Noche de violencia y horror en Avellaneda

Noche de violencia y horror en Avellaneda

Son de Universidad de Chile y se jugaba por la Sudamericana. Arrojaron proyectiles al público local, provocaron destrozos desde lo alto de la tribuna y obligaron a suspender el partido. Y cuando los hicieron salir, sin intervención policial, se enfrentaron con los barras de Independiente. Calculan decenas de heridos, dos muy graves, y 90 detenidos.

Lo que tenía que ser un noche de mística copera entre Independiente y la U de Chile terminó en un acto de barbarie pocas veces. Una noche trágica en la que hubo groseras fallas en el operativo de seguridad y desembocó en un batalla campal a la vista de todos. Una versión surgida de medios chilenos indica que podría haber al menos una persona fallecida, aunque esto no fue confirmado por fuentes oficiales que sí confirmaron que hay decenas de heridos de ambos lados que fueron trasladados y al menos 90 chilenos detenidos.

El partido fue “cancelado”, según informó oficialmente Conmebol, cuando los equipos empataban 1 a 1 y se jugaban dos minutos del segundo tiempo por incidentes que se iniciaron con los hinchas visitantes, que estaban ubicados en la Tribuna Pavoni Alta. El escándalo se agravó cuando entró la barra del Rojo con palos a ese sector a pegarles a los visitantes que ya se estaban retirando.

El entretiempo lejos estuvo de ser tranquilo. Todo lo contrario. Los más de 3.000 hinchas trasandinos que llegaron a Avellaneda empezaron a lanzar butacas y objetos contundentes desde su zona, ubicada arriba de una de las populares de los hinchas locales.

Eso, en realidad, había comenzado ya mientras se disputada la primera parte. De hecho, a los 15 minutos la barra disidente, que ocupa ese sector, dejó el hueco e intentó ir a buscar a los de la U. Así, el segundo tiempo, que a pesar de todo se inició, a los pocos minutos se detuvo, porque hubo fanáticos del conjunto de Avellaneda que quisieron meterse al campo de juego, heridos por los proyectiles.

Inexplicablemente, los hinchas chilenos fueron ubicados en un sector sin protección ni seguridad (pública o privada), lo que les permitió empezar los disturbios después de una caliente etapa inicial.

En el operativo, según informó la APreViDe, hubo alrededor de 650 efectivos policiales más 150 agentes de seguridad privada. Ninguno estaba en el sector de los incidentes y llegaron al final de todo. Las agresiones fueron en aumento. Cada minuto que pasaba era peor. Desde la voz del estadio, por orden de Conmebol, se le ordenó a la parcialidad visitante que debía desalojar la tribuna, pero, lejos de eso, continuaron tirando de todo, desde un inodoro, hasta butacas, cascotes, botellas y palos. Los fanáticos de la U de Chile -que ingresaron por Colón y Milito- al parecer violentaron un depósito alojado en ese sector del estadio.

“Debido a los actos vandálicos la parcialidad visitante deberá abandonar la tribuna”, seguía reiterando sin efecto la voz del estadio. Afuera se escuchaban detonaciones, porque en un momento la barrabrava disidente de Independiente quiso nuevamente salir hacia el exterior para responder las agresiones.

Hubo varios heridos, con golpes y cortes. Las imágenes de gente ensangrentada empezaron a verse por la Tribuna Baja. Tuvieron que ser atendidos por las siete ambulancias desplegadas. Incluso luego empezaron a agredir hacia las “gargantas” ubicadas en las esquinas, donde generalmente se ubican los familiares de los futbolistas, lo que agregó la desesperación dentro del campo de juego. En un video, se vio cómo un hincha chileno lanzó una bomba de estruendo hacia dentro de la garganta y contra la gente. Tanto Rodrigo Rey, como otros jugadores y el propio Julio Vaccari se acercaron a ver qué pasaba.

El árbitro uruguayo Gustavo Tejera, después de hablar con el encargado de Seguridad y los capitanes de ambos clubes decidió que todos se metieran al vestuario y el juego quedara suspendido hasta que todo se calmara. Pero eso jamás pasó. Por el contrario, todo empeoró.

Ya habían pasado las 23 y más de 30 minutos de iniciado los problemas. Los hombres de la seguridad privada abrieron los portones de acceso a las plateas desde la popular donde estaban siendo agredidos para que la gente, muchas familias, escaparan de la zona. Pareció que la cuestión se calmaba porque los hinchas chilenos estaban saliendo de la tribuna. Cuando estaban retirándose los últimos, de pronto todo se desmadró: de sorpresa entraron por la otra boca de acceso integrantes de la barra de Independiente encapuchados y con palos a atacar a los hinchas de la U, que no eran más de 20 en ese instante.

Fue una zona liberada. Una salvajada inexplicable. Los barras locales acorralaron a los pocos visitantes pegándoles a mansalva. Un video que circuló en redes mostró a un hincha de la U que ante la desesperación, se colgó del lado externo de lo alto de la popular y se arrojó al vacío. Todavía no hubo información sobre el estado de esa persona.

La violencia escaló a niveles pocas veces visto. Los de rojo pegaron sin piedad hasta dejar inconscientes a los chilenos. También los desnudaron y terminaron colgando la ropa robada en el alambrado como trofeo. Las ambulancias iban y venían trasladando heridos al Hospital Fiorito y Perón.

Fue increíble. Una noche de terror y salvajismo.

EL PARTIDO ESTABA 1 A 1. FUE CANCELADO

Fue una noche de Copa con todas las letras bien puestas. Todos los condimentos de un duelo continental tuvo el cruce en el Libertadores de América-Ricardo Enrique Bochini. Hasta el cruce de hinchas, que provocó la barbarie y la posterior suspensión del partido.

Mientras se jugó sobre el perfecto césped del estadio hubo dos goles, protagonismo cambiante y mucha pero mucha tensión por una serie siempre abierta en la que todo podía suceder.

Independiente se olvidó de poner el despertador. No se enteró que debía salir a tomar las riendas porque estaba obligado a ganar por la derrota que se trajo de Santiago la semana pasada. Y le pasó lo mismo que viene siendo una constante en este semestre: le convirtieron primero y debió remarla una vez más abajo en el marcador.

La espalda de Facundo Zabala quedó libre y por allí corrió el lungo pero veloz Lucas Di Yorio, que desbordó y tiró el centro para que por el otro lado entrara a la carrera Lucas Assadi, el ‘10’ de 21 años que había convertido en la ida y volvió a ser verdugo del Diablo acá, en Buenos Aires.

Cerca de la media hora Abalos le bajó una pelota a Montiel y llegó el empate. Y la esperanzas, finalmente frustradas cuando se desató el desastre desde la tribuna de los chilenos. Y adiós partido.

Nahuel Lanzillotta/Clarín-Deportes

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