
La historia no se repite, pero rima demasiado. Como si se tratase de un guión escrito. Como si fuese un mandamiento irreversible. En la ciudad de La Plata la trama, al parecer, conduce siempre al mismo desenlace. Un final inexorable en el que la alegría tiene habitualmente el mismo dueño. Y el sufrimiento también cae siempre en la misma vereda. Estudiantes, una vez más, le asestó un golpe letal a un Gimnasia que parece tener una condena perpetua al dolor. Fue un puñetazo que generó una tristeza proporcional a la ilusión que había llenado El Bosque. Un mazazo de esos que dejan heridas. Que quedan grabados en la memoria, para bien y para mal.
El León sacó a relucir la chapa de su mística y rugió con fuerza en rodeo ajeno. Enmudeció a un estadio repleto que quedó inundado en un silencio sepulcral, acaso el reflejo más elocuente de la indisimulable frustración. El equipo de Eduardo Domínguez fue rey en la casa del Lobo y llegó, con un envión anímico tremendo, a la final del Torneo Clausura. Y ahora irá por el premio mayor el sábado, cuando enfrente al Racing de Gustavo Costas en Santiago de Estero.
Después de un primer tiempo opaco, que no tuvo un dueño claro, Estudiantes lastimó justo cuando peor la pasaba. Gimnasia se le venía, sin claridad, aunque con centros y empuje. Fue en ese momento cuando Cetré aceleró a fondo y aprovechó un error garrafal de Giampaoli, quien se tropezó. El colombiano metió un centro venenoso y Palacios definió bien para sentenciar la victoria. El dueño de casa, que venía jugando un poco mejor en ese lapso del encuentro, sintió el efecto del cimbronazo, quedó mareado y la visita intentó defenderse con la pelota. El Lobo tuvo algo de reacción recién en los minutos finales, aunque Muslera y los zagueros, Núñez y González Pirez, edificaron una muralla impenetrable que supo disuadir con eficiencia absoluta los embates de un adversario que se ahogó lentamente en la resignación.
No hubo caso para Gimnasia, que en la fase regular llegó a tener la permanencia en Primera en riesgo, que tuvo una resurrección milagrosa y, tras cinco victorias consecutivas se había ilusionado con dar la vuelta olímpica, algo que sólo logró en el Campeonato de 1929 y la Copa Centenario de 1993. La gente del Lobo igual reconoció al esfuerzo y, en medio del dolor, despidió al equipo con aplausos. Pero el Bosque, lejos de estar encantado, estuvo embrujado justo ante el club de la Brujita Verón.
Estudiantes se adueñó otra vez de La Plata. No brilló, pero el equipo se fortaleció en la adversidad. Luego de perder los últimos tres partidos de la fase regular entró a los playoffs por la ventana gracias a una combinación de resultados ajenos. Y se robusteció luego de la guerra fría que su dirigencia protagonizó contra la AFA. Desde ese enfrentamiento, el León eliminó a Rosario Central (1-0), Central Córdoba (1-0) y a Gimnasia, todos en condición de visitante.
Domínguez, cuya continuidad en el club llegó a estar en duda, logró revertir el mal momento e irá por su cuarto título en el club. Hasta ahora ganó la Copa Argentina en 2023, además de la Copa de la Liga y el Trofeo de Campeones en 2024. Con agallas y temperamento, el Pincha va por más gloria. De eso, de consumar grandes gestas, sabe y mucho.
Favio Verona/ole.com.ar
MG Radio 24 Villa Pueyrredón