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Habla Emiliano Lezcano, el del triple de aro a aro que deliró al Etchart

Habla Emiliano Lezcano, el del triple de aro a aro que deliró al Etchart

Faltaba medio segundo para el final del tercer partido de la serie entre Ferro y Boca por los cuartos de final de la Liga Nacional de basquetbol. Emiliano Lezcano recibió y lanzó un triple imposible. La pelota viajó casi 30 metros y fue derecho al aro. Entró limpita y atravesó la red. Y desató el delirio en Caballito. El se agarró la cabeza sin terminar de creer lo que acababa de pasar. En un segundo el pibe tucumano que la viene remando desde abajo pasó del anonimato al amor eterno de una hinchada.

“No festejo, me quedo quieto y ahí vino todo el mundo; me aplastaron y me empecé a asustar porque pensé que me iba a morir”, cuenta Lezcano, el héroe inesperado que, con ese bombazo, selló el 76 a 73 y el 2 a 1 en el duelo al mejor de cinco partidos. Hoy en el Héctor Etchart se jugará el cuarto episodio de la serie.

Desde que tiene memoria Lezcano vive con una pelota de basquetbol bajo el brazo. Nació en Tafí Viejo donde su infancia transcurrió entre el club de enfrente de su casa y el olor a imprenta. “Empecé a jugar a los 5 años», le cuenta a Clarín quien, con 24 años, es una de las revelaciones de Ferro en la Liga Nacional. Creció en una familia trabajadora. Su mamá, en una librería, y su papá, con la imprenta, hacían malabares para que a sus cuatro hijos no les faltara nada. «Mis viejos se rompieron el lomo para que pudiéramos tener un par de zapatillas y comer a la noche; por ahí a veces no alcanzaba porque éramos seis y mi mamá y mi papá no comían para que comiéramos nosotros. Una enseñanza de vida», revela el joven.

A los 17 años dejó todo para probar suerte en Córdoba, en Ameghino de Villa María. Lejos de su familia aprendió a convivir con la soledad y a encontrar en el basquetbol su refugio. «Si yo quería ser jugador me tenía que ir de Tucumán», dice Lezcano.

Luego aterrizó en Caballito. Y aunque tuvo un paréntesis y una experiencia en Venezuela, ahí encontró su oportunidad y hace apenas unas horas se convirtió en un héroe: el triple desde una larguísima distancia -27 metros- lo convirtió en un personaje y lo colocó en el centro de todas las miradas. Pero detrás de ese tiro hay mucho más que una jugada viral; hay una historia de esfuerzo de un pibe que juega hasta que no le queda una gota de transpiración.

-¿Siempre jugaste al basquetbol o realizaste otro deporte?

-Siempre. Tengo una hermana más grande y dos hermanos, todos basquetbolistas al principio, pero mi hermana se inclinó más por el cestobol y quería que le fuera a dar una mano a su equipo así que a veces jugaba el cesto. Después intenté jugar al fútbol porque todos mis amigos jugaban, pero no era lo mío.

-¿Cómo llegaste a Ferro?

-Con Ameghino llegamos a las finales de la Liga Argentina por el ascenso contra Zarate Basquet, perdimos en el quinto juego y me vinieron a buscar. Necesitaba en mi carrera ese salto de calidad a la Liga Nacional. Cuando apareció la posibilidad estaba nervioso, ansioso porque no conocía la ciudad. Vengo de Tafí Viejo y de Villa María que son ciudades muy tranquilas. Cuando llegué a Caballito me daba cosa salir a la calle en la hora pico porque el movimiento y el estilo de vida que se lleva en Buenos Aires es muy fuerte, muy rápido. Ahora ya estoy acostumbrado.

-¿Y con qué club te encontraste?

-La magnitud del club es enorme. Hay mucha gente. Fue diferente, fuerte entrar por primera vez y creo que no se pierde eso de que fue tres veces campeón de la Liga. Y el estadio es mítico. La verdad que es increíble.

No hace falta que Lezcano sea hincha de Ferro desde la cuna para entender qué significa ponerse esa camiseta. “Juego hasta que no me queda una gota de sudor”, se presenta. Se define intenso, rápido, defensivo, el tipo de jugador que se entrega sin reservas. Su misión, explica, es simple pero poderosa: que la gente que va a la cancha se vuelva a su casa sabiendo que dejó todo.

-¿Practicás el tiro que te salió?

-No. Por ahí con dos o tres compañeros tiramos boludeces de aro a aro, pero no la metemos nunca. Salió porque tuvo que salir: meto triples, pero de más cerca, porque de aro a aro es imposible.

-¿Qué se te cruzó por la mente cuando la pelota entró?

-La verdad que no me acuerdo. Veo que la pelota iba derecha y pensé que no iba a llegar al aro. Cuando entró me agarré la cabeza, miré la tribuna y no lo festejé. Les pregunté a mis que compañeros si ellos habían visto si había valido o no pero una vez que marcó el árbitro que valía el triple, ahí empecé a gritar, a saltar, a todo…

-La gente explotó de felicidad.

-Sí, estaba emocionada. Se me acercaba y me decía cosas muy lindas, fuertes, personales. Todo es para ellos, para los hinchas que siempre nos aportan. Me decían: “Le devolviste la felicidad a la gente de Ferro”. La gente necesitaba algo así. Fue un momento lindo y me parece que toda la gente se lo va a llevar para siempre.

-¿Tu familia te llamó?

-Sí, mi papá, mi mamá y mis hermanos. Estaban emocionados, contentos sobre todo pero me dijeron que ya está, que la metí y que esas cosas se consiguen con humildad y que tengo que seguir como siempre fui, con los pies sobre la tierra ….

Lezcano estudia Inteligencia artificial y le gusta jugar al Fortnite con sus compañeros. Sueña con recorrer el mundo con el basquetbol. “Me gustaría jugar en Europa, conocer otras culturas, viajar siendo deportista”, dice. Y sueña con otro tiro imposible.

María Florencia Miozzo/Clarín-Deportes

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