
Preguntame lo que quieras. Si no lo tuviese muy procesado y trabajado, no daría esta nota. Esa es la verdad. Obviamente, al principio no quise hacer entrevistas porque el momento de la denuncia fue un boom y necesitaba alejarme un poco, pero te repito que lo tengo recontra trabajado. No lo hubiese hecho público si no estuviera tan segura”. Eugenia Bosco tenía 23 años cuando en plena pandemia vio Athlete A, el documental de Netflix que retrata los casos de abuso sexual perpetrados por Larry Nassar, médico del equipo de gimnasia artística de los Estados Unidos, contra cientos de atletas menores de edad. Y la regatista argentina subcampeona olímpica desbloqueó un doloroso recuerdo de la infancia.
Leandro Tulia, conocido como Carozo, uno de los entrenadores del Yacht Club Olivos que tuvo en Optimist -categoría de hasta 15 años en la que compiten los niños cuando empiezan a navegar-, la abusó cuando tenía entre 11 y 12 años. Pasó días llorando, muy angustiada, tuvo miedo de ser juzgada si iba a la Justicia, por momentos se sintió culpable y hasta tuvo vergüenza. En medio de todo este cúmulo de sensaciones negativas encontró fuerzas para continuar con la campaña rumbo a los Juegos Olímpicos de París 2024 y obtuvo junto a Mateo Majdalani la medalla de plata en la clase Nacra 17.
-Con un tema tan pesado en la cabeza, ¿cómo hiciste para mantener el enfoque para una campaña olímpica?
-Cuando hice la denuncia, al toque me volví a Europa. Eso ayuda mucho. Ayuda mucho no estar en Argentina porque podés aislarte. Obviamente, tuve acompañamiento: lo trabajé con psicólogos y hablé mucho con mis viejos sobre cómo tratar de evadir esos pensamientos negativos. Porque muchas veces esos pensamientos vuelven a la cabeza y les tenés que decir ‘no, salí de acá, no es el momento’. Fue difícil, pero al final había un objetivo tan grande que, de alguna manera u otra, si algo te está frenando, no podés estar pensando en eso. Así funciona mi cabeza. Pude poner el tema a un costado y cerrarlo por un rato. Después de los Juegos, cuando ya estaba cumplido el objetivo, me volvió a dar vueltas y necesitaba solucionarlo.
-¿Te ayudó la medalla para animarte a hacer la denuncia?
-Totalmente. Hay un tema muy importante que es la madurez mental. Yo tuve mi proceso y me llevó mucho tiempo. Si me preguntabas hace un año, no estaba para hacer la denuncia. Uno pasa por un montón de etapas: vergüenza, miedo, aceptación, dudas. O sea, hay todo un tema psicológico detrás. La medalla me dio esa fuerza para ir y gestionarlo de otra manera. Cada uno tiene su proceso en esto. A mí me llevó un tiempo. Hay gente que se da cuenta al toque, hay gente a la que le lleva toda la vida.
-¿Te sacaste un peso de encima?
-Era algo que estaba inconcluso en mi vida, algo a lo que necesitaba darle un cierre para sanar esa herida que estaba abierta. Fueron meses intensos de mucha incertidumbre. Costó llevarlo adelante, pero hacerlo público te ayuda a sanar porque sabés que hay mucha gente en tu situación y que seguramente estás ayudando a otras personas. Me hizo bien. El caso sigue avanzando, está en curso. Son cosas que llevan tiempo, así que por lo pronto sigue ahí.
En primera instancia, y mientras se espera una respuesta de la Justicia a la apelación presentada por la fiscal Lida Osores Soler, la denuncia de Bosco fue considerada prescripta, ya que el hecho ocurrió antes de la sanción de la Ley Piazza 2011. Esta norma establece que el período de prescripción por delitos contra la integridad sexual de menores no comienza a correr hasta que la víctima cumple 18 años. De todos modos, hay denuncias de otras tres mujeres contra Tulia y su testimonio, como mínimo, podría funcionar como prueba del modus operandi del acusado, además de influir en la tipificación de otros delitos que no hayan prescripto.
-¿Qué esperás que suceda con el caso?
-Que se haga justicia.
-¿Cómo te llevaste con la repercusión que generó la denuncia? Imagino que recibiste mensajes de apoyo y otros no tan lindos.
-Eso es lo bueno de que la gente sepa quién sos, que sepan que no es todo color de rosas, que estas cosas pueden pasar en cualquier ámbito. Los primeros días fueron una locura y me mantuve alejada de las redes sociales. Nunca leí los comentarios ni nada porque es algo muy personal. Yo sabía lo que estaba haciendo y al final es mi verdad y la de las otras chicas. Entonces, no iba a hacer algo que me generara daño como leer comentarios de gente que no tiene ni idea. También me sentí apoyada. Muchas personas que no conozco y que vivieron una situación similar me escribieron y me compartieron su situación. Se generó un buen cambio.
-¿Qué cambio?
-En la náutica ya se empiezan a observar cambios. Me escribieron de muchos clubes que están trabajando con los entrenadores para que sepan cómo manejar estas cosas, cómo tratar con niños. Y sé que implementaron el trabajo con psicólogos.
– ¿Qué sensaciones fuiste atravesando en todos estos meses?
-Al principio fue muy duro. No es algo fácil… Es difícil realmente. A mí me costó mucho ir y contar mi verdad, enfrentar la situación. Por suerte estuve acompañada de mis papás. De hecho, mi viejo me acompañó a hacer todo el trámite. Después, cuando salí de ahí, fue un gran alivio. Y a medida que el caso va avanzando, siempre la sensación es de mayor alivio. O sea, saber que hice lo correcto, saber que estoy ayudando a otros porque si no lo hubiese hecho quizás esa persona seguiría en su cargo… O, mejor dicho, seguramente seguiría en su cargo con muchos chicos bajo su mando. También me genera satisfacción que se le esté prestando atención a todo esto.
Mientras sigue atenta la causa judicial y tras unas largas pero necesarias vacaciones, Eugenia Bosco comenzó junto a Mateo Majdalani la preparación para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. París 2024 aparece en el espejo retrovisor y los dos ya se pusieron otra vez en marcha con nuevos objetivos. «Ahora volvimos a navegar y también está bueno. Ya estábamos con ganas de arrancar», sintetizó Bosco. Vuelven a competir cuando hoy comience el Europeo en Thessaloniki, Grecia.
– Casi que lograron lo máximo en París 2024. ¿Cómo se encuentra la motivación para encarar otra vez el proceso de cuatro años de una campaña olímpica?
– Soñamos con el oro. Obviamente que primero hay que clasificar, pero ese es nuestro máximo objetivo. Apuntamos de nuevo a un podio y siempre se sueña con el oro. Esa es la motivación. El ciclo recién arranca y hay que ir paso a paso, año a año. Primero está la clasificación, que encima falta un montón por que es en el 2027. Arrancamos la campaña desde otro ángulo con una medalla, entonces no hay que dormirse en los laureles. Eso es lo más difícil de todo. Hay que seguir empujando y trabajando porque no es que la medalla te asegura algo para lo que viene. Es verdad que estamos con una mejor estructura y que la base la tenemos, pero hay que seguir metiéndole para adelante.
-¿Tienen que trabajar en lo mental para que la cabeza no se vaya más allá y realmente ir paso a paso?
-La vela tiene tantas cosas para trabajar que te obliga a ir poco a poco. Estamos trabajando y probando nuevas cosas para lo que viene. A la parte física le estamos tratando de meter a full porque al final son cuatro años, pero es algo que lleva mucho tiempo. O sea, se pierde rápido y cuesta mucho ganarlo, entonces hay que ir metiéndole horas. También vamos planteando pequeños objetivos según la época. Ahora es volver a estar en el barco. Ya tenemos material probado, ya sabemos que hay cosas que funcionan y otras que no nos funcionan, entonces es volver a navegar y seguir investigando.
-¿Planean ir a Los Ángeles?
-Sí, para conocer el lugar de los Juegos. No creo que sea este año, pero más temprano que tarde iremos. Tenemos amigos y gente conocida que va seguido para allá y vamos juntando información sobre el lugar, que siempre es importante. También pensamos buscar un lugar en Europa que sea lo más similar posible a Los Ángeles para poder entrenar y tener unas condiciones parecidas.
Es el principio de un camino que espera por otro final feliz.
Juan Nicolás Branz/Clarín-Deportes
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
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