Lali Espósito a full: el 2º año de El Fin del Amor y los tres Vélez que se vienen

Lali Espósito a full: el 2º año de El Fin del Amor y los tres Vélez que se vienen

Con múltiples proyectos, y de estreno, habla de los sentimientos que genera. «Vamos a tener que gritar”, expone con sarcasmo y a una distancia protocolarmente lejana para el mano a mano. La ocurrencia natural de Lali Espósito, que hoy estrena la segunda temporada de El fin del amor, por Prime Video, no es más que un guiño para acortar distancias.

Y en ese atajo que regala su calidez -en una sala de hotel tomada por afiches rosados con su cara y luces de neón encandilantes- la artista que viene de presentarse en el Quilmes Rock con Miranda!, prepara tres estadios Vélez para mayo y septiembre, y el martes 29 lanza su sexto disco (más la promesa de un primer documental en puerta) expone desde lo cocostado tidiano: “Esta es mi vida. Así vivo. Pasando de una cosa a la otra, por suerte. Y en cada una me divierto”.

Pero más que una vuelta a la pantalla, el regreso de la actriz y cantante al streaming (también como productora ejecutiva, a la par de sus creadoras y guionistas, Tamara Tenenbaum y Erika Halvorsen) se parece más a una renovación de votos. En la que más esporádicamente que en continuado, retoma el timón de un oficio que descubrió antes de los 10 años.

“Hoy no me da lo mismo qué personaje elijo ni lo que una pieza de ficción me invita a contar”, dice la ex Teen Angels y Sky Rojo, que entrada en la adultez de sus 33 y en una era musical transformadora, sólo se proyecta para delante. “Me copa lo que me pasa a esta edad. También lo que me pasó a los 20, pero vivo mucho los presentes”, declara sin soltar el acelerador.

-Cuando mirás atrás, ¿qué lectura haces hoy de los personajes más naif o edulcorados que interpretaste mucho antes de Tamara Tenenbaum, y que son parte de tu escuela televisiva?

-Corresponden a las épocas y contextos de ese momento. Hoy miro para atrás y todo lo que puedo saber de una luz, de pararme, de trabajar en tele o ficción tiene que ver con esa escuela. No era lo mismo hacer un personaje femenino a mis 15, que nací en el 91, que hoy a mis treintis en este 2025, en este contexto, con las cosas ganadas y las luchas en las que seguimos luchando nosotras. Antes los contextos y lugares que se nos daban para formar parte de los proyectos de ficción tenían ciertos estándares y creo que hemos roto con eso, aunque todavía falta que siga sucediendo. Pero esta serie viene a ocupar ese lugar, a tener ese rol y me da mucho orgullo ser la actriz que encarna este personaje.

-Hacer ficción se volvió más esporádico en tu universo, que hoy abarca tantas disciplinas. ¿Eso te vuelve más selectiva en tus elecciones?

-El principal motivo por el que sucede de manera esporádica es ese. Es porque tengo la suerte, obviamente, de poder vivir del arte con mi música o en otras cosas que hago. Poder comer haciendo mi trabajo… Y cuando aparece una pieza para actuar tengo la suerte de poder centrarme en si lo que va a contar o tiene la intención de contar me entusiasma, me parece que suma algo, que yo puedo ser la persona para contar eso que la pieza proponga.

-Como productora ejecutiva, sos más dueña también de esa historia. ¿Es un camino de ida?

-¡Ojalá me pase siempre! Ojalá siempre me llamen e interese ese para opinar sobre otras aristas y otras dinámicas de hacer una serie, no solo actuarla. No digo que me vaya a pasar siempre, esto fue un regalo y lugar que me dio Amazon, K&S, Keka (Halvorsen) y Tamara que son las creadoras, y estoy muy agradecida de que mi opinión haya tenido un lugarcito.

Y en ese viaje creativo, que supuso acompañar la idea desde su concepción y buscar aliados para financiarla, la artista 360, que este año renueva silla de jurado en La voz Argentina, agrega: “Poder armar un cast que me pareció maravilloso. Aprendí un montón y fue un mega proceso para mí, además de lo actoral que obviamente me suponía un desafío”.

-A cuenta de esa búsqueda que propone la serie a nivel vincular, sobre mandatos y las diferentes formas de amar, ¿te sigue pasando, a tus 33 años, de tener más preguntas que respuestas?

-Todo el tiempo. Y lo agradezco. Me parece que si te dejás de hacer preguntas, algo raro está pasando o no está tan bueno. Si me retrotraigo de mis veintis a hoy, no paré de hacerme preguntas y no paré de vivir eso que quería. Con las contradicciones y con los miedos que eso conlleva, por eso me siento muy identificada con Tamara.

-¿Con qué aspecto?

-Me gusta mucho que es un personaje no políticamente correcto. Es errático, pero es superinteligente, vulnerable y a la vez superfuerte. Todas esas caras de una persona que es algo que tenemos todos, me gusta poder actuarlo. Porque siento que es algo que me pasa a mí también, soy todo eso. Todo lo que no me sale bien, todo lo que sí me sale bien. Soy mi búsqueda.

-Al logro de poner en el catálogo de streaming una serie feminista, que dialoga con temas que parecían invisibles en pantalla, también se sumó el fenómeno Envidiosa (Netflix) y los números hablaron. ¿Lo sentís como una batalla ganada a nivel feminismo?

-Por supuesto, lo siento como una batalla ganada. Toda pieza que proponga las dinámicas nuestras y nuestras preguntas y nuestro protagonismo en la discusión pública, el tema que sea, lo celebro.

Pero no quedó en una ficción dirigida a un grupo reducido.

-Fue la búsqueda de El fin del amor cuando todavía era el libro de Tamara. Con las chicas decíamos eso: esto no es ni de nicho, ni que nos manden a ese cajón. Es una serie mainstream porque es un tema y una protagonista que requieren tener ese lugar. Porque es el lugar que nos representa a todas nosotras. Personas que andamos por la vida, mujeres que en nuestros trabajos y en nuestra búsqueda y nuestra vida somos personas fundamentales en la construcción de la cultura de la sociedad de la ideas, así que es muy valioso para nosotras que exista El fin del amor en una plataforma como Amazon.

-Musicalmente también te involucraste, de nuevo, en la cortina de la serie.

-Eso fue una invitación. No es que yo digo: “Ay, yo también quiero hacer la música”. Keka fue la que me dijo: “Che, hacele una canción”. Así que de manera muy natural se dio la oportunidad de ponerle música, de escribir esta canción para la serie. Fue muy divertido porque conozco al personaje, entonces fue como hablarle a una amiga.

-Tamara llevó su vida a la pantalla y vos, con tanto camino recorrido a tu edad, tranquilamente podrías hacerlo. ¿Te lo planteás?

-Ni idea. No lo había pensado. Uno no se imagina ser narrado por otros. Podría pasar, qué sé yo. Vengo trabajando en un documental, pero que tiene que ver con la búsqueda artística, musical específicamente, y con una búsqueda humana. Pero a nivel ficción no es algo que me imagine. Si sucediera me parecería muy loco, la verdad. Hay que tener mucha vida también para que te cuenten.

-Algo que a vos te sobra…

-Tengo vida, tengo vida… Pero me gustaría que si sucede semejante cosa, sea más en un futuro.

-Así como hay gente que se tatúa tus letras, tus discos o se acerca a una filmación a esperarte, también está el que no te consume o comparte tus ideas. ¿Es un sano balance?

-Por supuesto y qué bueno que así es. ¡Imaginate ser Messi! Que sea unánime lo que se piensa de vos, una locura. De esa contradicción, que te amen y te odien con o sin motivo, también se forja una personalidad artística. Yo no soy sólo los que creen que soy un ángel caído del cielo, cosa que por supuesto no es cierta, y tampoco soy todo eso que dicen quienes quieren denigrarme. Soy todo eso que está en el medio y que demuestro con lo que hago y con lo que digo.

Y elocuente hasta el final, cierra con un dato de esos que sólo sus auténticos seguidores o protagonistas de su niñez pre-Cris Morena reconocerían. “No soy Messi. Pero, ¿quién no quisiera jugar a la pelota así? Era mi sueño. Yo quería ser futbolista. No se me dio. Mi viejo era profesor de fútbol y yo me metía en sus clases porque quería jugar, y jugaba muy bien, la verdad. Medio cholito… Pero eran otras épocas. Como hablábamos antes, no se me permitió. Me puse a actuar muy chiquita y ya fue”.

Sabrina Galante/Especial para Clarín

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