Los Colores del Tiempo: trama familiar donde el pasado afecta al presente

Los Colores del Tiempo: trama familiar donde el pasado afecta al presente

Durante el rodaje de una producción de modas que se realiza en un museo se da un diálogo por lo menos curioso. Una modelo ejecuta una serie de poses y movimientos frente a una de las obras pertenecientes a la serie conocida como Los nenúfares, del pintor francés Claude Monet, considerado el padre del impresionismo. Al percatarse de que los colores del atuendo no terminan de encajar con los del cuadro, Seb, el fotógrafo, propone cambiar los colores del vestido en posproducción, pero recibe una negativa de la producción por cuestiones contractuales. Ante eso, la modelo sugiere entonces cambiar los colores del cuadro y la propuesta es celebrada por todos. Por todos, menos por Seb.

En su último trabajo, Los colores del tiempo, el cineasta francés Cédric Klapisch vuelve a utilizar las tramas familiares para poner en escena una serie de discusiones vinculadas al paso del tiempo y a la forma en que este modifica todo, pero también a la manera en que afecta a la percepción de las cosas. De este modo, si la escena descripta en el primer párrafo parece hacer referencia al formato que lo banal ha adquirido en el siglo XXI, donde la moda no tiene ningún empacho en llevarse por delante al arte, además plantea un juego de oposiciones que se irá enriqueciendo conforme la película avance. Una dualidad que Klapisch le impone al propio relato, partiéndolo literalmente en dos.

Porque la película dividirá su atención entre dos tramas que correrán en paralelo. Por un lado, en la actualidad, están los miembros dispersos de la familia de Seb, casi todos ellos desconocidos entre sí, quienes se enteran de que son dueños de una finca abandonada desde el final de la Segunda Guerra, en donde una constructora quiere levantar un centro comercial. Por el otro, Adele, última habitante de aquella casa en el campo, que a los 20 años, tras la muerte de su abuela, viaja a París para conocer a su madre, a la que nunca vio. Ambas líneas se irán imbricando, haciendo que el pasado comience a colarse y a afectar cada vez más lo que ocurre en el presente.

Entre los juegos simétricos que Klapsich desarrolla en Los colores del tiempo se destaca aquel que se produce entre Seb y Adele. Ambos jóvenes fueron criados por sus abuelos y no conocen a sus padres, pero aprenderán a construir sus propias familias como parte de las experiencias vitales que pavimentan el camino hacia la adultez. Algo similar ocurrirá entre Adele y su madre, cuya juventud será el tercer relato que ayudará a completar el rompecabezas genealógico.

Junto a esto, Los colores del tiempo propone juegos adicionales, como aquel que surge en la primera escena con la oposición entre la fotografía y la pintura. Un debate que la película llevará hasta su origen, a finales del siglo XIX, cuando la aparición de la primera fue percibida por algunos como el comienzo del fin para la segunda. Que Klapisch incorpore al impresionismo a la ecuación funciona como una respuesta al asunto, mostrando los caminos que la pintura tomó para reinventarse y abandonar el realismo del que se apropió la fotografía.

El asunto le sirve al director para abordar el carácter efímero del tiempo, preocupación ya expresada desde el título. Distintos personajes hablan del poder de la foto y la pintura para cristalizar en una imagen aquello que de otro modo está destinado a perderse. Una idea que ampliará su sentido en una charla entre Adele y su madre. “Aprovechá lo que la vida te ofrece: es mejor arrepentirse de lo que hiciste que de lo que dejaste de hacer”, le dice a la hija, poniéndo en evidencia el vínculo elocuente que une a la acción con la memoria, entendida como una colección de instantes vívidos. Con humor y apropiándose con gracia de algunos elementos del policial, Los colores del tiempo logra transmitir con emoción ese mismo impulso hacia afuera de la pantalla.

Los colores del tiempo 7 puntos

La venue de l’avenir, Francia, 2025

Dirección: Cédric Klapisch

Guion: Santiago Amigorena y Cédric Klapisch

Duración: 124 minutos

Intérpretes: Suzanne Lindon, Abraham Wapler, Julia Piaton, Vincent Macaigne, Zinedine Soualem, Paule Kircher, Sara Giraudeau.

Estreno disponible exclusivamente salas.

Juan Pablo Cinelli/Página 12-Espectáculos

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