
Acá son todos lobos: la mayoría son más enemigos que amigos”, repite por guion Mike Amigorena. Pero incluso en las sombras, esas que se tejen por lo bajo, el actor que interpreta a un presidente en La mente del poder sigue siendo blanco de adversarios invisibles. Como la gran Elena Roger, su colega circunstancial de entrevista, pero enemiga encubierta en el thriller psicológico de ocho episodios que se estrenó anoche en TNT y desde hoy está disponible completo en Flow.
“Soy la que tiene el poder invisible, que él no ve. Pero en la serie no hay buenos ni malos”, dice la artista coronada de hitos teatrales y reestrenos en puerta, que interpreta un papel dominante y manipulador.
Pero esa atmósfera oscura, creación de Nicolás Mellino y Pablo Flores con dirección de Mariano Hueter (que tiene en su trío protagónico a Diego Velázquez y a Eleonora Wexler como primera dama, además de Michel Noher) difiere con la postal del día, donde ya de civiles -Elena engamada en la sobriedad del negro y Mike presumiendo mocasines de moda con pantalón verde oliva- se actualizan cruzando risas y rondas de café.
Entre verdades en voz alta -como el intento fallido de hacer terapia sin resultados “una vez en la vida” de Roger o la sensación de sentirse un outsider de las redes de Amigorenala dupla que no se cruzó en set pero devuelve cercanía explica: “Somos amigos hace un montón. Casi familia”.
-¿No se cruzaron ni entre pasillos?
Amigorena: -¡Tampoco! Todavía no tuve el gusto de trabajar con Elena.
Roger: -Ni siquiera estuvimos en la misma locación, nada. Pero nos conocemos mucho. De hecho, mi pareja (NdeR: el actor Mariano Torre) es amigo de él de toda la vida.
-El tuyo, Mike, es de esos papeles que por su estructura y rigidez no permite correrse tanto de los márgenes. ¿Lo padeciste?
Amigorena: -No lo padecí. Pero al estar acostumbrado a hacer reír e improvisar, fue un desafío. Una persona que no puede correrse o equivocarse, que habla de una manera muy particular. Representar poder. Inspirar poder sin empujarlo. Pero lo más difícil es la neutralidad. Ser neutro y transmitir. Ese es mi único miedo. Correr el riesgo de no comunicar.
-Elena es tu antagonista, pero sin llegar a ser la villana porque existen los grises, como en la vida y sobre todo en la política.
Roger: -No hay malos ni buenos. Me encanta porque muestra cuántos poderes hay alrededor de un presidente. No necesariamente el poder está en él, aunque él lo crea. ¡La manipulación!
-Tu personaje cumple un poco esa función porque opera desde afuera, manipulando su psiquis.
Roger: -Todo el tiempo se está moviendo un poder en el ámbito social. Y no es que tengo poder sobre él, sino que en realidad tengo poder sobre Marcos (NdeR: el terapeuta de Amigorena, interpretado por Diego Velázquez).
-Rodaron muy cerca de la asunción de Javier Milei y, curiosamente, este presidente es otro outsider que tampoco tuvo historia política.
Amigorena: -Debe ser recomplejo de imitar porque es tanto lo incorrecto en su comportamiento… Pero es un proyecto prepandémico. Cuando íbamos filmando decíamos: “¡Mirá lo que está pasando!”. Pero esto es ficción, aunque haya un paralelismo. No está inspirado.
De hecho, medirse el traje político le valió al actor y performer la figura de un coach de apoyo, para desmenuzar de cerca discursos de múltiples mandatarios del mundo. “Aunque eso no me atrajo nunca de nadie. Tal vez, de algún actor recibiendo un premio, pero no reparo tanto en eso”, admite exagerando su sonrisa en las fotos pactadas con Clarín. La razón: “Tengo que dar presidente”.
-¿Un presidente argentino o extranjero?
Amigorena: -Vi videos de Obama, que me vuelve loco. Pero no daba imitarlo porque no condice con la psicología del personaje ni las circunstancias. Me basé en Clinton, en Macron, en Boric, en Bush hijo, pero en sus discursos. Para la vida, junto al director, lo amoldábamos.
Roger: -Es imaginación de la intimidad del presidente, porque, ¿quién sabe cuál es la intimidad del presidente?
Amigorena: -Bueno, ahora sí ya lo sabemos… (ríen)
Roger: -Es cierto: ahora ya lo sabemos, pero cuando filmamos no sabíamos.
-El gancho que envuelve la trama ya genera cierto morbo. ¿Quién no quisiera espiar las sesiones de terapia de un presidente?
Roger: -Nunca se ha hablado del terapeuta de un presidente. Yo no he ido al psicólogo (luego dirá que tuvo un intento), pero por gente que me cuenta sesiones, a veces no es tan acertado lo que dice. No es Dios. Y acá pasa eso: él cree en su psicólogo, pero…
Amigorena: -¿Viste esa gente que dice: hace diez años que voy? Imaginate un impermanente como yo, que voy a cuatro o cinco sesiones. Es como un taller mecánico. Que llevás el auto y te vas. No vas la otra semana al taller, porque no tenés nada. Fui muchas veces a terapia. Y el último se me murió, una cosa hermosa. Pero eran diez sesiones en total y ya está …. Si no empezás a hablar boludeces.
-¿Cómo es estrenar en un marco hostil en el país para la ficción con recortes a la cultura?
Roger: -Hacer es lo mejor que podemos hacer en contra de las adversidades. Y está bien, fuimos privilegiados de poder filmar esto. Pero hay que hacer y apoyar a la ficción, estar y generar, donde sea. Argentina siempre tiene crisis, sin embargo en la cartelera teatral no parás de ver la inmensa lista. Tenemos un motor adentro. El argentino mueve. Y mientras nosotros creamos en que moviendo seguimos generando sin parar esa máquina interna, ninguna crisis nos va a reventar.
-Series como Envidiosa, con el espíritu de los buenos unitarios de Polka, volvieron a entrar a las casas como las ficciones de antes. ¿Hay algo de la cultura de esa tele que tal vez no está del todo perdida, aunque muchos la daban por enterrada?
Amigorena: -Son transiciones. Creo que Suar el año que viene va a producir, si no es que saca una tira nueva ahora. Underground va con En el barro. Lo que pasa es que en la televisión ya no se puede producir como antes. De la misma manera que no se producía en el 2012 como lo hacía Romay en el ‘88.
-Vos venís de la tira diaria.
Amigorena: -Y esa tira ya vendrá. O nos acostumbraremos a este formato. Se va reconstituyendo.
-Tu hija, Miel, te vio cantar en el escenario del Cris Morena Day. Y los tuyos, Elena, Bahía y Risco, te habrán visto muchas veces más. ¿Ahí se les mueve la estantería?
Amigorena: -¿Que tu hijo te mire? No sé. Ayer pensaba en el caso de que a mi hija me gusta llevarla a todos lados. Acá me encantaría que estuviera, pero si vos la acostumbrás a esto capaz no le copa. Es algo egoísta, porque quiero que me acompañe y creo que lo disfruta y no lo disfruta, eh. Tiene 4 años y medio. Se va con las maquilladoras que la maquillan y es feliz. Pero le decís que cante y le da vergüenza. Todavía no sé si le molesta que me pidan una foto, que no sea totalmente de ella o que no le pase a ella. Son todas conjeturas mías. Pero me mato si eso le trae problemas en el futuro.
Roger: -Hice la serie Entrelazados, de Disney, para que me viera mi hija de 11. La llevé mucho a ver obras que me gustan, más que a trabajar conmigo. Le gusta actuar. Y me dice: “Soy igual a vos”, o quiere estar vestida como yo. Pero le quiero alimentar su propio camino.
-Dicen que no hay que volver a donde uno fue feliz y vos, Elena, vas un poco contra esa corriente. Reestrenás musical en noviembre (Mina… che cosa sei?!?, en el Lola Membrives) y siempre que podés, o la gente te pide, volvés a habitar ciertos personajes.
Roger: -Es volver a jugar. Un refresh. Hice dos veces Evita, dos veces Piaf, dos veces Mina y suelo volver. Pero es una excusa para reunirnos con Valeria Ambrosio, Diego Reinhold, Gaby Goldman y los músicos que tocaron conmigo un montón desde que hice Mina… hace 20 años.
En la vereda opuesta, su colega de ficción pero no de escenas – que va por su tercer disco solista y mantiene su rutina de presentaciones gratis en geriátricos- persigue la pulsión constante de cambio. “Es la impermanencia. De no poder hacer algo mucho tiempo porque me sale mal. Y mientras más hago, tengo que soltarlo”.
-¿Hay algo a lo que no se le animen?
Amigorena: -A la política. No soy fanático de nada. Y no me gustaría defender una idea. Por la misma impermanencia.
Roger: -Yo hago política cuando digo que cuidemos el planeta o me meto en esos lugares de ecología, pero no me gusta para nada la política partidaria. No me metería ahí por nada del mundo. Creo en el cuidado y respeto. Al de al lado, como también tengo que respetar al árbol, a la vaca, a lo que sea. Esa bandera la levanto.
Amigorena: -Después de eso, hago cualquier cosa, lo que se te pase por la cabeza. ¡Imaginate, fui padre! Yo veía un niño y era: “¡No… salí!”.
-Mucha gente en redes te dice que naciste para el streaming.
Amigorena: -¡Pero nadie me llama! Yo puedo hacer cualquier cosa. Puedo salir desnudo de acá y te juro que no pasa nada.
Sabrina Galante/Especial para Clarín
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
Tu opinión es importante para nosotros. Sé la primera persona en dejar un comentario.
Empezar conversación ahora