
En uno de los escenarios sorpresa del Cosquín Rock 2026 y bajo una lluvia a punto de cesar, la murga uruguaya Agarrate Catalina invita a León Gieco para hacer “El ángel de la bicicleta”, una canción que se vuelve gigante con la potencia de los coros. Luego, el trovador santafesino se cuelga la guitarra y emociona al público de todas las edades y gustos estéticos con “Solo le pido a Dios”, un himno del repertorio popular argentino y un canto a la paz mundial. Un par de horas después, en el escenario Sur, Gieco aparece en el show de Trueno para cantar “Tierra Zanta” junto al joven rapero de La Boca. De eso se tratan también los festivales: reunir públicos, conectar con el disfrute y amalgamar corazones en un mismo latir. Durante dos jornadas intensas, el tradicional festival cordobés convocó a más de noventa mil personas en el Aeródromo de Santa María de Punilla.
Uno que es experto en domar a las masas a fuerza de canciones populares y magnéticas es el rosarino Fito Páez. Durante casi una hora, el emblemático cantautor repasó en el escenario Norte sus obras más conocidas, acompañado por una banda electrizante y rockera: “11 y 6”, “El amor después del amor”, “Circo beat”, “Brillante sobre el mic”, “Ciudad de pobres corazones”, “A rodar mi vida” y “Mariposa tecknicolor” fueron algunas de las que sonaron. “Cuando vienen las canas, pasa el tiempo y tus hijos crecen, hay algo que es muy hermoso entre tanto barullo, tanta pantalla y tanta mierda, y es que me siento muy orgulloso de ser un pequeño eslabón de la cadena genética de la belleza de la música argentina”, dijo Páez antes de “Tumbas de la gloria”, fiel a su estilo de reflexionar sobre alguna idea o recordar una anécdota entre canción y canción. “Basta de mercadotecnia, volvamos a la música”, gritó antes de irse.
“Estuve esperando mucho tiempo este momento, porque es uno de los pedazos más entrañables de mi vida y mi existencia”, dijo Gustavo Cordera antes de invitar al escenario Montaña a dos de sus ex compañeros de Bersuit, Tito Verenzuela y Osky Righi, para tocar juntos “Yo tomo”, “Se viene” y “La bolsa”, que despertaron la euforia del público. Más allá de la figura polémica de Cordera, la escena del reencuentro generó un clima de sensibilidad arriba y abajo del escenario. Entre canciones propias como “Soy mi soberano” y “La bomba loca”, el cantante también repasó gemas de tiempos de La argentinidad al palo (2004), como “El viento trae una copla”, quizás de lo mejor de su cosecha. Un rato antes, en el inicio de la jornada festivalera, Beats Modernos -la banda de los músicos de Charly García: Rosario Ortega, Zorrito Von Quintiero y Fernando Samalea- convidaron a León Gieco a cantar “Pensar en nada”, “El fantasma de Canterville” y “Yo no quiero volverme tan loco”.
Antes de que se largara la primera lluvia del festival -que no duró más de una hora- y el predio se llenara de pilotos de todos los colores, tamaños y estilos, incluso algunos improvisados con bolsas, los mendocinos de Gauchito Club regaron de ritmo y baile el escenario Norte. Con tres discos publicados, el grupo ofreció una perfecta combinación de cumbia, soul, pop, funk, rumba y folklore cuyano. El rap “Papito Barloa”, la canción de amor “Encendedor” y la divertida cumbia “Onliyu” alcanzaron para ponerse al público en el bolsillo con una propuesta musical que tiene tantas influencias de Manu Chao como de YKV y Karamelo Santo.
En tanto, el escenario alternativo Paraguay, que durante el día cobijó los shows de Malandro, Gauchos Of The Pampa, Dum Chica, Six Sex y Marky Ramone, fue el espacio ideal para la propuesta intimista, folk y acústica de Devendra Banhart, que se presentó a guitarra y voz. “Un festival es un mini mundo, una oportunidad para hacer nuestras propias leyes y convivir en una fantasía. Pero lo más importante es que la ley sea crear una cultura de compasión y disfrutar lo más posible de la manera en que a cada uno le salga”, dijo el estadounidense, cuyo acento delataba sus raíces venezolanas, y largó a cantar su clásico “Carmensita”. Entre las participaciones extranjeras, la banda colombiana de pop-rock Morat entregó un show explosivo en el escenario Montaña.
En clave más zen, El Plan de la Mariposa bendijo el escenario Sur de canciones luminosas y esperanzadas, frente a un gran marco de público. Entre banderas de Uruguay y de bandas locales como Los Piojos, el grupo oriundo de Necochea abrió su set con “Túnel de la vida”, de su consagratorio disco Estado de enlace (2020), y luego repasaron todas su discografía con canciones como “Mar argentino”, “Es por ahí”, “Un mal delito entre confiar o morir” y “Oro de abeja”. “Hay veces que el mundo merece tu paz pero otras veces se merece la acción. Esta se la dediqué a alguien que conocí en un colectivo y al que le gustaba accionar”, dijo el cantante Sebastián Andersen antes de “El ángel del 152” en un guiño sobre el contexto político.
Luego, en ese mismo escenario, Divididos demostró que es una verdadera aplanadora del rock. El trío comandado por Diego Arnedo y Ricardo Mollo se tomó en serio la consigna de celebrar el rock argentino y desató uno de los primeros pogos de la tarde con versiones poderosas de “Sucio y desprolijo”, de Pappo, y “Crua chan”, de Sumo, siempre con los palillos afilados y frenéticos del baterista Catriel Ciavarella. “La historia escrita por vencedores/ No pudo hacer callar a los tambores”, cantó con fuerza Mollo en “Huelga de Amores”. Y siguieron con las que no pueden faltar: “El 38”, “Paisano de Hurlinghan”, “Par mil”, “Ala delta” y “Rasputín”.
Una de las propuestas musicales que se convirtió en un fenómeno es Airbag, la banda de los hermanos Sardelli. Después de llenar cinco River en 2025, el grupo logra conectar con las raíces del rock argentino, pero a la vez ofrecer una propuesta fresca y amigable para un público más joven. De hecho, el perfil de público de Airbag son pibas sub treinta, tal vez afines a la música de artistas como Lali y María Becerra.
Los Sardelli rockearon fuerte en temas como “Apocalipsis confort” -con fuego y todo en el escenario-, “Como un diamante”, “Solo aquí”, “No puedo olvidarte” y “Perdido”. “¡Vamos a sacar la mierda afuera!”, arengó uno de los cantantes y guitarrista Patricio Sardelli antes de “Cae el sol”.
Mientras Trueno recorría las canciones de su disco El último baile (2025) en el escenario Sur, Ysy A arremetía con un repertorio de trap puro y duro, que por momentos desataba niveles de pogo más intensos que los del rock. “¡Los quiero ver volar”, dijo varias veces el creador del El Quinto Escalón, el recordado espacio para las competencias de freestyle, que fue la plataforma de despegue para artistas del rap y el trap como Trueno, Wos, Lit Killah, Neo Pistea, Ecko, Klan y Duki, entre otros. Solo en el escenario con un beatmaker que le disparaba las pistas, el cantante y productor se emocionó al cantar “Vuelta a la luna” y provocó un temblor en las sierras cordobesas con “Tamo loco”. “Los amo, mis amores, llegué hasta acá gracias a ustedes”, se despidió Ysy A en el ocaso del festival. Con los shows de Mariano Mellino, Caras Extrañas y Louta, Cosquín Rock cerró su edición 2026 con poca lluvia, pero con una tormenta de música argentina.
Sergio Sánchez/Página 12 desde Santa María de Punilla
MG Radio 24 Villa Pueyrredón