
El caso de Daniel Hendler es curioso: el momento de mayor parálisis del cine argentino, producto del vaciamiento del Incaa y del ataque a la cultura por parte del gobierno nacional, lo encuentra al actor de El abrazo partido con muchos proyectos a punto de florecer o ya florecidos. Actualmente, su rostro está en dos series: División Palermo (Netflix) y Los mufas (Disney +). Por otro lado, se espera con ansiedad Vieja loca, el largometraje de Martín Mauregui en el que Hendler comparte cartel con la gran Carmen Maura. En Brasil se estrenó Quase Deserto, de José Eduardo Belmonte, donde el actor uruguayo tiene un rol clave. Y espera fecha para el estreno en la Argentina de Un cabo suelto, película que lo tiene solo como director.
Es que tras Norberto apenas tarde (2010) y El candidato (2016), Hendler está construyendo paralelamente una carrera como realizador. Y en el momento en que estaba por filmar Un cabo suelto, le llegó la propuesta para 27 noches, que lo tiene como director y protagonista, y que actualmente se puede ver por la plataforma Netflix. «Es un poco una casualidad, supongo, porque además justo se están estrenando, al mismo tiempo, cosas en las que trabajé durante tres años. Este momento más bien es el momento donde se están estrenando, pero uno puede ver que hay muchísimos menos proyectos circulando y, en este momento, hay mucha gente que tiene poco trabajo o que no tiene trabajo, así que estos estrenos no reflejan esa realidad», dice el actor uruguayo a Página/12, con la claridad y la honestidad que lo caracterizan.
La trama de 27 noches gira en torno a Martha Hoffman, una excéntrica octogenaria interpretada de manera magistral por Marilú Marini; explora cuestiones familiares y sociales que resuenan a nivel macro. Esta reconocida mecenas de las artes es internada en una clínica psiquiátrica por decisión de sus hijas. La película comienza con esta intervención intrusiva, explorando los motivos ocultos detrás de la aparente preocupación filial: ¿Es esta internación una cuestión de salud mental legítima o una trama sutil para despojarla de su fortuna? Leandro Casares, perito judicial (interpretado por Hendler), es convocado para investigar el caso de Martha. A medida que el personaje profundiza en el entorno de Martha, sus hallazgos revelan una red de emociones y motivaciones que trascienden la lógica binaria de culpable o inocente. La película está basada en el libro de no ficción del mismo nombre, de Natalia Zito, que reconstruye el caso real de la artista Natalia Kohen, quien en 2005 fue internada en contra de su voluntad en un neuropsiquiátrico, a pedido de los familiares, un caso clave para impulsar la actual Ley de Salud Mental, aprobada en 2010.
«Me llamaron de la Unión de los Ríos, Agustina Llambi Campbell y Santiago Mitre para dirigir y actuar la película cuando el proyecto ya estaba encaminado, habiendo Netflix comprado los derechos del libro de Natalia Zito», cuenta Hendler en la entrevista con Página/12. «Y cuando me encontré con la historia, que no la conocía, me interesó y también me interesaba la oportunidad de dirigir esta película con esta producción. Ahí nos encaminamos con un equipo de guionistas, con Martín Mauregui y Agustina Liendo, a escribir una nueva versión de la primera adaptación que había hecho Mariano Llinás para cine del libro de no ficción de Natalia Zito», agrega Hendler sobre la génesis de 27 noches. «También hay un documental, Yo, Natalia, de Guillermina Pico, donde se puede ver al personaje real, a Natalia Kohen, que también nos sirvió de material complementario a lo que fue todo el material que nos aportaba la novela de Zito. No quería olvidarme porque está bueno y se pueden ver las pocas imágenes del personaje real».
-Se podría decir que 27 noches trabaja sobre una contradicción que es muy real: así como los padres no son los dueños de los hijos cuando son chicos, tampoco los hijos son los propietarios de los padres en su vejez, ¿no?
-Sí, me parece que está bien pensarlo en esos términos de la propiedad, y que en el caso de los adultos mayores, también se produce esto de «abuelizarlos» y, de alguna manera, quitarles la posibilidad de desear cuando ya empiezan a ser viejos, y desde la perspectiva de los hijos, con dificultades para ser autónomos. Pero claramente Martha va en contra de eso, de ese mandato, y en ningún momento está dispuesta a ceder ni un ápice de libertad.
-¿A nivel macro se podría decir que la idea un poco fue abordar la relación entre vejez y salud mental con una mirada crítica, pero sin perder cierto humor?
-Yo creo que el humor está, simplemente hay que dejarlo que aparezca, pero el humor está en todo. Me cuesta concebir meterme en este tema taponando ese humor que está ahí latente, porque de lo contrario la temática puede rondar alrededor de la salud mental, el edadismo, cuestiones de género, familiares, cuál es la familia más genuina, si la de origen o la que uno construye; en fin, todos los temas que puede haber alrededor de la película podían quedar tapados por un manto de solemnidad. Entonces, me parece que ahí es donde el humor pide salir, y que las relaciones humanas y los vínculos también son obviamente el terreno más propicio para que aparezca el humor por sí solo. No deja de ser una película de personajes y vínculos.
-Decís el tema de la solemnidad y, de algún modo, también buscaste evitar caer en el sentimentalismo que podría haber tenido una historia así.
-Sí, si tuviera que decir tres amenazas que podían acechar eran la solemnidad, la agenda, y el sentimentalismo. El sentimentalismo, que también puede estar asociado a la solemnidad, y la agenda que venga a arrasar con la humanidad de los personajes, porque era una temática que se podía imponer por sobre los personajes. Intentamos que la temática no dejara de ser un marco para contar esta historia de relaciones.
-De todos modos, la historia demuestra que en la sociedad hay inclusión para algunos y exclusión para otros.
-Sí, me interesaban especialmente esos bordes imprecisos, esos límites arbitrarios que dejan algo afuera y algo adentro, en este caso quiénes quedan dentro del marco de la salud mental, y quiénes quedan fuera de ese marco. Claramente, Martha estaba desafiando ese borde con su forma de vida, con conductas que podían ser consideradas extravagantes, pero sin un diagnóstico sencillo. De hecho, el diagnóstico que recae sobre ella, esta enfermedad frontotemporal es una enfermedad que por lo que entiendo no es tan fácil de diagnosticar, y en el caso de Martha parecía aún menos fácil.
-¿Desde el principio pensaron en Marilú Marini?
-Marilú Marini fue la primera que apareció con más fuerza como candidata para interpretar a Martha, y después nos obligamos a nosotros mismos a abrir la mirada y a pensar otras alternativas, pero volvía a aparecer Marilú como la opción más justa y, además, sabiendo ya de antemano que es una persona extraordinaria, además de una actriz estupenda. Y no hicimos más que comprobarlo, porque apenas llegó, se sacó el ropaje de leyenda en el acto y se puso a trabajar con la curiosidad y la inquietud de una persona que se está formando, siendo un monumento a la actuación.
-¿Cómo se complementaron para trabajar teniendo en cuenta que los personajes son bastante antagónicos, el de ella y el tuyo?
-El antagonismo es un terreno también fértil para generar química. Podríamos decir que, en algún sentido, pueden ser opuestos, también pueden ser complementarios, pero sobre todo son dos almas que se terminan uniendo a través de sus fisuras, de sus zonas rotas, también de una cierta soledad con la que acarrean. Más allá de la cantidad de amistades de las que se rodeaba Martha, y también de los vínculos que el propio Casares podía tener, había una zona de soledad en estos personajes que termina conectándolos. Así que me parece que ahí había un universo rico para explorar.
Los dos caminos
-¿Qué le pidió el Hendler director al Hendler actor?
-Había algo donde claramente era el director el que disponía de las directivas, y yo me salteaba ese paso de trabajar con un actor e iba a hacer lo que sabía que quería que hiciera el actor. No siempre es tan fácil porque me es más fácil actuar siendo dirigido, pero fui encontrándole la vuelta y también creo que fuimos con el equipo encontrando esa dinámica. Creo que pude finalmente también habitar las escenas, a veces también dejando al director con la mirada en el monitor y pudiendo habitar la escena ahí en el set.
-¿Entrevistaste profesionales para componer el perito judicial, o solamente salía así el personaje del guión?
-En realidad, tuvimos comunicación con un perito, pero sobre todo para cuestiones técnicas en la escritura del guión y después con muchos profesionales de la salud mental. Se fue tejiendo de a poco con los elementos técnicos que necesitábamos y con la construcción del personaje que excedía su función.
-¿Se puede decir que Martha demuestra que la vejez se puede vivir de otra manera que como una tragedia? Muchas veces se piensa la vejez como algo negativo, como algo en donde no hay posibilidades, como algo quieto, que va terminando… todo lo contrario de cómo lo piensa Martha.
-Tampoco estoy seguro si Martha no vive el componente de tragedia que efectivamente tiene la vejez. En realidad, me parece que el paso del tiempo siempre tiene algo trágico y algo de comedia al mismo tiempo, y es en esa lucha interna que uno se encuentra con el deseo y es lo que nos permite también seguir adelante y por momentos disfrutar. Y creo que Martha está en busca de eso, de darle cada vez más espacio a su deseo y no de ir lapidándolo. Y, en todo caso, hay algo que Oscar Wilde hablaba de eso y decía: «La tragedia de la vejez no es que seamos viejos, sino que somos jóvenes». Yo creo que el problema de los adultos mayores es que tienen todas las edades y que, muchas veces, llegado a un punto se los obliga a vivir en la vejez, cuando en realidad internamente también son jóvenes. Así que eso yo no sé si es una tragedia, pero sin duda es un padecimiento inevitable y es ahí donde Martha enfoca su pelea.
-A diferencia de lo que es el personaje de Marilú, ¿por qué crees que hay una falsa percepción de que en la vejez no puede haber vitalidad o proyectos?
-Me parece que a los adultos mayores se los saca de circulación porque se los quiere cuidar y, al mismo tiempo, controlar, como en el caso de Martha. Y es verdad que es una pelea que no siempre será tan fácil. Incluso a Martha, siéndole una pelea bien difícil, ella tenía recursos, posibilidades de crear sus entornos, sus universos satelitales, sus familias nuevas y mantenerse viva ante una sociedad y una familia de origen que todo el tiempo la estaba tratando de atar y de mantener bajo control. Pero me parece que, en todo caso, es una situación que debe ser común y, a veces, incluso lógica, porque es posible que haya personas mayores que estén fuera de su cauce o que no puedan ser autónomas. Ese borde es impreciso y la película no pretende tampoco determinar dónde está la verdad ahí.
-¿El valor que tiene la libertad para Martha le hace entender un poco a tu personaje que él también puede vivir más libremente, a partir de ese aprendizaje de relacionarse con ella?
-Seguramente. Yo siento que sí, que hay algo que ambos aprenden en ese vínculo, en ese trayecto en el que empiezan a compartir tiempo. Yo creo que sobre todo Casares está muy gobernado por los miedos y el miedo a conectar con el deseo. Y Martha lo enfrenta a eso más directamente. Podemos ver a este perito dando sus primeros pasos. Yo no sé si el cambio es tan rotundo, pero sí logra abrir unas puertitas ahí, soltar un poco esa baranda.
-¿Cómo imaginás que se podría lograr una sociedad que deseche el prejuicio social sobre la ancianidad?
-Esa pregunta me excede, porque además me parece que hay algo cultural muy fuerte que va más allá de reglas sociales que puedan alternarse. Me parece que hay ahí una cuestión cultural fuerte con la relación con la muerte, que al menos tenemos los occidentales y que nos cuesta entenderla como parte de la vida. Toda esa cuestión que dudo que se trate solamente de un prejuicio, creo que va por unas zonas más arraigadas y difíciles de desterrar. Pero sí creo que el caso de Martha es un buen ejemplo de una lucha contra eso, contra esas normas establecidas y que, en todo momento, está intentando sacarse ese ropaje, ese corset.
-El caso real funcionó como puntapié, se podría decir, para la nueva ley de salud mental. ¿Crees que esa ley aprobada en 2010 con gran consenso colabora para evitar que haya casos como el que aborda la película?
-También es un tema que, por ahí, me queda un poco grande, pero yo creo que este caso fue icónico en cuanto a la problemática que era la ley anterior y la posibilidad de internar compulsivamente, sin tener en cuenta la perspectiva de los derechos humanos, algo que la nueva ley no solamente abraza. En la nueva ley, llegado un caso que amerite por cierta urgencia, por riesgos inminentes, se puede también internar a alguien sin su consentimiento, pero ya no se puede sin una mediación judicial, legal, lo que también puede provocar algunas dificultades, llegado el caso en el que tienen que hacerse de urgencia algunas internaciones. Entonces, creo que es una ley que sigue en discusión. La película celebra el cambio, celebra la nueva ley porque evidentemente hacía falta, pero me parece que es una sábana corta y es imposible encontrar la ley adecuada que contemple todas las posibilidades porque evidentemente la salud mental es algo bien complejo y depende de cada caso en particular.
-¿Creés que la película estimulará el debate sobre la salud mental en la ancianidad, más allá de que vos dijiste que la película es un marco y no una bandera?
-No estoy seguro cuán concreta es la influencia de una película en la discusión de ciertos temas, pero sí creo que es en el diálogo entre las películas que se pueden ir profundizando en ciertas discusiones. Ojalá que ésta aporte algo a esa discusión.
Entrevista de Página 12/Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón