
El paso del tiempo es mucho mas que un generador de arrugas. Es también la posibilidad de construir y afianzar vínculos. Bien saben de eso Carla Peterson y Nancy Dupláa, las actrices que se conocieron hace 31 años por haberse cruzado en Montaña rusa, la recordada novela juvenil del primer lustro de la década del ‘90. Un primer vínculo, casi adolescente, que luego iba a profundizarse 23 años después como protagonistas de 100 días para enamorarse y que ahora termina de consolidarse al frente de El tiempo de las moscas, la serie que Netflix estrena este jueves 1 de enero. Una ficción en la que, justamente, interpretan a dos mujeres a las que el tiempo tras las rejas las cruzó y la necesidad de ser libres las reunió en una amistad entrañable y necesaria para su reinserción social. “Es una serie que nos enriquece a todos”, afirman las protagonistas.
Tras las adaptaciones de El reino y Las maldiciones, Netflix vuelve a confiar en Claudia Piñeiro para trasladar sus libros al audiovisual. En este caso, la producción lleva a una misma miniserie las novelas Tuya y El tiempo de las moscas, bajo la dirección a cuatro manos de Ana Katz (Una novia errante, El juego de la silla, Sueño Florianópolis) y Benjamín Naishtat (Rojo, Puan, etcétera). La trama cuenta la historia de Inés (Peterson) y de “La manca” (Dupláa), quienes se conocieron en la cárcel mientras cumplían sus condenas por delitos muy distintos, provenientes incluso de alejadas clases sociales, y que sin embargo construyeron una estrecha relación que las hermana una vez recuperada la libertad. La amistad, la sororidad, la resiliencia y las dificultades para reinsertarse a la vida laboral son algunos de los temas que sobrevuelan una trama que combina humor, emocionalidad, dilema moral y hasta aventura femenina, donde la tensión va in crescendo.
“¡No puedo creer que hayan pasado más de 30 años de aquella temporada de teatro en vacaciones de invierno que hicimos con Carluchi!”, se sorprende Dupláa al recordar el tiempo que transcurrió desde aquél primer encuentro. “Éramos muy chicas, mejor no contar los años que pasaron”, agrega Peterson, también incrédula. “Fue una experiencia muy linda, al punto que después me pasaron dos cosas muy locas con Carla, que marcaron el vínculo. Una vez me la encontré en un supermercado, yo entrando embarazada de Luca y ella saliendo. Y años después me la volví a encontrar en un súper y también estaba embarazada, pero de Morena. Increíble que me la haya encontrado en esos dos momentos tan importantes en mi vida y en el mismo lugar.”
-Era un buen augurio.
Carla Peterson: -Siempre nos quisimos. Después nos volvimos a juntar para hacer 100 días para enamorarse. Y ahora cuando nos llamaron para esta serie lo sentimos como un regalo imposible. Después de 100 días…, que fue un éxito, siempre pensábamos cuándo nos íbamos a volver a juntar. Y creíamos que no iba a volver a pasar. Pero acá estamos.
Nancy Dupláa: -Sí, tenemos buena energía laburando. Después cada una tiene su vida, sus amistades, sus cosas, pero tenemos un vínculo fuerte, siempre desde la alegría. Y ahora que volvimos a laburar juntas sentimos como que el tiempo no pasara: el cariño y las risas se mantienen.
Thelma & Louise argentas
-¿Cómo definirían a El tiempo de las moscas?
C. P.: -Ahora no se encasilla tanto a las series como cuando uno elegía los VHS, donde solo había terror, drama, acción o comedia. Ahora, las series combinan varios géneros. El tiempo de las moscas tiene comedia, tiene aventura, amistad, tiene algo de novela negra. La propuesta es ofrecer una historia como si alguien te la estuviera contando, desde la cámara plantada como si estuviera metida en forma intrusiva, el relato en off que aparece… Por momentos pareciera estar metidas en una de Agatha Christie… Siempre es un riesgo trasladar una novela al audiovisual, porque con la lectura cada lector vuela con la imaginación a cualquier lugar. Nosotras y los directores también volamos, nos pusimos de acuerdo y decidimos contarla de esta manera.
N. D.: –La serie está corrida de la fórmula, tiene una cosa más transversal, más heterogénea, sin definición… Es una serie muy dinámica; en ningún momento baja la energía, aún cuando tiene cierta oscuridad por el lugar desde que vienen estas dos mujeres y todo lo que las rodea ahora que recuperaron la libertad.
-La miniserie cuenta una linda amistad femenina, mostrando esa construcción y hasta los sacrificios que hace cada una para con la otra, pero en un contexto muy particular: son dos mujeres que acaban de salir de prisión y tienen que enfrentar el mundo.
N. D.: -La inserción a la vida social de las dos es muy difícil. La inserción de estas dos mujeres que, después de todo lo que vivieron tras las rejas, tienen que salir a armar sus vidas. El servicio penitenciario no está preparado para nutrir a la gente y que puedan salir al mundo. Al contrario. Ellas tuvieron la dicha de que forjaron su amistad mientras estaban presas, que les dio un plus para afrontar el afuera.
C. P.: -Al armar el personaje, intenté tratar de entender su compartimiento, más que juzgarla. Inés, mi personaje, encontró en “La manca” la posibilidad de hacer algo con su vida. Hasta que le sucedió lo que le pasó, ella nunca había elegido qué hacer ni había conocido el amor. Fue madre muy joven, se casó de grande, con una madre en la que no se reconocía… Tenía una vida que no quería. Inés es más cercana a la que salió de prisión, que a la vida que perdió. La vida que perdió por lo que hizo le dio la libertad para poder ser ella.
N. D.: –Muchas veces para que los grandes cambios sucedan en la vida tenés que pasar por tempestades. Hay gente que le cuesta más, que le lleva más tiempo, y hay gente a la que le resultan más fáciles las cosas. Nosotras, por ejemplo, tenemos buena estrella. Inés tuvo que pasar con todo eso para generar la gran transformación de su vida, porque sale de la prisión siendo otra mujer.
-Pero al salir de la cárcel encuentra en “la manca” un vínculo genuino, real.
C. P.: –Las amistades se eligen y se construyen. Y ellas son producto de esas dos cosas. Ser amiga de alguien es una decisión.
N. D.: -Es un vínculo genuino, en el que cada una despierta a la otra, se hacen crecer mutuamente. “La manca” la instiga a ella a que no actúe por impulso, que baje la locura, e Inés la insta a tratarse, a curarse, a hacer algo por ella… Es una historia que crece cuando ellas se vinculan. No son escenas muy largas, son muy dinámicas, en la que con dos o tres intercambios de palabras el espectador ya sabe lo que le pasan a estas dos. En lo personal, me gusta mucho vernos, como que damos dos cosas bien distintas. Y eso que no estamos en nuestras mejores condiciones…
-Hay mucha exposición de ustedes, en el sentido de que salen a escena sin maquillaje o maquilladas para subrayar sus facciones reales y no ocultarlas. ¿Cómo fue ese proceso?
N. D.: -¡Y a los 50 años! Que es una edad donde no todos tienen la suerte de que te sigan llamando para hacer cosas que nos gustan. Somos dos privilegiadas. No nos exigen ser más jóvenes, sino que tiene que ver con con la edad y con la experiencia que tenemos. No podían ser dos presas con pestañas postizas…
-Pero sucede…
N. D.: -Pasa en el noventa por ciento de las veces, es como un juego ese de llamarnos a nosotras para ser mujeres de 50 “que estamos buenas”… ¡Es un plomo! Somos mujeres de 50 con todo lo que eso trae. Y en estas circunstancias, de dos mujeres que salen de la cárcel, sí o sí había que contarlas con esa crudeza. Aunque nos expongamos…
C. P.: – No teníamos tampoco ese problema. Somos dos actrices que nos encanta actuar. Hubiésemos querido exponernos más, lo que pasa es que por respeto al público decidimos cuidarnos algo… (risas). Para que nos sigan viendo como mujeres a las que no les pasa el tiempo… (risas). Nos gusta exponer algo de lo que somos, además de actuar. Si es para contar un personaje o una historia, adelante. Fue una decisión de los directores y de todo el equipo. Nos ponemos a disposición y jugamos. Es lo que nos gusta. Aunque estamos bastante parecidas a lo que somos, porque parecemos estar sin maquillaje (claro que lo hay), pero para mostrarnos como mujeres reales. Nos gusta transformarnos. El tema es que casi siempre nos transforman para la belleza hegemónica. Que acá nos hayan dejado ser así, está buenísimo.
-Si bien la reinserción social de alguien que estuvo privada de su libertad siempre es complejo, no pareciera que sea lo mismo para una mujer que para un hombre. De hecho, hay estadísticas que muestran que es mucho más alto el porcentaje de mujeres que acuden a las cárceles a visitar a sus parejas hombres, que al revés. ¿Cómo fue ese trabajo a la hora de interpretar a los personajes?
N. D.: -La serie retrata un poco eso, que se manifiesta fundamentalmente en la búsqueda de trabajo de Inés por todos lados, porque tiene dos años de libertad condicional y tiene que cumplir con ciertos requisitos. Quiere reinsertarse y no hay forma… El después de prisión se vive con mucha hostilidad, en una realidad que lo empeora todo. Inés tiene todas las de perder, salvo por haber encontrado a su amiga que es casi la única que la ayuda.
C. P.: –La filmación fue en el Penal 48 de San Martín y tuvimos la posibilidad de hablar con mujeres que estaban ahí y nos contaron lo duro que es estar en esa situación. Había madres con hijas, viviendo esa situación. Son historias muy duras, tanto lo que vivieron antes de llegar ahí como lo que les pasa cuando caen presas.
N. D.: -Filmar en ese lugar nos dio cierta dimensión de lo que viven las mujeres y nos empapamos de algunas de sus historias.
C. P.: -Había una mujer que la habían pasado a esa cárcel y que estaba contenta porque allí podía tener a su hija cerca… En ese horror, el amor… Nos regalaron dos corazones tejidos por ellas mismas… Fue una experiencia conmovedora.
El feminismo en la actualidad
-Es una serie que, desde los personajes principales, tiene una fuerte identidad femenina. ¿Cómo ven ustedes la inserción de la serie en este contexto argentino, con un gobierno que relativiza las desigualdades de género?
N. D.: –El feminismo es una energía que vino para quedarse, es una energía revolucionaria. Tan revolucionaria que causa mucho dolor en el medio, porque hay mucha, pero mucha, mucha, mucha resistencia al feminismo. La contra al feminismo se disfraza de muchas cosas, es una pelea que viene desde hace muchos años. La serie viene en un contexto de fervor en ese sentido, si bien puede bajar o subir, y es un fervor que hay que seguir manteniendo y alimentando. Es una batalla que está buena que se dé. Nosotras no queremos ganar ninguna batalla, sino simplemente empezar a igualar ciertas circunstancias y cierto derecho. Es oportuna la serie, porque alimenta un poco esa energía: ver que las mujeres juntas podemos hacer un montón de cosas y que la tenemos más mucho más difícil que los hombres aún hoy.
C. P.: -La serie nos enriquece a todos. Vimos un montón de veces historias de aventuras de hombres y de cárceles… Poder mostrar otro hemisferio de eso es saludable. Otra mirada, otro color. Creo que enriquece absolutamente todo, que es necesario, que es lo que hace que lo sientas más original, que sea una historia que puede ser muy parecida a otras, pero hecha y protagonizada por mujeres. Que sean mujeres las protagonistas te abren nuevas perspectivas. Contar historias de mujeres amplía la mirada.
N.D.: –El que se pone resistente con la serie por el feminismo, porque somos nosotras las actrices, que no vea la serie. Si va a ser un dolor vernos, que no la vean y listo.
La producción de ayer y la de hoy
-Ustedes nacieron y se hicieron en la vieja TV. Ahora, la plataformas -que son las que están financiando la ficción local en la actualidad- trajeron un esquema más cerrado, más parecido al cine. ¿Cómo se adaptaron a este esquema? ¿Extrañan aquello?
C. P.: -No, tengo nostalgia de aquello que viví, que sé que no se va a vivir más. Es plan nostalgia a una época que ya no existe, como un montón de cosas en este nuevo mundo. Fueron épocas relindas y que hicieron que hoy pueda estar trabajando. Este nuevo formato me hace sentir que hay una búsqueda enorme por delante. Es otra manera, que te demanda un montón tener toda esta producción previa, la planificación, que sea mucho más esquemático, pero que también nos da la posibilidad de trabajar con dos directores que no se si hubiera podido trabajar en el esquema de TV. Tampoco es que los directores filman miles y miles de películas. También podemos ahora trabajar de manera muy creativa con literatura, con la posibilidad de saber cómo empieza un personaje y cómo termina antes de comenzar a grabar.
N. D.: -Nosotras somos dos privilegiadas porque tenemos todas nuestras necesidades complacidas. La realización es excelente, porque el capital humano argentino no sé si existe en otro lado. Obviamente, uno quisiera que haya más transversalidad, más variedad y más cantidad de ficción, porque la mayoría de nuestros compañeros no están con trabajo. Eso es el resultado de muchas cosas, pero esencialmente a la poca producción que se hace. Mi nostalgia es a esa dinámica que había antes, donde nosotras dos estábamos haciendo una novela y enfrente estaba otra actriz haciendo otra y abajo actores filmando un unitario y otros una película. Se extraña ese movimiento creativo, artístico, laboral y humano impresionante. Todo el mundo estaba con trabajo.
C. P.: -Eran grandes estudios con mucho trabajo. Antes, la dinámica era más parecida a la de una familia de circo, donde estábamos todo el día juntos durante un año. Entre las cosas buenas, ahora es impresionante el alcance que tienen nuestras series. Ya no dependés de los distribuidores y la venta de la película a determinados mercados. La plataforma te lleva a todos lados, que hace que te conozcan otros públicos y después puedas trabajar con actores o directores de otros países.
Emanuel Respighi/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón