
Hay teatralidad en la justicia y también justicia en el teatro. Hace poco se representó en Buenos Aires Hamlet, continúe, una versión de la tragedia shakespereana en la que se replicaba un tribunal para juzgar al joven príncipe por el asesinato de Polonio. En el escenario intervenían actores, actrices, jueces, abogados, fiscales y peritos de la Justicia argentina. Ahora el abogado y escritor mendocino Alejandro Poquet trae a Buenos Aires Comodoro 3,14, obra de su autoría dirigida por Graciela Lopresti e inspirada en el juicio que condenó a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner en el marco de la Causa Vialidad. El autor asegura que Comodoro 3,14 es “una obra de teatro sobre otro teatro”. La puesta construye una sátira donde jueces, fiscales, defensores e imputados transitan situaciones desopilantes en una farsa. Se presentará el viernes 28 y el sábado 29 de agosto a las 21 en Rondeman Abasto (Lavalle 3177).
Poquet –doctor en Derecho por la Universidad Nacional de Cuyo– es abogado penalista especializado en el área de criminología, se desempeñó como docente universitario –en Buenos Aires llegó a ser profesor adjunto de la cátedra de Eugenio Zaffaroni en la UBA– y asumió diversos roles como funcionario de la Justicia. Además, incursionó en literatura: su primera publicación fue un poemario, Muros y voces (Tierra Firme, 1997), su tesis doctoral Borges y la criminología (Olejnik, 2018) vinculaba el derecho con la obra de Jorge Luis Borges a partir de la violencia, y en La imaginación en el derecho penal y criminología (Ediar, 2020) dialogaba con las ciencias naturales y la física teórica.
“Me parecía que la razón jurídica estaba agotada, se repetían las soluciones binarias, faltaba creatividad. Por eso recurrí al arte. No se trata de dejar de lado la razón sino de enriquecerla. Mi objetivo era demostrar que en el derecho penal hay mucha imaginación y eso permite una mejor razón jurídica”, subraya en diálogo con Página/12.
La primera obra que escribió abordaba el Juicio a las Juntas de 1985 y estaba basada en el documental de Ulises de la Orden El Juicio. La hizo con alumnos de UNCUYO y actuó él mismo. Cuando el especialista leyó las más de 1600 páginas de la sentencia que condenaba a Cristina, se le ocurrió explorar esa causa desde las artes escénicas. “Me di cuenta de que tenía muchísimas fallas, incluso algunas cuestiones grotescas, jurídicamente hablando. ¿Cómo explicar 1600 páginas y seis años de juicio? Entendí que podía ser a través del arte para llegar a otros ámbitos, porque el proceso puede ser soporífero, todos se duermen, incluso los juristas”, admite.
Poquet menciona algunas inspiraciones como Las avispas (Aristófanes) o Los litigantes (Racine). “Aristófanes se ríe de la justicia de Atenas de su tiempo, una sociedad en guerra, corrupta, caótica. Él critica a Cleón, que es quien maneja los hilos y manda preso a Pericles. Siempre hay gente que se vende: los jurados no eran la verdad revelada por el espíritu santo, era gente interesada que cobraba tres óbolos por juzgar. Acá Cleón sería Mauricio Macri, porque es quien digita el comienzo del juicio a Cristina en 2016”.
“Los políticos creen que los problemas sociales se resuelven expandiendo el sistema penal, aumentando las penas y los poderes para la SIDE o la policía. Ese punitivismo no resuelve los problemas. En este juicio se condenó a una mujer y a un grupo de colaboradores pero la ciudadanía sigue sin saber qué pasó con la obra pública”, apunta Poquet, y señala dos grandes problemas en el proceso: por un lado, las violaciones a principios procesales y penales básicos; por otro, una dimensión estructural. “Este juicio se enmarca en una política de época en la cual la idea es derivar todo al sistema penal: es la herramienta más superficial porque no puede solucionar todos los conflictos”.
Con el propósito de explorar algunas de esas aristas, Poquet escribió la dramaturgia de lo que hoy es Comodoro 3,14. Asegura que el encuentro con Lopresti fue fundamental. El equipo se completa con Julieta Gentile (imputada), Beto Lisanti (defensor), Dardo Boggia (tribunal) y Hugo Marsala (fiscal). “El resultado es maravilloso”, dice. La obra se presentó en el Teatro Selectro y tuvo muy buena recepción del público mendocino; la próxima semana desembarcará en Buenos Aires.
–Tuviste que convertir esas 1600 páginas en una obra de teatro. ¿Qué tipo de desafíos supuso la traducción?
–Yo traté de hacer un libreto ágil. Por supuesto la participación de la directora y los actores permitió otra dinámica. Quiero remarcar que nadie inventa nada, todos formamos parte de una historia: venimos, nos vamos y dejamos algún legado o no. Todo es más fácil si uno tiene presente una tradición. Borges decía que a veces las novedades estaban en el pasado; en mi caso, encontré esas novedades en Las avispas, en Los litigantes y en el caricaturista Honoré Daumier, quien escribió un libro criticando a los abogados. Mal que me pese, la corporación de abogados también es cómplice de la mala administración de justicia. Con esos antecedentes uno se siente fortalecido: de algo tan serio y tan trágico se puede hacer una farsa, una caricatura que acentúe ciertos rasgos.
El abogado sostiene que el proceso fue “un juicio hecho para dormirse” por su volumen y su dimensión. Por eso necesitaba explicar sus complejidades de otro modo. Poquet tomó varios elementos para construir esta farsa con aires clownescos: el caos jurídico, las idas y vueltas de quienes intervinieron, los “funcionarios dormidos con los ojos abiertos”, el lío de papeles y expedientes, los extensos alegatos, las “tres toneladas de prueba” a las que aludió el diario Clarín en sus titulares.
“En la obra, el abogado defensor le dice al fiscal que en esos nueve días en los que dijo que todos los males de la Argentina eran culpa de Cristina, instigó a ejecutar el atentado. Ahí entra lo cultural. Fernando Sabag Montiel disparó porque había un contexto: era el momento del odio anti-K, las marchas en la casa de Cristina, las bolsas mortuorias y las guillotinas en Plaza de Mayo. El penalista tiene que ir al síntoma. ¿Por qué disparó Sabag Montiel? Porque durante esos días le hicieron creer que iba a pasar a la historia por agarrar un arma y disparar contra Cristina”, explica.
El rol del arte va cambiando a lo largo de la historia: a veces está en sintonía con el poder y se limita a entretener, pero en sus mejores momentos puede ser capaz de meter el dedo en la llaga e incomodar. Poquet dice que cuando el arte no se compromete, se transforma en “mero decorado”. El abogado define a la sociedad mendocina como “bastante conservadora”, pero dice que la obra instaló algunos cuestionamientos para salir del binarismo y analizar el fenómeno judicial con sus matices.
“Si el arte está bien hecho, puede conmover. Si una caricatura está lograda, saca risas de los propios fanáticos del caricaturizado. El arte tiene una potencia que no tiene la argumentación racional. Ya sabemos que la racionalidad pura terminó en el nazismo, un período en el que hubo más de 12 mil condenas a muerte por chistes contra del régimen. Esto significa que el arte llega, conmueve, te hace reír, te toca el cuerpo y te da curiosidad para entender lo que está pasando. El arte es una forma de mirar la realidad; el artista se mete en los intersticios”, concluye Poquet.
- Comodoro 3,14 se presentará el viernes 28 y el sábado 29 a las 21 en Rondeman Abasto (Lavalle 3177). Las entradas están disponibles por TuEntrada.
Laura Gómez/Página 12-Espectáculos
MG Radio 24 Villa Pueyrredón
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