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Scola la sigue rompiendo a los 41 años. Radiografía de un gran profesional

El capitán argentino promedia 21 puntos en 3 partidos en la Liga de Italia.

Los tiempos cambiaron. Eso lo tiene claro todo el mundo. Los 20 años de hoy no son los de los 80, la tecnología ha ayudado mucho, lo mismo que la alimentación y el conocimiento para mejorar el estado físico de un deportista profesional. Sin embargo, al mismo tiempo, también ha aumentado notablemente el desgaste del cuerpo a partir de la conversión de los jugadores en atletas de alto rendimiento.

Centrémonos en el básquetbol. Hace 30 años, los entrenadores jugaban con 6 o 7 jugadores, era normal que los mejores jugaran los 40 minutos, o que descansaran 3 o 4 por juego. No más. Rotación era una palabra casi inexistente. Hoy todo eso no va más. Nadie juega 40 minutos, ni 35, y casi ningún entrenador juega con 7. Si los tiene, usa 10, o incluso los 12.

En este contexto está Luis Scola. Con 40 años y medio, Luis se ha convertido en un caso casi único en el planeta básquetbol, dentro de lo que es FIBA. No tocaremos a la NBA, que es un mundo distinto, también en esto. Oscar fue un caso hace mucho tiempo, pero con características muy distintas, y quizá lo más parecido fue Arvydas Sabonis, que volvió de la NBA al Zalgiris para jugar una única temporada en la Euroliga con 39, a muy buen nivel (16.6 puntos y 10.7 rebotes). Otra Euroliga (jugó 18 partidos).

Scola se fue de la NBA con 37 años y decidió, por temas deportivos y personales, jugar dos años en China. En la NBA estuvo 10 temporadas, casi sin faltar a partidos, salvo el último año en Brooklyn, donde jugó poco. En esos 10 años tuvo su problema de rodilla (2011), pero luego mantuvo una carrera impecable desde lo físico. Y en China, aunque jugó muchos partidos y muchos minutos, no perjudicó su carrera.

El punto de inflexión que sorprendió al mundo fue su Mundial. Con 39 años, Luis fue quinteto ideal del torneo, sacó a pasear a Francia en semis y, si Argentina hubiese ganado la final, muy probablemente habría sido elegido el MVP. Pero no terminó ahí. Dobló la apuesta y, para prepararse bien para Tokio, se metió en un equipo de Euroliga después de 12 años y no desentonó, jugando muchos minutos en Milano.

Se suspendieron los Juegos y Luis, testarudo, bajó un escalón en nivel y fichó por el Varese, porque quiere estar en Japón como sea. Igual, primera división de Italia. No segunda. Ni un equipo malo. Van 3 partidos y Scola promedia 21.7 puntos y 7.3 rebotes, con 28.3 minutos de media. ¿Es un milagro?

No, no es un milagro. Claramente. Si hoy hacemos un sondeo rápido por las principales ligas del mundo FIBA, los únicos casos similares que vemos son los de Felipe Reyes en el Real Madrid (40 años también), y Albert Oliver, que con 42 años firmó en el Obradoiro de la acb. Felipe, con el mayor de los respetos, sigue más por leyenda que por lo que aporta (7 minutos por juego en acb, 0 en Euroliga hasta ahora), mientras que Oliver sube a 12.8, muy meritorio, pero a un nivel lejano al de Scola.

¿Cómo se explica entonces lo de Scola? Básicamente hay 3 puntos importantes para analizarlo: ética de trabajo, alimentación y casi ninguna lesión. El punto 2, de alguna manera, es también parte del 1 y del 3. En el tema lesiones, Luis acarrea desde hace casi 10 años un problema en su rodilla izquierda, la cual se operó, pero donde no tiene cartílago. Lo que hizo Scola fue trabajar de tal manera que su cuádriceps soporta el peso que debería soportar la rodilla.

Luis siempre había sido muy serio para cuidarse y trabajar, pero quizá ese 2011 fue el punto de inflexión que lo llevó a cambiar para llegar a hoy siendo quien es y estando físicamente como está. «Acá hay cero milagro. Es todo ética de trabajo. Con la rodilla como la tiene se tendría que haber retirado a los 35 años», dice Chapu Nocioni, excompañero, amigo y muy conocedor de todo lo que hace Scola para estar bien.

Su concepto de ética de trabajo supera todos los límites. Pasó de ser algo importante a casi ser una obsesión, en el buen sentido. Ejemplos. Cuando se fue a China, se llevó, pagado por él, a su preparador físico (Marcelo López, hoy PF de Boca), para trabajar individualmente más allá de lo que hiciera con el equipo. Y estudiar temas relacionados con el entrenamiento se convirtió en una práctica regular. Ni hablar de la alimentación, donde también se incorporó rápido al grupo que eliminó las harinas, en donde el precursor fue otro que jugó con un físico impecable hasta tarde: Pablo Prigioni.

En realidad, si vemos a los nombres referentes de la camada, todos lo hicieron. Ginóbili dejó la NBA casi con 41 años, siendo importante en su equipo y al nivel en cuanto a lo físico. Prigioni dejó a los 39 y Nocioni a los 37, en el Real Madrid, siendo pieza importante todavía. Ah, Carlos Delfino sigue jugando con 38 en la primera de Italia. Los cinco fantásticos (Prigioni, Delfino, Manu, Chapu y Luis).

Volviendo a Scola, y relacionado tanto a su amor por el juego como a su responsabilidad como profesional, indudablemente la gran fuerza que hay por detrás es el deseo y el orgullo. Deseo por continuar haciendo lo que ama al más alto nivel. Deseo por competir. Deseo por estar en Tokio y ser el úncio basquetbolista en la historia con 5 mundiales y 5 Juegos Olímpicos. Y orgullo por no resignarse a ser un hombre de 40 años que esté pintado en una cancha. Luis compite. Y se entrena para competir. Y para entrenarse mejor estudia. Todo trabajo. No conoce otra forma. Pero disfruta el camino. Y eso es lo único que, al final del día, cuenta.

Fabián García/basquetplus.com

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