
Carlos Alfonsín volverá a pararse detrás de las bandejas este viernes 24 de abril, como parte de Círculo de sonido, el exquisito ciclo de música electrónica bailable que lleva adelante semanalmente la sala Artlab (Roseti 93), a partir de las 23. Justamente la última vez que actuó ahí, en febrero, el legendario DJ argentino sorprendió por la frescura de su comprensión de la pista de baile, al igual que por la modernidad de su estética sonora.
“Mis sets son variados. En ese ciclo, en particular, a veces me tocó abrir, y en otras ocasiones cerré con una propuesta más intensa”, explica. “Me gustan muchos estilos de música. Siempre estoy mirando y actualizándome con todo lo que sale y con lo que está por salir. Me atraen las novedades, y trato de incorporarlas. La música electrónica siempre estuvo nutriéndose de todo lo pasado, pero con sonidos nuevos”.
-Antes los estilos musicales estaban más definidos y a los DJs ni se les pasaba por la cabeza cruzar esas fronteras. Eran realmente talibanes de los géneros. Pero hoy manda el crossover. ¿Qué pasó?
-El que se enfoca en su propio mundo, no se fija en lo que está de moda o en lo que los otros escuchan. Así que tiene una visión más artística y exploratoria, y eso lo transmite. Es lo que me pasa a mí. No me siento obligado con nadie ni con nada. Creo que es algo que me caracterizó siempre. Que haya alguien que muestre las cosas que suceden en todo el mundo, más allá de lo que está de moda, es algo necesario e importante para la cultura electrónica.
-¿Surgieron géneros nuevos en la electrónica?
-Está difícil clasificarlos, hay una mezcla de muchas cosas. El minimal suena muy house, también hay un minimal muy techno. Y está el dub techno. Ahora apareció de vuelta ese electro techno que sonaba a principios de los años 90. Pero hay chicos que hacen bien los deberes e investigan. No sólo están poniendo ese beat rápido, sino que están descubriendo música de otras épocas. No doy todo por perdido, existe una camada nueva va para adelante y que sigue haciendo de la Argentina un lugar importante en el mundo de la electrónica.
-Pero ésta sigue siendo la patria del progressive house, al menos en el mainstream.
-Las escenas han ido cambiando mucho, y por ahí se pierden un poco. Creo que la gente no valora mucho. Acá tenemos muy buenos artistas que no tienen nada que envidiarle a los que vienen al país a tocar. En una época en la que la música electrónica no era tan global, los DJs que venían de afuera se sorprendían porque en Buenos Aires descubrían un montón de cosas nuevas.
-La ciudad anda empapelada con una vía pública de Spotify en la que se pregunta “qué es el under”. Para vos, que venís de ahí, ¿por dónde pasa lo ignoto o ese espacio para la experimentación?
-Hoy en día el under no es como lo era antes. Las redes provocaron que todo sea muy visible. Creo que el under pasa más por la exploración de nuevos sonidos, por ser personal y por tener un gusto musical propio. Los chicos que están empezando en esto tienen que sentir que lo de ellos es lo que realmente importa, y a partir de ahí hacer su camino. Es importante mantener ese espíritu de mover la pista, sin necesidad de poner cosas que saben que van a funcionar.
-Lo cierto es hoy existe un libre albedrío sobre el imaginario del DJ. Hasta un cura lo puede ser, tal como lo demostró el padre Guilherme Peixoto recientemente en Plaza de Mayo.
-Él se hizo medio viral en la cuarentena, aparte de que su sonido es fácil y popular. Antes para hacer eso debías tener información y herramientas, y ahora ambas son accesibles para todo el mundo. A medida que fue pasando la cuarentena, hubo mucho más interés y preocupación por la profesión, y muchos chicos se profesionalizaron. Además, tienen mucha más información que la que tuvimos nosotros cuando empezamos, y son exigentes con lo que hacen. Creo que estamos en un buen momento de la escena.
-En las plataformas digitales de música sólo se pueden encontrar algunos pocos remixes tuyos. ¿Por qué no produjiste música propia?
-En 1991 hice mis primeras producciones, con un amigo y una chica que había trabajado conmigo en cine. En ese momento era residente de El Dorado, y un día me sonó el teléfono para proponerme hacer un álbum. Era una época en la que me gustaba componer. El proyecto era tan ambicioso que el disco iba a salir a través de un sello de Nueva York e iba a incluir remixes de DJs como Junior Vásquez. Pero la disquera se declaró en quiebra, y todo quedó encajonado.
-Otro rasgo curioso de tu carrera es que la concentraste en Argentina. ¿Nunca te provocó probarte internacionalmente?
-No es que no lo haya intentado, lo que sucedió en ese momento es que estaba un poco atado a lo que decidía mi agencia. Supuestamente, mi manager recibía propuestas de las que yo no me enteraba. Pero tuve oportunidad de tocar en un montón de lugares, como Berlín, Ibiza y hasta en la Creamfields de Inglaterra.
La entrevista se desarrolla en AZ Discos, disquería que Alfonsín fundó con otro tótem de la electrónica local, Javier Zuker, y que se encuentra en frente de la entrada del Movistar Arena sobre la calle Humboldt. “El sueño de la disquería siempre lo tuve”, afirma quien alguna vez compartió su pasión por el dance floor con su formación publicitaria, al punto de que no sólo cursó la carrera con Gustavo Cerati y Zeta Bosio, sino que también aportó su talento para la estética visual de Soda Stereo. “Estuve a punto de hacerlo a fines de los 90, pero la industria venía en baja con el surgimiento de lo digital. Voy a disquerías, y no encuentro la música que busco. Cuando uno es DJ, no sólo tenés la necesidad de poner esos discos, sino de que a quien le gustó lo pueda conseguir. La disquería, además, tiene ese espíritu de encontrarte con gente para hablar de música”.
El DJ nacido en 1958, que retornará a Círculo de sonido el 29 de mayo compartiendo fecha con su colega alemán Robag Wruhme, forma parte del clan Alfonsín. Si bien en un pasado remoto hacía lo imposible para tratar de que se pusiera el foco más en su trabajo que en su abolengo, hizo las paces con su apellido. “Antes era la primera pregunta que me hacían, lo que a veces me enojaba. Luego entendí que tenía que soportarlo”, reconoce. “Mi papá era primo hermano de Raúl, y él era el padrino de mi hermano Lucas. A mis 14 o 15, era amigo de Javier, el hijo que le sigue a Ricardo. Nos veíamos en los veranos en Mar del Plata y en mi época de cine me tocó filmar la campaña”. Tomando en cuenta su linaje, frente a la consulta de si la electrónica le parece un acto político, sentencia: “Todos tenemos un DJ por dentro”.
Yumber Vera Rojas/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón