sus amigas más intimas.
María Bernardina de las Mercedes Bolla Aponte de Murano pasó a la historia como la mujer que asesinó al menos a tres de sus amigas más cercanas, a quienes primero convenció de que fueran parte de una especie de negocio piramidal, luego estafó al no poder devolverles su dinero y más tarde mató con una frialdad que llamó la atención de la sociedad argentina a fines de la década del ´70. Si bien nunca confesó ser la autora de sus crímenes – y mucho menos se hizo cargo del té con masitas envenenadas que la justicia determinó lo como causales de las muertes-, Murano fue la primera asesina en serie argentina condenada a cadena perpetua. Una historia que ahora llega en clave de ficción, con los protagónicos de Cristina Banegas y Julieta Zylberberg haciendo de Yiya en su vejez y en la época en la que asesinó a sus amigas, respectivamente.
Con una trama que va y viene entre fines de la década del ‘70 y 2013, Yiya aborda una historia que conmocionó a la sociedad argentina en su momento y que aún hoy forma parte de las sobremesas de cualquier hogar argentino. Y lo hace jugando con la ambigüedad que la misma protagonista desplegó sobre lo que pasó con sus amigas, a través del relato esquivo de una Yiya en sus últimos años de vida, a partir del interés de un periodista (Pablo Rago) sobre su historia, a quién recibe con calidez y amabilidad pero sin perder sus mañas. Bajo la dirección de Mariano Hueter (El grito de las mariposas, El mundo de Mateo, Un león en el bosque) y el guión de Marcos Carnevale (Corazón de león, Elsa & Fred, Goyo), Yiya cuenta con un elenco conformado por Laura Novoa, Mónica Antonópulos, Cecilia Dopazo, Diego Cremonesi, El Purre, Boy Olmi, Malena Narvay, Rochi Igarzabal, Fabio Aste y Juan Colucho, entre otros.
-¿Cómo fue el proceso de recrear la historia de una mujer tan arraigada en la sociedad argentina, que causó asombro por lo que hizo y cómo lo llevó a cabo?
Julieta Zylberberg: -Sí, es lindo poder ver de lejos a los asesinos, es importante poder verlos de lejos. La serie no relata solo lo que uno conoce de Yiya Murano sino también su intimidad. Está basada en hechos reales pero gran parte es ficción, imaginación de Marcos (Carnevale) y Mariano (Hueter), que son los creadores. Y, por supuesto, de lo que uno imagina como actriz cuando te proponen un personaje así. Más allá de que existió en la realidad, uno plasma lo que imagina de esa persona y delinea lo que le gustaría hacer. Fue bien divertido. La serie se permite tomarse licencias para contar la historia, con fantasías concretas que aparecen en cada episodio, en una recreación posible a partir de los datos que se saben, y cómo uno piensa que esa persona fue en su intimidad y cómo planeó todo lo que hizo.
Cristina Banegas: -A mí me tocó mirar un poco también el material que hay de Yiya, tanto en fotografía como en videos en YouTube, leer el libro de su hijo y construir a partir de todo eso. No sé si fue un trabajo exhaustivo tan importante, porque además mis escenas eran siempre con Pablo Rago.
Pablo Rago: -Nunca habíamos trabajado juntos, no nos conocíamos personalmente. Un lujazo.
C.B: – Nos divertimos mucho. Tomé algunas decisiones como, por ejemplo, hacerla fumar en todas las escenas. Así que me prepararon unos cigarrillos de salvia que eran reindustriales.
P.R.: -Hubo bastantes momentos en los que el director decía “ahora no fuma” y Cristina le respondía “¿Cómo que no? Fuma en todas las escenas”.
-¿Esa decisión fue tuya, Cristina?
C.B.: -Sí, porque ella fumaba mucho y eso le da una identidad al personaje en su vejez…
J.Z.: -Pasa eso también cuando uno ve la serie. Yo también fumo un montón en las escenas, al punto que te ahogás de solo mirarlas.
-Pablo, ¿cómo fue el trabajo de interpretación del periodista a través del cual se cuenta la historia? ¿Pudiste hablar con Rodolfo Palacios para recrear su personaje?
-No, no. Fue justo cuando estaba por empezar la serie que me junté con Mariano. Estaba terminando una obra, estrenando otra y empezando a grabar, y no pude juntarme con Rodolfo. Pero de todas maneras no estuvo mal, porque decidimos con Mariano que mi personaje fuera como enterándose de los eventos que le cuenta Yiya en el asilo y se permitiera dudar. Entonces, había escenas en las que Cristina me mentía a propósito. O sea, me mentía como si fuera Yiya mintiéndome. O había escenas en las que me quería engatusar, me quería seducir para hacerme creer algo que no sabemos si es cierto o no. Así que estuvo bueno porque había algo como de frescura en las escenas, más allá del frío que pasamos en esas filmaciones. ¡El frío que pasamos! Porque se filmó en un monasterio en Parque Chas. Muy amable todo el mundo, pero hacía un frío… Estábamos con los caloventores para todos lados, mucho polar…
C.B.: -Haciendo saltar las térmicas de todo el edificio.
P.R.: -Es cierto, hicimos saltar la térmica de un ala del convento.
-Los problemas eléctricos de la Argentina, entonces, fueron causados por la grabación de Yiya…
P.R.: -Por lo menos los de este invierno (risas).
C.B.: -Pero lo bueno era que, como ella mentía siempre, en estos diálogos con el periodista, en los que él supuestamente está escribiendo la historia de Yiya Murano, ella nunca le dijo la verdad del todo, nunca. O sea, Yiya mintió hasta el final. En ese sentido, fue de una coherencia absoluta.
-¿Y eso hace más rico al personaje?
C.B.: -Eso lo hace más psicópata aún.
-¿Y es más lindo para los actores y las actrices interpretar psicópatas?
C.B.: -Bueno, lindo… yo no usaría esa palabra. Es interesante trabajar con psicologías tan extremas. De hecho, he interpretado muchas mujeres asesinas, en teatro también he hecho mujeres que mataban. Y me parece siempre muy atractivo trabajar sobre esa cualidad del mal.
-En este caso, se trata de una asesina que tiene un accionar extremo, pero cuyas formas cotidianas no reflejan ese instinto. Esa idea de que Yiya “podía haber sido cualquier señora” es perturbadora, en un punto.
J.Z.: -Sí, sí. Totalmente. Ese corrimiento es muy interesante para la interpretación. Pensar cómo hago, cómo se encarna el mal, cómo es un villano. ¿Son rudos, violentos? No necesariamente. También son vaciados de empatía. En el caso de Yiya, la ausencia de humanidad, no sentir afecto por nada ni nadie -ni por su hijo, su marido o sus amigas-, lleva todo en velocidad crucero hacia una catástrofe, pero silenciosa. Y es interesante eso también. Uno como actor siempre piensa cómo llegar a determinada emoción, cómo me robo esta emoción de este personaje. Y la emoción de Yiya es la no emocionalidad.
C.B.: -Eso es re psicópata. Yiya es una psicópata, es alguien que no puede sentir y le hace sentir al otro lo que ella no puede sentir.
P.R.: -Hay algo en la actuación de Juli como Yiya joven, durante la serie, que ni en los momentos más complicados del personaje afloja. Se lo puede ver en muchos momentos en la mirada. Como que se le está complicando, el agua le está tapando la nariz, pero de pronto, ¡tuc!, vuelve para abajo y trae las masitas, trae el té, o se cruza con su amante nuevo… Y lo mismo con Yiya en su vejez, que fue con quién mas compartió mi personaje: el diálogo con el periodista la encierra, está con la soga al cuello, parece que va a confesar algo y de repente se prende un pucho y le dice “estás lindo, hoy, ¿eh?”.
-La serie juega todo el tiempo en el fino límite de lo verdadero y lo falso, entre lo real y lo fantasioso… Aquellos que quieran creer que van a conocer cómo fue Yiya, podrán creerlo, pero la ficción deja un mundo de preguntas respecto de qué fue lo que realmente hizo.
J.Z.: -Sí, esa habilidad de encontrar todo el tiempo caminos laterales vuelve a la serie muy interesante y te atrapa. El relato plantea romper con cierta linealidad y abrir tangentes todo el tiempo. Eso lo hace Cristina en el relato de Yiya ya mayor, y después en la acción también se ve cómo que iba rodeando al periodista y a sus víctimas, las iba bailando sin mucha dificultad, con una gran habilidad, un gran histrionismo. Yiya tenía la simpatía del psicópata.
-¿Creen que Yiya era una asesina en potencia o se trató de una mujer que tomó malas decisiones al verse acorralada por la situación económica?
P.R.: -Es muy difícil de analizar, porque primero es una estafadora y los asesinatos son una consecuencia para querer tapar esas estafas.
C.B.: -Sí, pero tiene una estructura psíquica de base…
J.Z.: -Sí, la salida es matar en vez de rendirse, entregarse y confesar…
C.B.: -O devolver la plata.
J.Z.: -Creo que después le encontró un goce a su accionar. Como le resultó fácil y nadie se dio cuenta, terminó haciéndolo una y otra vez.
-¿Cómo creen que va a recibir la gente a la serie?
J.Z.: -Hay una expectativa grande con la serie por toda la resonancia que tiene Yiya Murano en la sociedad argentina. No sé si va a abrir un debate porque los hechos son los hechos. Pero creo que a la gente le va a gustar un montón.
Página 12/Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón