
Los jugadores vestidos de celeste y blanco se corporizan en un racimo de felicidad. Se abrazan en la mitad de la cancha y saltan impulsados por un triunfo histórico. Se suma Costas, el técnico que recuperó el sentido de pertenencia, que le devolvió el protagonismo al club que ama. No es para menos, claro. Racing, que ya había dejado en el camino a River, acaba de poner de rodillas a Boca y es finalista del Torneo Clausura. Lo logró en una Bombonera ardiente, testigo de un mano a mano de enciclopedia, perpleja como esos hinchas que se pierden entre la bronca y el dolor por otro año sin vueltas olímpicas.
Lo mereció Racing, que ahora espera por Gimnasia o Estudiantes. Porque siempre tuvo claro el camino. Especialmente, en un segundo tiempo que controló con la garra y el corazón de Nardoni. El santafesino se devoró a Paredes, que mostró la peor versión desde su regreso de Europa. El dominio del mediocampo fue clave. También, los tres centrales, firmes en cada cruce de arriba y abajo. Y Maravilla Martínez, que quebró la racha negativa en un domingo inolvidable.
Boca falló en el duelo que más necesitaba ganar. Fue inexplicable la salida de Zeballos, el jugador más desequilibrante. Ubeda, que supo ser el capitán del Racing campeón 2001, se jugaba la continuidad en 2026. Tal vez siga al frente del equipo, pero sacar al Changuito, que había sido un problema para Mura, para poner a Velasco, que hacía 54 días no jugaba oficialmente amerita el análisis. Faltaron respuestas desde el banco, está claro.
Cortado. Con poco vuelo. Sin emociones. El primer tiempo estuvo lejos de las expectativas que se habían generado en la previa. Entonces, Boca y Racing armaron un espectáculo difícil de digerir. Por el respeto mutuo, claro. Y también porque no fluyeron las sociedades ni la inspiración individual.
Boca se mostró algo más agresivo que en los últimos partidos, pero tuvo que ver con la postura de un rival que no hizo gala de la tenencia, que jugó largo y lo obligó a dividir. Sin embargo, le faltó elaboración porque Paredes estaba agobiado por la vigilancia de Nardoni y el equipo no encontraba el rumbo.
Racing tuvo un poquito más la pelota, pero recién comenzó a hilvanar algún circuito a partir de los veinte minutos. Agustín Almendra tuvo claroscuros. Así y todo, participó de la jugada más clara de la Academia en ese período. El ex Boca – al que todos recordaron al grito de “el que no salta es un traidor”- abrió para Mura, el rionegrino jugó atrás porque Nardoni llegaba limpio y el disparo cruzado del mediocampista besó la base del palo.
Costas desempolvó la línea de tres centrales que le dio seguridad para contener a los dos centrodelanteros locales y amplitud con los laterales lanzados. A bordo del 34-3, le faltó mayor determinación a Solari, al límite en el aspecto físico. Por la izquierda, en cambio, Rojas y Vergara tuvieron una mejor sintonía frente a Barinaga.
Boca solo generó algún desequilibrio cuando desbordó Lautaro Blanco, se encendió Carlos Palacios o encaró Zeballos. Y en el final de la etapa inicial, el Changuito forzó un par de infracciones que le permitieron a Paredes explotar la pelota parada, el arma más peligrosa del equipo. También, dejar a Racing con Mura y Marco Di Cesare amonestados. Los envíos del capitán xeneize hicieron ruido en la tribuna, pero no tuvieron respuesta frente a Cambeses. Miguel Merentiel jugó afuera del área y Milton Giménez atraviesa un bajón personal que no le permite explotar en la zona del gol. Perdió casi todos los duelos con los zagueros visitantes. Hubo una guapeada, a puro amor propio, que acabó en un tirito que Cambeses detuvo sin problemas.
En el segundo tiempo, Racing profundizó el control de la pelota. Creció Nardoni, que se adueñó de la mitad de la cancha. Y el equipo tuvo una mejor circulación. Salió Zeballos y Boca se terminó. Entró en un embudo del que no pudo salir. Y llegó la apertura de Almendra, el desborde de Rojas y el cabezazo de Maravilla, que anticipó a Costa.
Costas refrescó a un equipo que venía con un día menos de descanso, con un alargue y la angustia de los penales, pero con la convicción de que podía dar pelea. Por eso Racing llegó a la final. Boca se quedó a mitad de camino, envuelto en un montón de dudas.
Daniel Avellaneda/Clarín-Deportes
MG Radio 24 Villa Pueyrredón