
En una escena artística cada vez más acelerada por la lógica de la novedad y el mercado, la obra de Cecilia Ivanchevich se mueve en otra frecuencia. No grita: sugiere. No ilustra: interroga. En los últimos años, la artista desarrolló un cuerpo de obra que articula tradición geométrica, pensamiento político y sensibilidad contemporánea. Desde sus intervenciones de sitio específico hasta sus investigaciones sobre el color y el lenguaje, la artista consolidó una obra que dialoga con la tradición del arte geométrico latinoamericano, esa utopía moderna que imaginó armonía desde la forma pura. Ivanchevich la recupera no como promesa de perfección sino como campo de tensiones. Como en la música que la inspira, hay pausas, silencios y contrapuntos.
Actualmente presenta Argentinismos en el ex Centro Cultural Kirchner (hoy bautizado “Palacio Libertad Domingo Faustino Sarmiento”), antigua sede del Correo Central. Se trata de una intervención de 25 metros, en vinilo. Las figuras fueron colocadas estratégicamente sobre las losas de mármol que conforman el friso de la entrada de la Sala Argentina, en el segundo subsuelo. La artista partió del complejo vocabulario arquitectónico para investigar sobre ritmos plásticos que evocan musicalidad. Allí, donde conviven conciertos de cámara, música popular y teatro, la artista despliega un sistema de figuras geométricas que parecen danzar al ritmo de una partitura invisible y juegan dinámicamente con las variaciones cromáticas de la bandera argentina. Azules, celestes, blancos y también grises, se organizan en gradaciones que evitan el estruendo y apuestan por una tensión contenida.
-¿Tiene un sentido especial para vos exponer en el Palacio de Correos y Telégrafos de Buenos Aires, esta joya arquitectónica que representa el desarrollo de las telecomunicaciones en Argentina y un prestigioso centro cultural?
-Todo el proyecto de este edificio me motiva muchísimo desde mi niñez: no sólo por la morfología majestuosa de la construcción, sino también por las historias que se condensan a través de las cartas que pasaron por aquí. Luego deja de ser la sede operativa del Correo Argentino para convertirse en un centro cultural de prestigio internacional, inaugurado en 2015, para resignificarse y contar nuevos relatos desde distintas disciplinas como las artes visuales, la música, la danza, la literatura y el cine. La música es una de mis pasiones y tuve la suerte de escuchar conciertos en esta sala en varias oportunidades. Hay una magia que se produce en la música en vivo que me interesa mucho. Ese hecho artístico sucede en un ámbito público, pero al mismo tiempo íntimo, porque es la conexión la persona con el instrumento que está tocando.
-¿Cómo relacionás las impresiones sonoras con tus trabajos de artes visuales?
-La relación no es directa, sino que en la creación de otros (los músicos) encuentro este espacio de creación propia. La música me permite esta toma de distancia que no siempre me permite la propia disciplina y me habilita a crear mi propio lenguaje. Un lenguaje enraizado con quienes lo han hecho antes. Tal vez esta forma de pensar en las filiaciones entre artistas hace menos solitaria la producción artística. Los conciertos despiertan conexiones con mi producción. Suelo escribir y realizar bocetos en estas presentaciones en vivo. Las morfologías que presento en el friso de la entrada de esta sala nacieron en parte de la visión generada escuchando música aquí.
-La arquitectura también es muy importante para el desarrollo de tu trabajo.
-Sí. Mis intervenciones son de sitio específico, trabajo pensando en las condiciones preexistentes del espacio y su historia. También la proyección hacia el futuro, relacionada con mi deseo.
-¿Cuál sería esa proyección hacia el futuro en este trabajo?
–La obra se llama Argentinismos y parto del lenguaje como una construcción cultural viva, de la forma en que nosotros hablamos como argentinos y de nuestra manera de ser. Este centro cultural que muta y se ancla en un momento en donde la Argentina se encuentra fragmentada y dividida. Si se aleja el zoom, se puede ver que todas esas fragmentaciones que constituyen la morfología de la obra, terminan formando parte de lo mismo. En la aplicación del color, la falta de vibración que se genera en esas variaciones entre azules y celestes, grises y blancos, es intencional. En nuestro país se produce mucha cultura, aun cuando los gobiernos no acompañan. Este Centro Cultural -y la ciudad en la que se encuentra-, sigue siendo fértil.
–¿Por qué elegís la geometría como lenguaje?
–Trabajo desde la tradición del arte geométrico latinoamericano -no sólo argentino-, ese momento tan potente de las vanguardias de la región. Las figuras geométricas tienen que ver con ese anhelo de perfección, ese ideal que como seres humanos está muy lejos de nuestra realidad. Desde las construcciones utópicas es que vuelvo a rescatar la geometría
-Elegís el término Argentinismos para esta obra que se podría asociar, por ejemplo, con un texto fundacional como el Martín Fierro, o con las imágenes costumbristas de Molina Campos, pero tu obra parece representar algo muy distinto.
-Relaciono ese concepto con la ciudad de Buenos Aires. Cuando uno sale a la calle se percibe una violencia sonora muy fuerte, que contraste con la situación de estar en esta sala escuchando un concierto. El encuentro colectivo y respetuoso de la cultura se opone a la agresión y la violencia. Hay que darle el espacio a las formas artísticas. Los argentinismos, en plural, proponen un matiz diferencial y de coexistencia, una forma de ser muy particular y diferente, pero que simultáneamente es parte de lo mismo. En este sentido, esta obra abstracta, que supone movimiento y proyecta esperanza, se propone como una invitación a pensar todos juntos cómo convivir mejor en un contexto tan difícil.
- La obra Argentinismos, de Cecilia Ivanchevich, está colocada en el friso de entrada de la Sala Argentina del (ex) CCK, en Sarmiento 151 y se puede ver de miércoles a domingos -y feriados-, de 14 a 20.
Mariana Gioiosa/Licenciada en curaduría y gestión de arte para Página 12
MG Radio 24 Villa Pueyrredón