
Guido Andreozzi tuvo una aceptable carrera como singlista. Incansable laburador del tenis, ganó nueve títulos challenger, se dio el gusto de jugar los cuatro Grand Slams (su mejor resultado, la segunda ronda de Roland Garros 2018) y alcanzó el 70° escalón del ranking mundial en enero de 2019. Pero a fines de ese año, en su mejor momento, sufrió una lesión en el hombro derecho que lo obligó a pasar por el quirófano. Volvió, aunque ya no fue el mismo. Sin buenos resultados y con menos motivación, sintió que era el momento de parar. Y se retiró: estuvo seis meses “completamente aislado y sin expectativas de volver”, contó. Sin embargo, la pasión por su deporte nunca se apagó y a fines de 2022 se dio una oportunidad más.
Tras un encuentro inesperado con Gastón Etlis, uno de los últimos entrenadores de su etapa de singlista, decidió apostar por el dobles. La jugada le salió muy bien y a los 34 años está 16° del mundo en esa especialidad y ya tiene un título de Masters 1000 tras coronarse junto al francés Manuel Guinard en Indian Wells. Y disfruta muchísimo su segunda carrera con la raqueta.
“En los seis u ocho meses previos a retirarme del single no estaba disfrutando del todo; entonces no tenía tan buenos resultados y económicamente no me servía. Y dije: ‘Hasta acá llegué’. Me retiré, pero después de un tiempo, de casualidad tuve una charla con Gastón y hablamos de volver con nuevos objetivos en una nueva especialidad”, le relató Andreozzi a Clarín.
“Estaba satisfecho con lo que había hecho como singlista, no tenía cosas pendientes o arrepentimientos. Entonces, cuando volví con el dobles arrancó una etapa completamente distinta. Fue empezar otra carrera, básicamente. Y creo que la estoy disfrutando más todavía porque soy más grande y tengo más experiencia”, agregó quien en el arranque de la gira europea de polvo de ladrillo alcanzó con Guinard las semifinales del Masters 1000 de Montecarlo y los cuartos de final del ATP 500 de Barcelona.
-¿Por qué disfrutás más?
-Cuando era más chico sentía una presión constante de resultados, de rankings, de temas económicos, sobre todo cuando recién arranqué; de comparaciones con los demás. Todo era más difícil y se vivía más en una burbuja que no me permitía disfrutar del todo. Tenía momentos en los que sí disfrutaba, pero después tenía dos o tres meses en los que estaba demasiado encerrado en presiones y no veía con claridad. Hoy, con otra experiencia y viéndolo de otra manera, disfruto mucho más el circuito. En cada torneo al que voy la paso bien, intento dar lo mejor. Si no se dan los resultados, obviamente algo de frustración hay, pero de otra manera.
-¿Cómo fue aquella charla con Etlis?
-El fue mi anteúltimo entrenador como singlista y creo que le quedó una espinita por la forma en la que había terminado mi carrera. Yo había tenido muy buenos 2018 y 2019, después tuve la operación y el año en el que volví no fue muy bueno en general por un montón de cosas. Me parece que él sentía que por ahí todavía tenía más para darle al tenis. Me habló por ese lado. El sabía que el tenis me encanta; entonces me dijo de encontrarle una motivación en el dobles, volver a ponerme nuevos objetivos. Y como en ese momento él entrenaba a Guillermo Durán también y todos teníamos una buena relación, me dijo de hacer equipo todos juntos. Así que fue regresar con algo armado, entre amigos y poniéndonos lindos objetivos. Gastón sabía que yo en el fondo tenía todavía esa chispa del tenis y la competencia.
-¿Al principio fuiste con cautela o te animaste a poner de entrada la vara bien alta?
-Desde el primer momento me puse muy buenas metas. Porque yo estuve mucho tiempo en el circuito con el single y había vivido muchas cosas buenas y otras no tan buenas. Y cuando decidí volver con el dobles me dije: “Si lo hago, voy a intentar hacer lo mejor posible, soñar alto e ir por grandes objetivos”. Obviamente tenés la incertidumbre de que en un deporte de alto rendimiento no sabés con seguridad hasta dónde vas a llegar. Pero acá estoy: en la lucha.
-¿Tuviste que aprender a jugar otro tenis?
-Totalmente. El dobles es mucho más dinámico. Es saque y una, dos o tres pelotas; no hay demasiados rallies. Y es muy importante la elección, el armado de la jugada y el porcentaje. En cierto modo, es un poco más matemático. Es ir siempre por la mayor efectividad posible y ver qué tan efectiva es determinada jugada comparada con otra. En single hay más peloteo, podés tirar más pelotas centrales. Y hay una presión diferente. Podés por ahí cuidar un poquito, tratar de no errar, ver qué hace el otro, quizá hasta ceder la iniciativa dependiendo de la etapa del partido. En el dobles la iniciativa es muy importante, tenés que ir más por tu jugada, ser un poco más agresivo, enfocarte mucho en tu juego.
-¿Qué pudiste “reciclar” de tu etapa de singlista y qué aspectos del juego nuevos desarrollaste?
-Hay dos estilos de doblista. El clásico es el que hace mucho saque y red y es más débil en la línea de fondo. Y después está el otro estilo, el mío y de otros jugadores que vienen desde el single, que tienen golpes muy buenos y van adaptando cosas del dobles a su juego. Yo creo que tengo una derecha buena, agresiva, y con el revés y el saque, que desarrollé jugando mucho single, marco en general diferencia desde el fondo de la cancha ante la mayoría. Pero poco a poco voy incorporando lo otro para ser un jugador cada vez más completo. Todo lo que es posicionamiento en la red, la técnica en la volea, la elección de las jugadas, cómo armarlas, cómo usar a mi compañero, fueron cosas nuevas en las que considero que evolucioné mucho a lo largo de los años. Y a medida que voy mejorando eso me voy haciendo cada vez un mejor jugador.
-¿Fue fácil empezar a jugar y a confiar en un compañero?
-Ese fue uno de los cambios más importantes a nivel mental. Cuando jugaba single todo dependía de mí. Podía tener un buen día, un mal día, estar cansado, estar con todas las pilas del mundo y el resultado dependía de mí. En el dobles, quieras o no, es 50 y 50. Un día podés estar muy bien, tu compañero está mal y quizá se termina perdiendo el partido. O al revés: vos tenés un mal día, tu compañero no y te salva. Tenés que entender que sos un equipo, sos hermano en la cancha y lo que le pasa a uno es problema de los dos. Y entender que también somos personas y a veces te peleás con tu novia, tenés un problema y te afecta en el rendimiento y te la tenés que bancar, vos y tu compañero. Es un cambio de mentalidad muy importante.
-Ver a Horacio Zeballos, que también pasó del single al dobles con mucho éxito, ¿te dio la tranquilidad de que era posible?
-Cuando Gastón me lo propuso, me puse a pensar: ‘¿Tengo realmente chances? ¿Puedo o no puedo?’. Estaba Horacio, estaban Machi y Molto también como referentes. Con ellos tengo buena relación. Y dije: ‘Si me pongo a entrenar, a trabajar duro, a mejorar ciertos aspectos, a adaptarme al juego del dobles, creo que soy perfectamente capaz de lograrlo’. Me ayudó mucho esa confianza en mí, pero también ver lo que ellos habían hecho. Y desde que pude instalarme en el circuito ATP y empecé a compartir entrenamientos y torneos con ellos siempre estoy tratando de aprender, de ver cómo lo ven, qué intentan mejorar; estoy muy atento para absorber toda esa experiencia que ellos tienen. Porque soy muy estudioso, me gusta mucho mirar y aprender de los demás.
-Hoy sos el referente para otros chicos.
-Me gusta en el sentido que siempre trato de ayudar a quien me pide algún consejo, a los más chicos. Siempre fui muy abierto a escuchar a los demás y también a dar si alguien necesita algo. Pero todo un poco repentino. Mi mentalidad era siempre estar luchando de atrás e ir escalando, escalando, escalando. Todavía me cuesta un poco decir que soy top 20 y no caigo del todo.
Luciana Aranguiz/Clarín-Deportes
MG Radio 24 Villa Pueyrredón