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El Eternauta: con nada que envidiarle a las grandes producciones internacionales

El Eternauta: con nada que envidiarle a las grandes producciones internacionales

Esta es la historia de una proeza: la hazaña de haber podido adaptar la legendaria novela gráfica El Eternauta, de Héctor Germán Oesterheld, de 1957, a una serie de alta producción de Netflix. Es pasmoso ver representados en pantalla los sucesos apocalípticos que había ideado el recordado guionista de historietas en El Eternauta, un símbolo de resistencia contra la invasión extraterrestre y la opresión de todo gobierno dictatorial en la Argentina y en el mundo.

La serie fascina desde su visión total: es un antes  yun después para la ciencia ficción de la región.

¿Cuáles son sus claves? ¿Cuáles sus secretos? El Eternauta, Juan Salvo (Ricardo Darín), y sus amigos, interpretados por Marcelo Subiotto, César Troncoso y Ariel Staltari -también coguionista de la serie con su director y creador, Bruno Stagnaro, comienzan la resistencia contra las fuerzas alienígenas en medio de un partido de truco, en el presente, apenas empieza a caer una nevada mortífera sobre Buenos Aires. ¿Podrán organizarse entre ellos, y junto a otros, para sobrevivir?

El Eternauta es el relato de esta peripecia, que se despliega sin apuro a lo largo de seis episodios de gran factura visual y sonora, gracias a las innovaciones en torno a la tecnología de Virtual Production, que permitió escanear cientos de kilómetros de Buenos Aires y del Conurbano, en plena pandemia, para luego trabajar esos escenarios con software de altísimo nivel. El objetivo: simular la nevada letal y hacer creíble este relato pos apocalíptico que, desde lo técnico, no tiene nada que envidiarle a cualquier megaproducción de ciencia ficción a nivel mundial.

Aquí, Darín resalta con su entrega dramática y física, con veinte años más que el personaje original, pero el guion y la historia lo hacen ver como un hombre a la altura de su pulsión de aventuras, con un norte definido: poder, junto con su esposa, encarnada por Carla Peterson, encontrar a su hija perdida tras la nevada tóxica. ¿Qué armas y qué trajes emplearán con sagacidad criolla Juan Salvo y sus pares para caminar entre la nieve? ¿Qué descubrirán en el camino?

El Eternauta se convierte en la peripecia ya no de un héroe individual, sino de un grupo de vecinos organizados para repeler al agresor externo: personas que, de un día para el otro, se encontraron sumergidas en la saga épica de sus vidas. Un punto a favor de la serie es el recuerdo indirecto del 2001, cuando la Argentina entró en crisis terminal a nivel político, económico y social. ¿La sociedad aprendió algo de tantas dolencias del pasado? La pregunta por la solidaridad colectiva subyace a El Eternauta.

Y la respuesta está a la vista. Al contrastar las actitudes de vecinos empáticos ante la crisis con las de otros más egoístas, la serie hace un alerta, sin bajar línea, acerca de las heridas abiertas en la comunidad argentina. Juan Salvo, espejo moral de este relato, y sus amigos, con dudas y temores no menos importantes, caen en la cuenta de que el peor enemigo no reside en el espacio exterior: el peligro anida cuando se desconfía del otro y se le quiere quitar lo poco que le queda.

Los seis episodios administran con equilibrio sus tensiones narrativas y saben elevar la tensión a la par de sus revelaciones. Darín está ideal como Juan Salvo, y, si bien no todos los actores y actrices despliegan el mismo nivel interpretativo (se oyen frases entonadas con disparidad y algunos diálogos acartonados), el resultado final es más que satisfactorio en la mayoría de las escenas. La historia y su ambición prevalecen en El Eternauta.

Asombra ver caer la nevada tóxica sobre Buenos Aires y captar sus efectos en miles de cuerpos a la intemperie. Enternece descubrir cómo los que eludieron los copos mortales se organizaron para persistir. Y gratifica comprobar cómo se logró este producto sin comparaciones, a nivel digital, en la industria audiovisual de nuestro país.

Patricio Féminis/Especial para Clarín

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